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En Buckingham Imprimir E-Mail
por Jorge Carmi   
03 / 2008

ImageEl palacio de Buckingham, residencia oficial de la monarquía británica, que en la última centuria fue cercado con el pesado tráfico Londinense y con Saint James y Green Park; un complejo de parques. Intrusos, a los que ignora hierático, en orgullo medieval.

Era mi primera vez en Londres. Mi destino final era Grecia. Escucharía el retumbar de los ecos irónicos del intelecto e imaginación de los clásicos, que convergen en disputa y amistad. Aún resuenan, si sabes escuchar.

Me atrae Inglaterra, su historia, sus  autores; no tanto así los “oriundos” imperturbables.

Me zambullí en la casa de Shakespeare, la aspiré, la palpé, me impregné de su dramaturgia. Lo imaginé en su chimenea quizás, calentando sus pies en el fogón. Ardió allí su mente apasionada y el gran bardo diseñó en ese entorno a sus malditos, quienes deleitaron nuestras mentes de lectores perversos [seamos sinceros] y conocí su tumba sellada con un verso irónico. Respiré la campiña y bebí cerveza en los jarros del ayer, en tabernas medievales. Fui súbdito en la zona antigua, en la torre de Londres me adentré en sus siniestros vericuetos, celdas y patíbulos en que rodaron cabezas de niños, dictadores e inocentes…, y de noche puse pies imprudentes en el tétrico puente de Londres.

De noche, asimismo, tomé el no menos espectral y peligroso metro, donde igual han rodado cabezas de plebeyos, y con navajas desdentadas en vez de trágicos puñales. En expiación, me impregné de un barniz de arte e intelecto en un tour por la universidad de Oxford y de jolgorio deleitoso en los Pub.  

Me quedo con los ingleses antiguos, que no con los actuales. ¡Definitivo!

Buckingham: Lo evité cuanto pude. –Sus actuales ocupantes son de pantomima- Pero consecuente –Amo y me deleita la historia inglesa, inmortalizada por escritores y pintores- enfilamos nuestros pasos al palacio de la risa [Perdón], quiero decir a Buckingham. Lo hice por cariño a los escenarios que fueron de la tragedia medieval.

Portaba mi cámara, iba a hora temprana; eludiría a la tropa de embobados americanos y la invasión [Al fin pudieron] de turistas japoneses con su ironía quieta y sus agresivas cámaras de quinta generación.

Divisé un abigarrado grupo de personas agolpado a las graves y enhiestas puertas del palacio, y que hoy, alberga las caricaturas patéticas, de lo que fue centurias atrás un centro de poder en Europa, e inspiración de dramaturgos inmortales.

El grupo de turistas, a medida que acortábamos distancia, se fue raleando. Ya en el lugar, solo restaban dos personas de extraña indumentaria, aparte de los recios guardas de Palacio de dos metros; su estatura acrecentada hasta una altura anacrónica, por los altos tacones y el gorro con penacho, rostro pétreo, uniforme impecable, no se les movía un músculo, ni siquiera cuando marciales, hacían su recorrido hasta la caseta de guardia, de proporción heroica. No se crea que son semi-dioses, hay mucha dedicación y maquillaje de por medio. Fueron seleccionados en esquema racial y adiestrados drásticamente. Lucían imbatibles. Quisiera yo, exhibieran sus atributos de utilería en una batalla de verdad. Pienso que sus recursos son los de soldaditos de plomo. Que no se sientan solos, están acompañados por los payasos del Vaticano. De semejante recia estampa, que “protegen” al Santo Padre.

Saciada mi vista y sentido de humor negro, me concentré en los dos estrambóticos  personajes que restaban solitarios, luego del retiro de los turistas. Sus vestimentas eran peculiares, como actores de la realeza en las películas de África. La muchacha de ademanes sensuales, de unos treinta años y raza africana, permanecía en actitud sumisa. El varón, él sí, que era fuera de serie. Se debatía entre la corpulencia y la obesidad, le gesticulaba con el rostro contraído al guarda, la expresión entre airado y perplejo; su cuerpo tosco acentuaba la diferencia de prestancias entrambos. El mocetón ni lo miró en tanto duró la perorata, pese al estruendo de su voz…, enrabiado, se encaminó hasta los dominios del otro soldado de la reina y lanzó el discurso que yo escuché en todo su largo, ancho y estridencia.

“Exijo una reunión con el Rey, mi par. Soy un Rey en África, y mi estirpe es tan noble y más antigua que la suya” [El grabado superior izquierdo, es la foto que le tomé].

Obtuvo silencio por respuesta. Era imposible que el campeón de la Reina le respondiera. Si a mí, que tengo apenas el rostro “café de latino” y no extremado a negro, el inglés común, si es que los hay -e imagino que es costumbre de los súbditos de esa magna nación- cuando pregunto por una dirección, que arrisquen su ya elevada nariz, sus ojos se tornen traslúcidos, su boca se adelgace más, si cabe, y continúan su camino, impertérritos.

Se dirigió entonces al aire, o a mí, o a su tristeza. No estoy seguro. Yo, que escucho a cualquiera y más a un Rey y especialmente a un Rey en plena tragedia, le presté atención y mucho de mi simpatía. Estábamos inmersos en el drama Shakesperiano. Mi esposa se divertía a costa mía, y de la actual realeza, en tránsito por el palacio:

“Traje desde mi patria mi ropaje real; elegí cuatro esposas como séquito -me aguardan en el hotel, como mujeres curiosas. Por noticias del encuentro entre reyes- y vine a la reunión con mi primera esposa; y al solicitar la entrevista, soy detenido por la soldadesca como un plebeyo; mi par no sabrá que he sido humillado a las puertas de su casa. Me retiro triste”.

Y con gesto señorial alzó en dignidad la capa con pedrerías sobre su real hombro, se sacó la corona -que imagino la de viaje, por lo austera-, y se retiró cabizbajo con su esposa, la que caminaba a tres metros detrás de su alteza. No imagino a la Reina de la Inglaterra en tal actitud de respeto y dócil, con el payaso grande del palacio local.

La risa gorgoteó en mi interior, pugnaba por salir en las barbas del personaje y ante los altaneros guardas vestidos de imaginería. Pero la dignidad del hombre, su valentía y consecuencia, me llevaron a respeto. También me retiré, cabizbajo y triste.

De la actitud de mi esposa, no estoy  tan seguro.   

 

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