| ¡Fuchi a la UNAM! |
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| por Héctor “Anselmo” Ortega | |||||||||||
| 02 / 2008 | |||||||||||
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Pues bien, en contraparte, se encuentran aquellos que por causas variadas nunca lograron continuar con sus estudios a pesar de ser buenos estudiantes. Para muchos de ellos –aunque no les ha ido mal en la vida–, la posibilidad de retomar sus estudios se ha extinguido completamente convenciéndose que la escuela es sólo una de las rutas para acceder a cierto estilo de vida, pero que no condiciona el éxito económico de una persona. Las historias de mis ex compañeros son variadas y a lo largo de los años, ha sido grato conocer los infortunios a los que se enfrentaron para poder vivir tranquilos en esta vertiginosa sociedad. Conozco historias de quienes al ser excluidos de la escuela hicieron fortuna vendiendo aceites para carro en algún crucero de la ciudad o vendiendo discos pirata en los tianguis; están quienes apenas lograron terminar una carrera técnica y ahora tienen buenos puestos en tiendas departamentales o se lanzaron a la aventura para convertirse en pequeños empresarios; y de igual modo se encuentran aquellos que al no ingresar en la UNAM, entraron a alguna universidad privada “acorde a sus posibilidades” para obtener un poco de mayor fortuna que los otros. Pero de todos mis viejos compañeros únicamente seis o siete tuvimos la dicha de ingresar en la llamada Máxima Casa de Estudios del país, sorteando los filtros que se dice se han establecido en la institución para seleccionar a quienes ingresarán a ella. Nuestras historias han sido tan variadas como afines y para ninguno la fortuna ha sido una constante, sin embargo, al igual que los otros, no nos quejamos.
* * * Hace unos días, hurgando en los periódicos acumulados durante las pasadas vacaciones, me encontré con una nota del periódico El Universal, fechada el miércoles 2 de enero en cuyo pie de foto puede leerse: “Joven brillante desaira a la UNAM”. La historia es simple: un joven de nombre Martín Martínez Rivera, cuya mención como el mejor alumno del examen para ingresar al bachillerato el año pasado, abandonó la Preparatoria 2 de la UNAM para aceptar una oferta del director de la Nueva Escuela Tecnológica (NET), Antonio Argüelles, quien “le prometió que empresarios de la televisión, de la aviación y las industrias cervecera y papelera en México, entre otros, harán que curse una licenciatura en una institución de Estados Unidos.” De la nota se pueden señalar varios aspectos importantes, por ejemplo: 1) que los padres del notable joven no tienen los recursos suficientes para sustentar los gastos derivados de la educación de su hijo; 2) que Antonio Argüelles haya convencido al joven de abandonar la UNAM argumentando que en dicha institución sólo “iba a ser del montón”; 3) la promesa de Argüelles para que un grupo de empresarios apostaran por la educación de este joven pagándole estudios en el Instituto Tecnológico de Massachussets; 4) el compromiso de inscribirlo en un programa de inglés para lograr el dominio del idioma y así pueda emigrar al extranjero y; 5) la necesidad de insertar a los jóvenes universitarios con el mundo empresarial. Al paso de los días, tratando de sondear la nota con algunos de los conocidos, me di cuenta que muchos de ellos desconocían esta situación. Entonces, les hice llegar la nota vía correo electrónico y tras leerla algunos vieron con buenos ojos la oportunidad que le presentaban al joven Martínez para estudiar, sin embargo, ante su visto bueno pregunté si consideraban totalmente justo brindar este tipo de oportunidades a un sólo joven cuando en el país existen otros tantos como él, incluso, en condiciones mucho más desfavorables, a los que ni siquiera se le puede ayudar con una beca del gobierno. Mis cuestionamientos los hicieron titubear. Desde mi perspectiva, el punto no es que el muchacho de 15 años de edad haya dejado su lugar en la UNAM (pues ante semejante oferta, es claro que lo mismo hubiera hecho de haber ingresado al Instituto Politécnico Nacional o a cualquier Universidad pública del país), sino:
