| Agua clara bajo el puente |
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| por Emilia Rojas | ||||||
| 02 / 2008 | ||||||
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Av. Santa María 227. Ahí es donde está ubicado el único diario en inglés con noticias sobre Chile. En medio de un barrio que podríamos perfectamente llamar el más “top” de Santiago, en términos de diversión nocturna y lugares para comer. En medio del centro de la ciudad, cerca de los museos, del Palacio de Gobierno, de los cerros y de nuestro ya conocido Metro. Ahí mismo, donde todo es Glamour, style, onda o como quieran llamar al cosmopolita estilo de vestirse sin vergüenza. El barrio más “Hot”… el mismo donde desfilan famosas estrellas de la televisión nacional, de un extremo a otro, cruzando el puente que cubre nuestro controversial río Mapocho, la herida de muchos que piensan que esta ciudad sería tanto más bella sin él, la esperanza de todos los que esperan que algún día sea limpio y navegable, porque ahora sólo es una arteria abierta que recorre toda la ciudad con su hedor y color de chocolate, pero chocolate incomible, porque si algún día decidieras tirarte al río para suicidarte probablemente morirías antes de llegar al agua, gracias a todas las bacterias que se reproducen felices en su caudal. Ahí están las oficinas de aquel periódico que diariamente informa a los lectores de habla inglesa lo que está pasando con los senadores, los mapuches, los escolares, los comerciantes, los populares y los simples mortales en la pequeña franja ubicada al final del mundo. Justo ahí, a la altura del cemento que cubre los lechos del río y sus habitantes. Sí, porque abajo de la pasarela, abajo de todo el glamour y el style de un Santiago que se muestra contingente y a la altura de cualquier país de Europa, están los otros. Los que ya no se afectan por las infecciones de las aguas del río, los que durante el día deambulan por la ciudad buscando dinero de la manera que sea para poder inhalar pegamento durante la noche. Los que arman sus camas bajo el puente Loreto, el más ancho de todos los puentes que pueden cruzar la arteria maloliente. Los que ahí duermen, comen, ríen, toman sol, se drogan, se maltratan, lloran, sufren, hacen el amor, la guerra, los sándwiches con que se alimentan y quién sabe cuántas cosas más que se me escapan al nombrar. Ahí mismo, en el barrio más bacán, el más permisivo, porque los homosexuales son aceptados e incluso están de moda; en el barrio que lo tiene todo, tiendas, supermercados, restaurantes, cafés, cines, museos, parques, bares, discotecas, cyber cafés, moteles, bancos, librerías, fuentes de soda, artistas, el único diario en inglés y gente que todavía vive a la orilla de un río, en medio del famoso Jaguar de Latinoamérica, bajo el puente.
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