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Página 1 de 2 I. Posibilidades borrascosas. ¿Es posible que la UNAM, “máxima casa de estudios” de nuestro país, albergue células estudiantiles ligadas a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)? La pregunta, por sí misma, estremece y provoca horror y preocupación. Pero, en efecto, es posible: y esta posibilidad, erróneamente aquilatada, ha desatado –de nuevo- un vendaval de difamaciones y críticas corrosivas contra la Universidad. Reconozco que este asunto dista mucho de ser agradable. La presencia de un grupo de jóvenes mexicanos, en su mayoría estudiantes de la UNAM, descubierto en el campamento de las FARC en Ecuador tras el ataque perpetrado por el ejército colombiano (que, dicho sea de paso, estuvo a punto de ocasionar un conflicto armado entre Ecuador, Colombia y Venezuela), implica que, al menos en la rama de las humanidades, la UNAM, lejos de preparar profesionistas que aporten soluciones constructivas a la sociedad, engendra grupúsculos radicalizados que simpatizan con organizaciones subversivas y “narcoterroristas”. Tal ha sido, parcialmente, la queja y crítica principal. En esta ocasión me gustaría compartir con los lectores de Palabras Malditas algunas reflexiones en torno a este espinoso acontecimiento. Creo, sin temor a equivocarme, que el tema no carece de relevancia, y que resulta imprescindible abordarlo en un espacio que, como éste, aloja ideas y expresiones de la más variada coloración. Si bien es cierto que mucho se ha dicho y escrito al respecto, un elemento personal conferirá a esta reflexión cierta dosis de novedad: como estudiante del área de ciencias sociales de la UNAM (una de las más satanizadas por su presunta proclividad hacia el radicalismo), conozco bien el ambiente político que se respira en Ciudad Universitaria, sobre todo entre los estudiantes, y aunque no puedo ni quiero hablar a título de todos mis compañeros, estoy seguro de que muchos compartirán mis opiniones. II. Mosaico universitario. Digámoslo sin ambages: en la UNAM existen grupos que simpatizan con las guerrillas, incluidas las FARC. ¿Es esto motivo de preocupación? En lo absoluto. Se trata de grupos que, hablando en términos cuantitativos, representan un porcentaje pequeño, pequeñísimo, dentro del espectro de tendencias políticas e ideológicas que conviven en la Universidad. En las aulas, pasillos y auditorios de las diversas facultades pueden encontrarse ateos recalcitrantes, musulmanes devotos, católicos convencidos, evangélicos bonachones y, aunque ustedes no lo crean, partidarios de la privatización de las empresas públicas y de la misma UNAM. Pero lo que nos caracteriza a la aplastante mayoría, incluyendo a amplios sectores de los grupos antes mencionados, es la tolerancia y una actitud crítica (es decir, de juicio fundamentado en principios objetivos) hacia cualquier acontecimiento o idea. Esto sólo quiere decir que la UNAM se erige sobre un principio tan sencillo como valioso, pero que hoy día es cada vez menos apreciado: la libertad de pensamiento. Para gente como Carlos Mota, autor de una de las críticas más torpes que se han escrito contra la Universidad y en especial contra las facultades de Filosofía y Ciencias Políticas a raíz de los acontecimientos del 1 de marzo pasado (véase “¿Quién quiere estudiar filosofía en la UNAM?”, Milenio Diario, 6 de marzo de 2008), la libertad de pensamiento en las humanidades no tiene ningún sentido, simple y sencillamente porque eso no va a convertir a los estudiantes en empleados de Unilever, Nokia, Sony o Cemex. Peor aún, la educación que se imparte en la UNAM es deficiente, ya que, en la única conferencia que él ha impartido ahí, los estudiantes lo veían “con cara de no entiendo nada” al escuchar su sabia disertación sobre liderazgo empresarial. Lo que no entiende ni entenderá Mota, como muchos otros que comparten ideas similares, es que los alumnos lo veían con expresión de desconcierto no porque no dominaran la materia de negocios, ni porque se opusieran a la idea de trabajar para una empresa, sino porque les resultaba inaudito que un hombre sostuviera con ahínco una postura tan elemental sin siquiera matizarla un poco. Actitudes similares he asumido yo mismo ante ponencias de miembros del Consejo Coordinador Empresarial: la simplicidad (y, a veces, la rigidez) de sus razonamientos me desconcierta, al margen de la pertinencia de sus propuestas. Esto no significa, no obstante, que todos los alumnos de la UNAM estemos, a priori, en contra de las empresas o del gobierno, o que pensemos que la única manera de solucionar los problemas del mundo sea la destrucción del capitalismo. Significa, eso sí, que, sea cual sea la propuesta o teoría, no la aceptamos ciegamente, como se acepta un dogma de fe. Pero también es cierto que los caminos de la libertad de pensamiento no llevan –afortunadamente- al mismo punto. Gracias a que en la Universidad no está restringido el derecho de asociación ni de expresión, ni prohibido el acceso a las obras de Marx, Bakunin, Foucault o Lucio Cabañas (si a lo que escribió Lucio se le puede llamar “obra”), entre otros, algunos compañeros han formado grupos de izquierda que comulgan con el marxismo o con otro tipo de modelos teóricos y de organización social alternativos, como el anarquismo. Normalmente, estos grupos se aglutinan en círculos de lectura y estudio (una añeja tradición de los seguidores de Marx) y en colectivos estudiantiles. La gran mayoría de esos compañeros son buenos estudiantes y con frecuencia