a) Que la limitada economía de las familias mexicanas siga siendo una condicionante para poder acceder a la educación. El caso de Martínez Rivera es apenas uno entre miles, pues dentro de las instituciones educativas, tanto públicas como privadas, existen jóvenes que van al día, que trabajan para sostener sus estudios, que antes que comer piensan en fotocopiar los libros que necesitan para estudiar y que ni siquiera tienen la certeza de saber si mañana podrán asistir a sus clases. b) Que ex funcionarios de la talla de Antonio Argüelles (ex Director General del CONALEP, en el sexenio de Ernesto Zedillo), utilicen argumentos tan ligeros y poco inteligentes para convencer a jovencitos de 15 años para hacerles creer que sus Nuevas Escuelas serán las que revolucionarán la educación del país. Decir que los alumnos de la UNAM son “del montón” es tener una visión sesgada de la realidad, que no parece empatar con “la nueva forma de formar mexicanos” que se pregona en la NET. Este argumento ofende no sólo a quienes están relacionados con la UNAM, sino a todos aquellos que son parte de la educación pública del país, que es pertinente decirlo, son quienes han coadyuvado en muchos casos a lograr la grandeza de las instituciones privadas. c) Que los empresarios apoyen a un joven valioso no se juzga, pero sería pertinente preguntarse cuál es el precio que este muchacho tendrá que pagar en el futuro a cambio de recibir estas dádivas. Es pertinente no perder de vista que muchos alumnos becados de instituciones privadas han pagado carísimo el precio de aceptar este tipo de oportunidades. Personalmente viví un caso con un jugador de fútbol americano que también abandonó la UNAM para irse becado a una institución privada y que debido a una lesión tuvo que abandonar sus estudios al no poder pagar lo que le facturaban. Otra pregunta sería, ¿si estos empresarios que se mencionan en la nota periodística tienen la buena disposición de ayudar a la educación del país, por qué no hacerlo desde la educación básica, aportando algo más que computadoras a las instituciones públicas? d) La educación, una de las banderas más grandes de los políticos en tiempo de elecciones sólo ha servido para ilusionar al pueblo. Fox llegó a la presidencia con la promesa de que los chiquillos y las chiquillas aprenderían computación e inglés, y es hora que muchas escuelas siguen esperando contar con instalaciones siquiera decorosas para hacer su trabajo. ¿No es hora que el idioma inglés ya sea parte de los programas de formación de los niños y jóvenes? Señores empresarios de la NET, muchos deseamos perfeccionar nuestro inglés. ¿Hay ofertas para nosotros? e) Es claro que la formación de muchas escuelas públicas y privadas deja mucho que desear. Desafortunadamente, existe una necesidad de hacer las cosas rápido y por ello han surgido escuelas casi a la par que vendedores ambulantes, que prometen formar líderes para el mundo actual. Si esto fuera cierto, si realmente estuvieran cumpliendo con la misión que vienen promoviendo desde hace ya un buen tiempo, ¿no sería hora de ver los resultados claros? Sin embargo, el país parece irse a pique arrastrando a todos al abismo.
Ante la pregunta que me hace Coggi, de que si yo hubiera aceptado la oferta de la NET, a cambio de dejar mi lugar en la UNAM, mi respuesta es contundente: ¡No! Fui afortunado de entrar en la Máxima Casa de Estudios, de aprovechar el lugar que me dieron y que otros cientos de jóvenes querían, de formarme con personas tan valiosas como diferentes, de aprender, e incluso, de pasar por los calvarios a los que la institución somete a sus alumnos, pero coincido con quienes aman a esta institución educativa ejemplar y valiosa del país: nada como estudiar en la UNAM, después de todo, nosotros sí logramos entrar a ella.
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Hace años, cuando el acceso al nivel medio superior era parte de un derecho fundamental de los jóvenes y no estaba condicionado a los resultados de un concurso, la mayoría de mis compañeros de la secundaría hicieron hasta lo imposible por ingresar a las escuelas de la UNAM. Los pocos que consiguieron su objetivo de quedarse en un Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) o en alguna Preparatoria, a estas alturas se han convertido en hombres productivos, seres de bien que se han abstenido de cometer ilícitos gravosos y que de igual forma han huido a las garras de la política, pero no por ello han sido indiferentes a la situación que se vive en su entorno.

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