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Él, Ella, un Negro y un Experto Imprimir E-Mail
por Paola Tinoco   
02 / 2008

Ella estaba presa del jet-lag, al llegar a Barcelona. Le recomendaron beber té de coca para recuperarse, pero no sirvió de nada. Seguía en ese estado sonambulesco que no le permitía dar respuestas coherentes a preguntas sencillas.

En casa, fumaba marihuana para conciliar el sueño, pero estaba en una ciudad donde el descaro para vender drogas en la calle era menor, o eso pensó. No se había atrevido a preguntar dónde podía comprarla. Él no fumaba. Un poco harto de hacer siempre lo que Ella quería, hizo poco caso del deseo de su compañera por conseguir hierba. 

La tercera noche que pasaron ahí, Ella insistió en conseguir marihuana y salieron a caminar por la Rambla. Él la acompañó con la promesa de que al día siguiente, irían a los museos. Ella aceptó de mala gana. Los museos son para turistas, dijo entre dientes.

Pensaron que sería fácil conseguir, si no marihuana al menos hachís. Ella decía que sabía identificar a los fumadores, como  a sus hermanos. Se acercó a un par de rastas veinteañeros, y los sorprendió con su pregunta. Otros dos, con tipo despreocupado, se asustaron nada más de escuchar la petición, pensando que seguramente se trataba de policías encubiertos. -Es absurdo que se asusten- pensó Ella. En realidad el hachís es lo menos peligroso que se mueve entre los jóvenes españoles, y mira qué caras ponen-. 

Recorrieron la Rambla bajando hacia el mar, y se detuvieron antes de llegar a la estatua de Colón. Unos bailarines de flamenco terminaban su show y pasaban el sombrero. Se quedaron a esperar el siguiente número y observaron que una de ellas encendía un aromático cigarro. Ella se acercó feliz de encontrar a una fumadora, y le preguntó dónde podía conseguir hachís. La bailaora le ofreció su cigarrillo. Sonriente, dijo tener un amigo y marcó un número en su teléfono celular. Habló con alguien apodado El Negro “Acércate al final de la Rambla, que tengo algo pa’ ti”. La bailaora dijo que esperaran un poco y miraran el siguiente número de flamenco.

En menos de diez minutos apareció un negro alto y serio. Saludó a los artistas y la bailaora le dijo algo en secreto. Luego se dirigió a ellos, presentó al Negro y les dijo que lo siguieran.

A pesar del recelo inicial, ambos se fueron tras el Negro, que los llevó hacia la Plaza Cataluña por donde tomaron unas calles que llevaban a otras calles más escondidas. Él empezaba a ponerse nervioso, pero Ella insistía en seguir.

Para calmar los ánimos, hicieron plática al Negro. ¿Por qué se llaman Ramblas? Si nada más es una. Porque está dividida en seis partes, respondió el Negro. La primera empieza en la Plaza Cataluña, es la Rambla Canaletes, donde está la fuente. Ahí donde les dicen a todos los turistas que si beben de esa fuente volverán a Barcelona. Si no se enferman de tifo, claro.

La broma tranquilizó a la pareja. El semblante serio del Negro desapareció y continuó hablando. El tramo que sigue es la Rambla de los Estudios, se llama así porque antes ahí había una escuela. El siguiente tramo es la Rambla de las Flores, ya habrán notado porqué. La otra es la de los Capuchinos, por el antiguo convento de frailes, y en la última parte está la rambla Santa Mónica, vestíbulo del puerto, y después la Rambla del mar… ya llegamos, es por aquí.

Entraron en un pequeñísimo bar de 5 por 6 metros, el Bamby II, donde el Negro les dijo que esperaran. Brincó sobre la barra y se metió por una puerta. Ellos pidieron una cerveza mientras tanto.

Por veinte euros el Negro consiguió, minutos más tarde, una bolita del tamaño de una goma de mascar. Él quería quejarse, pero Ella pensó que podría ser arriesgado.

El Negro los invitó a hacer un porro ahí mismo. Ya era hora de cerrar el bar y ellos podían quedarse un rato si querían. Se quedaron de buena gana, a charlar sobre la ciudad y el dueño del Bamby II, quién se presentó a ellos como un “experto en bebidas alcohólicas”, se les unió. Fumaron y bebieron cerveza hasta que el Negro propuso ir a otro sitio. Él sugirió que los llevaran a donde pudiera probar el ajenjo.

El Experto sonrió con orgullo de conocedor al escuchar aquella petición. Dijo que sabía todo sobre el Hada verde, y si no tenían inconveniente en ir a los barrios bajos, los llevaría a un sitio donde servían absenta del más puro que había. “Sin anís, ni mezclas extrañas. Con sus 18 horas reglamentarias de destilación”, dijo.

Ellos aceptaron. Salieron del Bamby II y el Experto los llevó a un tugurio al que ningún turista llegaría fácilmente. Ni siquiera tenía nombre, era un local con sillas gastadas, una mesa de billar y un baño sucio en un barrio al que llamaban la Vieja Rambla.

El cantinero era malencarado y poco servicial. Cuando Él se acercó a la barra para pedir la bebida, el otro sonrió como quién ve a un novato. Sirvió las copas requeridas pero no le dio cucharillas ni cubos de azúcar, como le habían dicho que debían servirlo. Las pidió, y el cantinero respondió sarcástico con una pregunta: ¿Acaso le acompaña Baudelaire, o Rubén Darío?, principiantes...

