| Ojos Cerrados |
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| por Funerela Slytherin | |||||||||||||||
| 02 / 2008 | |||||||||||||||
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Basado en una historia real. A Anelisse, convertida ahora en un ángel. Era la noche del viernes 21 de Diciembre del 2007.
Anelisse no era partícipe de esa conversación, ella que siempre había sido muy prudente y madura, había seguido al pie de la letra las indicaciones de sus padres: no dejes hacer de noche, de la universidad a la casa, intenta no llevar todo el dinero en algún lado, fíjate en lo que haces, no seas distraída, procura no tomar taxis tú sola, siempre regresa a casa con alguna compañerita… Sí, Anelisse siempre hizo caso a las recomendaciones de sus padres, con excepción de una: el amor. Había conocido a un chico que vivía al otro lado de la ciudad por medio del chat. Ya saben, aquellos días en que no habiendo clase, hacían uso indebido del internet para entretenerse, platicar con desconocidos de cualquier cosa, ligarlos o ganarse por lo menos un “qué guapa estás”. Así había dado con alguien que se hacía llamar Abdiel, trabajador y guapo, (qué tipazo, qué fotos se podían ver en el Messenger y en su hi5), su conversación amenizaba las horas, siempre tenía algo interesante que decir y sobre todo, esa chispa que provocaba una gran risa en quien leía sus picantes comentarios. Así, comunicándose durante un mes vía online, la reserva que pudieron haber tenido se hizo minúscula, cuando una noche del mes de abril, Anelisse le dio sin miramientos su número de móvil y aún más, el de su casa.
Abdiel le enviaba mensajes al celular, le llamaba a diario, conversaban por el Messenger o por teléfono, haciéndose cada día más íntimos, confesándose sus mutuas pasiones, al final terminaron por no aplazar lo que, desde el primer día de conocerse en el chat, pensaron que era lo adecuado: salir. Sí, citarse en alguna cafetería y compartir todo un día a solas, en la realidad de este mundo, conocerse, tocarse y…quizás, con buena suerte, convertirse en ese título que el gusto y el amor suele otorgarle a los mortales: novios. Anelisse recordaba todo esto mientras sus amigas cuchicheaban por lo bajo sobre el chico que acababa de salir del cajero de enfrente, y que al parecer le había sonreído a una de ellas. Ya la espera de su amiga no les resultaba tediosa, aunque dudosamente lo hubieran pensado o sentido de esa forma, tenían un material visual demasiado bueno, no sólo por el chico de enfrente sino porque un grupito de fresas se disponían a entrar al cine y reparaban en las faldas que todas ellas traían puestas y como se les ceñían a las caderas. Sí, las amigas de Anelisse eran en extremo superficiales, todo lo contrario a ella, por eso se había enamorado de Abdiel. Aún recordaba esa cita, cuando quedaron de verse en una estación del metro, debajo del reloj, esa originalidad que cualquier persona adicta a la red tiene. Se vieron por primera vez a los ojos y se sonrieron, quizás hubo un poco de sonrojo por parte de ella debido a su inexperiencia en conocer personas por ese medio tan moderno. Decidieron caminar por ahí, sin rumbo, quizás después y, cuando el apetito se despertara, podrían ir a comer o bien a alguna cafetería a tomar un buen café y conversar aún más. Abdiel reparó en el largo cabello de Anelisse y ella en sus grandes y expresivos ojos. Observándose mutuamente y de reojo, llegaron a conclusiones muy interesantes sobre ellos mismos. Una vez más, el internet había logrado formar una pareja. Al final del día, cuando no había más que decir, sus labios se entregaron a la silenciosa aceptación de su destino. Pero las relaciones no siempre son buenas, sobre todo cuando se ha estado mintiendo respecto a las virtudes o conductas que la persona suele tener, y así ocurrió para Anelisse.
