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La Apuesta Imprimir E-Mail
por Dora Moro   
02 / 2008
Dora Moro nació en Guadalajara en 1969. Es autora de los libros de poemas: La Apuesta (ed. Alforja) y Por si la Recua (ed.La Zonámbula.  Sus artículos y poemas han aparecido en revistas, suplementos y antologías nacionales e internacionales. Ha impartido neciamente cursos y talleres desde 1993 en distintas universidades, en la SOGEM y en foros independientes. Pertenece a la Red Autónoma de Talleres Literarios A.C. Viajera obstinada a festivales dentro del país y en el extranjero, perpetrando lecturas y performances para hacer circular la poesía. Actualmente también se ocupa de un proyecto llamado Teoría de la Poesía Fractal. Su hipótesis del suicidio como método seguro de publicación sigue en veremos.

 

LA APUESTA

(fragmentos)

 

 

Me obligo y hurgo en la memoria

para no perder el gobierno del recuerdo.

Herrumbrado como de por sí, todo hecho una osamenta,

acicalándome lo cobre noche adentro            

la maleza de mi juicio sufre heridas

me queda claro el momento del duelo.

Saco a luces trampa y llaga

para no arder en el olvido.

 

 

Surgió la apuesta

sobre el terreno de los desórdenes,

vorazmente de rencor guardado,

de reflejo espejo tentación brillante

musiquita del purgatorio arrastrada

golpeó en la oportunidad,

en lo mortal,

en el lote baldío de un renacimiento.

 

Me surgió de a queso

de a revólver

a ver quién se avienta primero.

No encontraba el momento del gallo gallina

de la media vuelta.

La gente ardía candelaria,

me tronaba botellas en el cráneo

y ni con quién apostarle,

ni un valiente de ruletita rusa

me quedé parado, ahí,

en medio de un siglo,

contando el parke, frustrada la maniobra.

Pregunté por el adversario

algo me dijo:

eres hombre muerto.

 

Por otra carretera busco revuelta o lanza.

Me ganas,

de a dos por tres nos subimos  a la fortuna.

 

Y eres mesa abierta

ganas de apostar en ella

de clausurarme la libertad por si el vuelo equivocado,

por si brota tu nombre en mis ojos y funda un reino en mi carácter.

 

Mezclas lo que soy

y  lo que no puedo ser

me bates,

al instante logras escultura.

No aguanto el hilo que sostiene mi estado

estado de brida-d

que me roba la morada.

Como siempre el saqueo,

el allanamiento demorada

llegando tarde

¿por qué no antes?

¿Por qué no, cuando preguntaba por alguna vocación de cuenco?

cuando no sabía de mí lo que ahora asumo,

ni de tus manos de fichera

y mi suerte se fermentaba o renacía.

 

Grillo bajo la cama

polvo que ni el salbutamol

cuchillo de palo y de jarabe los dedos.

 

Me quedo.

No sé quien la bella, ni la bestia,

me apago de a poco rinconcito escarlata

a comprender que la duda, la sed, la mentada de madre,

son espejos del pasado, custodian las ganas,

quién sabe por qué cosa o por qué mala jugada,

por mala suerte o buen tino.

 

Y luego un buche de tinto

el grito a la mamá chiquita

esa que viene y acaricia lo rojo.

Como de buena cepa            callarse

como de buena cuna             las niñas no abren las piernas.

 

¿Seguimos jugando?

 

¿Para qué apuestas si siempre pierdes?

 

Apuesto a perderte, es la única forma de ganar.

 

Crucero de dos pisos

de dos matrimonios

de dos dedos de frente

de dos sueños acéfalos

de dos y más

dedos y másmédula

de dos mil seis.

 

Pero creo en dos

y en dos busco

y en dos imagino la mesa

con su brilladero de risas

de rutas clandestinas diamantes.

Creo en dos por necio

no por fe

si no por una terca ilusión

con la mierda cotidiana enjuta sus aristas

ya me cabe entre el pulgar y el índice

va en mi bolsillo como amuleto

contra la línea recta.

 

No hay cosa más lugar común

que marchar a una tierra prometida

de luces y de juegos que ignoran las consecuencias,

nos pone de rodillas la noche,

asoma con rostros de cada norte

exhalando lamentos en puños que golpean sobre un paño verde,

sobre nunca.

 

Y Moribundo está todo lo ido,

no sabes abandonarnos aquí que sube riesgo

aquí justo

abandonarnos a ti y a mí y a lo rotundo

justo aquí donde sospecha se rompe.

 

Lo que hay entre tú y  yo

la atmósfera, la curvatura al otro lado de la cama

la pieza invisible de lo que no eres tú ni yo es la cadena,

el material impreciso con que se forma el lazo

la ida y vuelta de un par de nudos obligan a quedarse.

Quedarse: dispositivo de protección

medida de seguridad sin. Artefactoemergencia.

 

Quedarse en el viaje

en la contemplación

quedarse quieto

solo

con hambre

¿quedarse con tigo?

 

Apuesto el resto.

A estas horas

las preguntas y las respuestas se muerden la cola,

no nos sacan del recodo de esta turba

Como flores secas en la mano antes de ser entregadas

sentimientos de más extravían nuestro rumbo.

Yo sólo quería jugar a las escondidas

carcajearme de las carencias

y amasar un cuerpo.

¿para qué tanta lentejuela en este mar de espejos?

 

Guardo las fichas

me despido

de fatiga, de fuguita, de fusil.

Si la distancia nos toma de rehenes,

quiero que renazcas en este túnel de luces fenómeno

por tus muertes naturalmente aceptadas

y por todos esos secretos que no puedo repetir por respeto.

 

(Freemont Street está a dos cuadras del infierno)

 

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  Comentarios (2)
Una apuesta arriesgada
Escrito por Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla , el 02-07-2008 18:22
... pero que cumple con creces lo que promete.Una apuesta arriesgada, una poesía que deja la piel y más, las entrñas, el amor, el calor. 
Solo quería decirte querida que tu poesía es una apuesta contundente, de la cuál sales ganando con creces. 
Un abrazo
Sólo un comentario
Escrito por David Valdés Estrada, el 07-03-2008 20:52
Intentaré ir por partes para no perderme en el todo que se vuelve una máscara con demasiadas interpretaciones. Espero no se moleste demasiado mujer. 
 
Así pues, en ese transcurrir del recuerdo que finaliza justo en ese primer corte donde se realiza una tarea específica para no quedar chamuscado en el olvido. Le encuentro una garra bárbara, un cincel de palabra bastante propio. Claro, tal vez matizado por las plumas que le tatuaron frases inolvidables en el iris de sus ojos y esas cosas. Su pequeña galería de escritores inmortales pues. 
 
Muy bueno ese primer escrito. 
En verdad. 
 
Me pongo de pie, pero no por mucho tiempo, de lo contrario los de la fila de atrás me comenzarán a aventar palomitas y rechiflas por taparles la visión. 
 
Hasta pronto.
 
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