Algo decepcionado, regresó a la mesa a contarle al Experto lo sucedido, y éste se levantó indignado. Fue hacia la barra a reclamar y regresó con cuatro cucharillas perforadas como pequeñas coladeras, y los cubos de azúcar. El Experto mostraba sus conocimientos en absenta:

-Esto es para hacer una antorcha. Ya verán qué cosa- decía mientras colocaba las cucharillas sobre las copas- El ajenjo es una planta silvestre. Aquí se recoge en varios lugares. Éste que bebemos es del monte de Maestrazgo, donde se bebe como aperitivo y como tónico biliar- sacó una botellita color ámbar y puso algunas gotas en el terrón de azúcar, que luego encendió con una cerilla. El azúcar se caramelizó y se disolvió rápidamente. Todos bebieron los tragos incendiados, menos el Negro, que separó su copa antes que le pusieran azúcar.

El Negro interrumpió al Experto para preguntar si Él y Ella tenían una relación y Ella se adelantó a responder que no. Él confirmó la respuesta cuando el Experto lo cuestionó con la mirada.

El trato entre Él y Ella, siempre que salían de viaje, era hacerse pasar por amigos, y aceptar las aventuras sexuales que salieran en el camino. Aunque la mayoría de las veces Ella resultaba más favorecida que Él, porque en muchas ocasiones las chicas que Él trataba de seducir terminaban seducidas por Ella.

El Experto seguía contando historias sobre bebedores de absenta. -Toulouse Lautrec y Baudelaire llamaban al licor de ajenjo bebida de otoño, pero lo bebían en cualquier estación del año porque aseguraban que potenciaba su creatividad- decía con ese aire de sabelotodo que provocaba que el Negro lo imitara haciendo gestos. Ella se reía discretamente.

Después de tres copas, Él empezó a interrumpir al Experto y a mostrar su desagrado por la clara inclinación que tenía hacia su mujer. Ella lo paró en seco y le dijo que no tenía derecho a meterse. Él salió del bar furioso. El Experto fue tras Él.

El Experto dio alcance al fugitivo y le dijo que no quería tener nada con su amiga. Él se detuvo y el Experto lo abrazó. Buscó sus labios y Él no impidió el beso. Hacía mucho tiempo que no tenía contacto con un hombre y aunque prefería a las mujeres, pensaba en vengarse de Ella, que había dejado ver su interés por el Experto. El Experto propuso que fueran a su casa, pero Él pidió que lo llevara a su hotel.

Al entrar en la habitación y encender la luz, lo primero que vieron fue el oscuro trasero del Negro, que sostenía las piernas de Ella y la soltó asustado por la intromisión. Ella lo tranquilizó y le dijo que siguiera. El Negro preguntó a Él si había algún problema y Él respondió negativamente con la cabeza. El Negro se sobrepuso a la interrupción y volvió a Ella. El Experto propuso a Él ocupar un sitio al lado de ellos. Él aceptó y Ella volteaba divertida para ver cómo se desnudaban mientras el Negro la penetraba.

El Experto sacó una botella pequeña de su abrigo y una caja con azúcar y cucharilla. Dijo que tenía una reserva especial de absenta para ese momento. Deja que el hada verde nos acompañe ¿quieres?, ofreció a Él. Ambos bebieron unos sorbos y volvieron a besarse.

Las caricias iban en aumento y al final, se acostaron justo al lado de los otros. Por momentos se encontraban los ojos de Ella y Él, y Ella sonreía encantada con la situación. A Él no le simpatizaba verla con el Negro, pero le gustaba la idea de haberle ganado al Experto.

Algunas horas después, los cuatro descansaban bebiendo de la reserva del Experto. Ella pidió una copa más que el resto  y el Experto la complació. Roció generosamente el cubo de azúcar con el contenido de la botella pequeña y ambarina que guardaba en sus ropas y después sirvió absenta.

Estaba amaneciendo ya. El Experto y el Negro se despidieron. Él se dispuso a dormir y Ella hacía un rato que había cerrado los ojos.

Al salir del hotel, el Negro preguntó al Experto sobre la botellita pequeña con que rociaba el azúcar.

-Volviste a hacer tu gracia, ¿verdad?-

-Oye, oye, un experto no puede beber absenta mezclado con agua. Tiene qué ser veneno, además ya sabes que en pequeñas dosis no pasa nada-

-No empleaste una dosis pequeña en lo que le serviste a la chica-

-Acuérdate de lo que pasó la última vez-

-Ya olvídalos, Negro. Son agua pasada-.

Ambos siguieron caminando sobre el Paseo de Gracia, alejándose cada vez más del hotel de sus amigos ocasionales.

Él despertó varias horas después. La resaca lo molestaba, pero más que eso, estaba asqueado por lo sucedido la noche anterior, en su afán de competir con Ella en conquistas. Estaba harto de sus caprichos. El convenio en cada viaje, la selección de las personas con quienes intercambiarían pareja sexual, todo era siempre como ella ordenaba. Pensó que era un buen momento para tomar una decisión. Ella no se había movido desde que cerró los ojos y Él decidió no despertarla. Empacó sus cosas y le dejó una carta junto con su boleto de avión.

 

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  Comentarios (5)
Escrito por Fernanda, el 18-07-2008 17:12
muy bueno, muy delicioso
Escrito por Diego, el 01-04-2008 13:58
Muy bien amiga, muchas felicidades. ¡Nomás que no vuelvas a llamar a esos viajes \"de trabajo\"!
Escrito por Paula, el 01-04-2008 04:28
No me asustes, que no te volveré a dejar sóla por Barcelona... pero MUY bien!! Complimenti!
Escrito por alicia, el 27-02-2008 23:10
y Ella se quedo en el viaje...
Escrito por almudena, el 22-02-2008 14:12
bueno, muy muy bueno, amiga, se muere la chica por lo que entendi?
 
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