A los dos meses el cariño empezó a desvanecerse. Él procuraba tocarla en lugares públicos, poner sus manos sobre sus senos mientras ésta platicaba con sus amigos, referirle palabras soeces cuando se ponía falda o bien preguntarle cuánto cobraría esa tarde, cada vez que algún extraño le dirigía algún piropo. Eso la alteraba, y mucho más que quisiera obligarla a acostarse con él. No había cita en la que no le dijera que ya era hora de hacerlo, que le pertenecía por derecho. No faltaban ocasiones en que no quisiera invitarle un trago, sus maneras francas y afables, cambiaron a las toscas y osadas. Anelisse decidió terminar la relación. Esa decisión no pareció gustarle a Abdiel, pero no importaba lo que él quisiera o no, lo mejor era zanjar la cuestión lo más pronto posible. Anelisse se alejó completamente de quien había sido su gran delirio. Sin embargo, Abdiel no se dio por vencido. No fueron pocos los días en que fuera a buscarla a la escuela, ni pocas las veces en que no le marcara al celular, obligándola a cambiar de número. Empezó primero con unos cuántos regalos que le hacía llegar por medio de sus amigos, después las insidiosas llamadas en la noche, los mensajes pidiéndole regresara, pero solo obtenía silencio. Harto de esto, comenzó a amenazarla. Anelisse no se inmutó, pensaba que tan sólo eran arrebatos estúpidos y que terminaría por entender. Sacudió la cabeza pensativa. De nada le servía ahora recordar esas cosas, solo conseguiría entristecerse. Retorció con fuerza y nerviosismo el tirante de la bolsa de mezclilla azul donde portaba sus cosas. Era bien cierto que Abdiel no había cedido ni un instante y continuaba mortificándola con sus llamadas o mensajes, también era cierto que nunca les había dicho la verdad a sus padres sobre esas llamadas nocturnas y mucho menos, por qué en ocasiones descolgaba el teléfono. No, no tenía caso pensar en esas cosas cuando ahora podía estar feliz. Salía con un chico de su universidad y parecía que las cosas tomaban un rumbo muy bueno. Debía olvidar y dejar de preocuparse por tonterías.
Después de que su amiga explicara la razón de su tardanza y el encuentro con Abdiel, y el porqué le pareció que no sería mala idea invitarlo a él también al cine, empezó a murmurar extrañamente con las demás chicas mirando curiosa a Anelisse. Esta no sabía si haberlo invitado era una buena idea, pero cuando este le pidió que hablaran en privado en un parque cercano, las demás chicas entraron deprisa al cine dejándolos solos, por lo cual se vio forzada a aceptar. Anelisse pensó que esa era la única forma de dejar las cosas en claro, de decirle a Abdiel que a pesar de que lo quisiera mucho y de que aún le gustara, las cosas ya no podían ni iban a funcionar. Anelisse caminaba con paso lento, explicábale mientras lo hacía que no podían regresar, que ella ya tenía otros planes en mente, que podían ser amigos y salir como tales. A lo lejos el sol comenzaba a esconderse, pronto oscurecería. Abdiel tan sólo dibujaba una sonrisa a cada una de sus palabras, hasta que Anelisse tuvo la franqueza de confesarle que salía con alguien más. Fue un terrible error. Abdiel cambió radicalmente su fisonomía y se abalanzó sobre ella. La golpeó con furia en el rostro y le gritó que siempre había sabido que era una cualquiera, pero que las cosas no le iban a salir como ella pensaba. La gente, sorprendida por los gritos y la reacción que ese chico bien parecido tenía con su novia, volteó a verlos, Abdiel dándose cuenta de esto, le cogió de la mano y la encaminó sin soltarla a la parte más desolada del parque. Cerciorándose de que nada ni nadie les seguían o podrían verlos en dicho sitio. Ahí la empujó con tal brusquedad que esta cayó al piso haciendo que su bolsa y pertenencias se desparramaran en el suelo. Con toda libertad Abdiel la llenó de improperios y golpes para luego subirse sobre ella y manosearla abriéndole la blusa y las piernas, asegurándole que solo él iba a tenerla para siempre. Anelisse intentó gritar, pero Abdiel fue más rápido para darle un puñetazo que le rompió la nariz. Anelisse pataleaba intentando zafarse del asqueroso abrazo de su ex novio, estaba completamente aterrorizada y empezaban a brotarle de los ojos claros un par de lágrimas desesperadas. De la bolsa de Anelisse que estaba a cierta distancia de ella, el celular sonaba con insistencia, quizás se trataba de alguna de sus amigas que ya había comprado los boletos para la función y se preguntaban qué tanto estarían haciendo ese par de tórtolos, o si realmente regresarían al cine. Anelisse instintivamente intento estirar el brazo para tomar su bolsa, pero Abdiel que excitadísimo y fuera de si se empeñaba en hacerla suya, se percató de lo que intentaba hacer y adueñándose del bolso tomó el celular y lo arrojó lo más lejos posible, luego fijándose en las cosas de Anelisse que yacían en el piso, buscó con la mano derecha, mientras que con la izquierda le tapaba la boca y su cuerpo la comprimía hacía abajo, una pluma azul que ya le había visto usar un par de veces y con la cual tuvo la maldita idea de herir a Anelisse. Y lo hizo. Se la enterró con fuerza en el ojo derecho. Un chorro de sangre proveniente del ojo dañado brotó con tanta fuerza que salpicó a Abdiel en la cara, pero ni siquiera la vista de su ex novia sangrante le hizo desistir. Lo que él veía era a una mujer rastrera que merecía un castigo, a su propiedad más que a su amor. Por eso, mientras Anelisse presa del dolor y el terror ya no oponía resistencia y tan sólo suplicaba que todo llegara a su final de una vez y que permaneciera viva, que por favor no la matara, Abdiel perdió total control de si mismo y de sus actos. Le quitó el brassier y la blusa de una buena vez. Le encajó los dientes en ambos senos y empezó a chuparlos enardecido, mientras una de sus manos descendía hasta la entrepierna de Anelisse y empezaba a rebuscar sus partes íntimas debajo de las pantaletas, y bajándole estas. -Menuda puta, ya te estás mojando- Gritó Abdiel mientras se sacaba el miembro abultado de su pantalón y lo dirigía hacia la vagina descubierta de Anelisse. Abdiel la poseía con furia, como siempre había querido. Anelisse tenía dificultad para respirar.
