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Spanya SA. Año 2337. Fragmento de emisión sensovisiva. Programa: asignatura “Educación para el comportamiento cívico de los accionistas”: “Hace mucho tiempo el globo terráqueo estuvo organizado en conglomerados políticos llamados estados. Se llegó al número récord de doscientos setenta y siete estados en el año 2020. Sin embargo, a pesar de su éxito práctico, el concepto no tuvo nunca una definición universalmente aceptada quizá por la yuxtaposición de otras abstracciones como «nación», «pueblo», «país» o «patria». Las tensiones entre todos estos términos tuvieron siempre un tinte dramático, cuando no trágico. Se intentaron todo tipo de trucos: cartas de derechos humanos, declaraciones, resoluciones, negociaciones, mesas de paz, referéndums, autonomías, dictaduras, revoluciones, anarquismos, comunismos, democracias orgánicas, monarquías constitucionales, repúblicas islámicas y un sinfín más de pócimas mágicas. Nada funcionó. El nacionalismo desbocado y los conflictos religiosos habían sumido a la humanidad en una matanza sin tregua, pero la apoteosis del descuartizamiento llegó con las guerras por la contaminación del siglo XXI. Los vientos, los océanos, los ríos, los pájaros, los contenedores, los seres humanos: todo se convirtió en peligroso vehículo de transporte de basura letal, de humos, de vertidos, de virus y bacterias. Pero era una guerra que los estados no podían ganar: quien contamina, quien contagia, quien infecta, no es tal o cual país, sino el Progreso. O sea, las empresas. A diferencia de los conflictos tradicionales, tan manejables, a las empresas aquella guerra imposible de controlar no les resultaba rentable. La solución surgió casi de forma espontánea. El presidente de un pequeño país arruinado aceptó la generosa oferta de una gran compañía maderera, o metalurgica, o petroquímica y vendió su miserable país. Era puro materialismo histórico: si las multinacionales controlaban a los estados, ¿para qué mantener la vieja fachada del sometimiento del dinero al poder político? Aunque todo cambio encuentra resistencias. El negocio escandalizó a muchos. Se organizaron discusiones y debates interminables, agotadores, profundos, sesudos, densos, preocupados y, por supuesto, absolutamente inútiles. Los gurues profetizaron una sangrienta revuelta en aquel pequeño estado centroamericano. Como suele suceder en todos esos países centroafricanos, existía una guerrilla armada maoísta, o estalinista, o leninista, o trotskista, o islamista, que juró venganza. En sus soflamas revolucionarias prometían que se devolvería la soberanía al Pueblo tras una dura lucha de liberación nacional. Para demostrar que iban en serio decapitaron a trescientos jornaleros. Pero el proceso de privatización nacional continuó inexorable. Los habitantes de aquel país se vieron bastante beneficiados en comparación con su situación anterior. Los responsables de la empresa constituyeron una sociedad anónima, conservaron el cincuenta y uno por ciento de las acciones y el cuarenta y nueve por ciento restante lo repartieron entre todos los habitantes. La empresa matriz se reservaba el control de la filial, pero permitía que los ciudadanos, convertidos ahora en accionistas, intervinieran en la gestión de los asuntos sociales. Semejante medida enervó los ánimos de la intelectualidad, pero para los nuevos accionistas fue un descomunal avance democrático. Desde la independencia de la metrópoli colonial, y después de sucesivos gobiernos laicos y religiosos, militares o civiles, conservadores o revolucionarios, jamás habían participado en la formación de la voluntad popular. Eliminada la corrupta administración local, pronto se logró la rentabilidad deseada. Esta nueva prosperidad se utilizó para satisfacer a las masas proletarias con multitud de nuevos y maravillosos objetos de consumo que podían comprar firmando letras, contratando créditos e inscribiendo hipotecas que los amarraban, pacíficos y abnegados, a sus cadenas de montaje o a sus labores agrícolas. Este éxito provocó una conmoción de dimensiones planetarias. A partir de ese momento, las hordas hambrientas suspiraron por que una multinacional los comprase. Todos ansiaban el nuevo milagro. La propia población local se alzaba en armas contra sus oligarquías corruptas. Una vez en el poder, el populacho se ofrecía al mejor postor. La ONU, antes de ser transformada en Bolsa Internacional de Valores, promovió el proceso. Multitud de países empobrecidos fueron comprados, absorbidos y fusionados. Luego llegó el turno de los grandes y ricos países del norte, adquiridos por multinacionales más poderosas que ellos. Al final, todos los estados del planeta se extinguieron en silencio como extenuados reptiles gigantes. La sustitución de las naciones por sociedades mercantiles fue un proceso tan natural como la muda de piel de las serpientes. De este modo, las identidades nacionales, fuente inagotable de conflictos en el pasado, se vieron sustituidas por corporaciones, compañías y sociedades mercantiles, movidas en esencia por el lucro y sin más ánimo guerrero que no fuera el de lanzarse opas hostiles. Gracias a la Gran Transformación, en la Península Ibérica por fin habitamos sociedad pacífica y próspera. Todo se lo debemos a un sistema que ha supuesto la definitiva consolidación del proceso evolutivo de las colectividades humanas en la Tierra: la mercantilización universal. Hegel dijo que el Estado era el sujeto último de la Historia. Se equivocó. Ese sujeto es una sociedad anónima.” 
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insolito Escrito por Fabian, el 24-03-2008 14:22 es insolo simplemente maravillosamente profetico, Hegel se equivoca cuarteando todo lo aparentemete establecido... gracias por estas letras desnudas. |
Escrito por Jose R.Hernandez, el 13-03-2008 13:38 Felicidadez por su cuento,lo odio pero no por que este mal escrito si no por que es un vistazo pausible de nuestro futuro,los estados,rebasados por las masas,ineficientes y corruptos quizas se vayan al demonio y las ideologias,ya sin ninguna posibilidad de ser utilizadas como bandera o ideal,todo gracias ala television,seran olvidadas y el vacio resultante sera llenado por un afan consumista y la satisfacsion rapida(y por lo mismo vacia e inutil)como dije odio su cuento pero lo odio por que quizas se vuelva una realidad. | |