Al no obedecer las órdenes de Abdiel, este estalló en furia una vez más. Y con la misma pluma con que la había dañado una vez, volvió a enterrarla con furia en el pecho, en el cuello, en los brazos y en las piernas de Anelisse, sin detenerse mientras seguía sobre ella, gozándola contra su voluntad, robándole la vida sin que sintiera el menor remordimiento por ello. Agonizaba. Ya no había esperanza alguna de que pudiera sobrevivir, estaba muriendo, no podía moverse, y el aire se hacía más escaso a cada instante. Iba a morir tan lejos de casa, tan sola, sin poder pedir ayuda, a merced de un desgraciado que se había encaprichado con ella y que no había sido lo suficientemente hombre y maduro para respetar su decisión. Abdiel se levantó y acomodándose el pantalón satisfecho, se sentó junto a Anelisse para verla morir. Cuando esto ocurrió, levantándose con pereza, escupió al rostro de Anelisse y se marchó. Al hacerlo notó que los perros que cada noche rondaban ese parque se acercaban al cuerpo sin vida de Anelisse con intenciones de satisfacer su hambre. Abdiel nada hizo por impedirlo. A los dos días capturaron a Abdiel, él terminó por declarar que había asesinado a su novia por celos. Actualmente está en la cárcel cumpliendo con su condena. _.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-._ Me enteré de esta historia cuando algún profesor nos las refirió durante la clase. Desde ese momento he pensado en Anelisse a cada noche y en la soledad de su cadáver siendo devorado por aquellos hambrientos perros. En más de una ocasión le he dedicado mis oraciones no sólo a ella, sino a todas aquellas personas muertas por causas no naturales. Sé que ella ya no está aquí al menos en forma visible, pero sé que agradecería que su mensaje llegara a todos aquellos que quieran recibirlo: -Cuida de ti mismo.-
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Anelisse había ido con un par de amigas al cine. Habían quedado de verse tarde, como a eso de las cinco, dado que una de ellas tendría que esperar la llegada de sus padres y pedir permiso. Resultaba un poco risible que a esa altura de la vida, tuvieran que pedirlo. “23 años y rogándole permiso a papá” se burlaban las otras mientras esperaban a su amiga en la entrada del cine local.
Esa misma noche, sin hacerse esperar demasiado, Abdiel le llamó. Tenía una voz afinada y masculina que derretía al oído… su conversación por teléfono fue aún más divertida que por medio del chat. Anelisse se ruborizaba más a cada segundo y con ojos vigilantes, miraba la recámara de sus padres, esperando que estos no tuvieran la ocurrencia de ir a la sala y saber con quien hablaba, imaginándose que charlaba con una de sus amigas de las cosas de siempre: moda, tareas, conciertos y demás.
Abdiel no era ni tan simpático ni tan ocurrente como le pareció al principio, todo
O al menos eso parecía lo adecuado hasta que vio llegar a su amiga del brazo de su ex novio. Abdiel sonrió al verla.
-Muévete perra, muéveme la cola como lo haces con los otros- decía mientras la tomaba, mientras la violaba en las lejanías de aquél parque, cubierto por la oscuridad. Anelisse no se movía, con la respiración entrecortada a causa del golpe recibido en la nariz, intentaba abrir con desesperación la boca pero la mano izquierda de Abdiel se lo impedía. Estaba ahogándose. 

Comentarios (9)
se nota que tienes influencia de King. Pobre chava y todo por un capricho ahhhhhhhhh 