poseen una gran capacidad de análisis. Sin embargo, a mí siempre me ha parecido que tienen una velada tendencia hacia el dogmatismo y el sectarismo: creen que todo lo que no va de acuerdo a su interpretación de la obra de Marx es, per se, desacertado (o “pequeñoburgués”, como dicen ellos), y que, por ende, sólo ellos tienen el derecho a proclamarse como la verdadera izquierda (la única que, en virtud de sus postulados básicos, puede transformar positivamente a la sociedad). Un amplio sector de esta izquierda estudiantil, si bien mantiene dicha actitud, tolera y dialoga con otras formas de pensamiento; pero hay otro sector, tan pequeño como vistoso y estridente, que dista mucho de tolerar opiniones divergentes, máxime si se trata de posturas contrarias a las propias. Se trata de grupos ultranacionalistas que suelen comulgar con las recetas “revolucionarias” de los manuales soviéticos o chinos; para quienes criticar a Cuba o al Che Guevara es una auténtica herejía y quienes rara vez poseen un conocimiento profundo de la obra de los grandes teóricos de la revolución, incluyendo al mismo Marx, y que a menudo carecen de los conocimientos más elementales de historia requeridos en el ámbito de las ciencias sociales. Son estos grupos, que nosotros llamamos ultras (por ultrarradicales), los que arman alborotos cuando un político, sea del PAN o del PRD, visita la UNAM; los que acostumbran pintarrajear los muros de las facultades con consignas políticas y que, a veces, ocupan cubículos o salones enteros. Es en estos grupos (repito, un porcentaje pequeñísimo de la comunidad universitaria) donde surge la mayoría de los estudiantes que simpatizan con la guerrilla o con los métodos violentos de transformación social. Y es también aquí donde preponderantemente se filtran miembros y representantes de los grupos guerrilleros de México y de toda América Latina. III. La antesala del radicalismo. No puedo afirmar que Lucía Morett y sus compañeros mexicanos estuvieran recibiendo adiestramiento de parte de las FARC. Ni siquiera las autoridades ecuatorianas ni los órganos de inteligencia mexicanos han podido desentrañar esta brumosa interrogante. En este punto sólo cabe, por el momento, la especulación, y mi especulación va en este sentido: yo creo que, efectivamente, una liga de afinidad sólida y no tan inocente introdujo a los jóvenes mexicanos al campamento de las FARC en Ecuador. La hipótesis es peligrosa y, si fuera una figura pública quien la esgrimiera, causaría gran revuelo y polémica. Sin embargo, tengo motivos suficientes para sustentarla, y mi único temor gira en torno a las represalias que este hecho pudiera acarrearle a Lucía Morett y, sobre todo, a la sigilosa persecución gubernamental que pudiera desatarse contra los alumnos más radicales de la UNAM. Los grupos guerrilleros son organizaciones subversivas estructuradas jerárquicamente; la disciplina, la lealtad y la discreción son tres pilares sobre los cuales se levanta todo ese complejo cuerpo ideológico y contestatario cuyo principal objetivo es construir la “revolución socialista”. En virtud de su naturaleza ilegal y clandestina, los grupos guerrilleros configuran una rigurosa serie de medidas de seguridad que reducen al mínimo la posibilidad de infiltración de algún espía. Por lo tanto, penetrar en las filas de un grupo guerrillero es sumamente complicado; antes hay que demostrar anuencia hacia sus objetivos y principios, o, en el mejor de los casos, la inocuidad de la visita (fue así como, hace algunos años, Alma Guillermoprieto, reportera del New Yorker para América Latina, pudo deslizarse en la selva colombiana para elaborar un interesante reportaje sobre las FARC). Los jóvenes mexicanos no sólo se encontraban en un campamento de las FARC –lo cual, probablemente, se le conceda a cualquier investigador o periodista profesional y bienintencionado-, sino que se hallaban con Raúl Reyes, segundo al mando de la guerrilla colombiana, quien, según informes de las autoridades ecuatorianas y francesas, se encontraba en Ecuador para negociar con Rafael Correa, presidente de ese país, la liberación de la franco-colombiana Ingrid Betancourt. Es decir, los jóvenes mexicanos se hallaban en medio de una misión importante, y al lado de uno de los dirigentes máximos de las FARC, no de cualquier guerrillero. Si consideramos lo anteriormente dicho, resulta difícil pensar que simplemente estuvieran en un viaje académico, recopilando datos para una investigación (sé que mis reservas disgustarán a muchos, pero encuentro muy complicado creer que Lucía estuviera ahí sólo para “hacer un poco de turismo” y “conocer sobre la realidad ecuatoriana”). En todo caso, quienes se rasgan las vestiduras ante esta “ominosa” posibilidad sólo evidencian su ignorancia o su mala fe. Históricamente, una de las características de las guerrillas latinoamericanas ha sido la presencia de combatientes universitarios. A guisa de ejemplo, podemos mencionar algunos de los grupos guerrilleros urbanos que germinaron a finales de los sesenta y durante la década de los setenta en nuestro país, cuyo origen era universitario o que tenían un componente mayoritariamente universitario: los Lacandones, los Procesos, la Unión del Pueblo, el Frente Urbano Zapatista y el Movimiento Acción Revolucionaria. El venero de estos grupos no era la UNAM, sino el Instituto Politécnico Nacional, la Universidad de Nuevo León, la Universidad Benito Juárez de Oaxaca, la Universidad Nicolaíta de Morelia y la Universidad Patricio Autónoma Lumumba de Moscú. Rastreando las autobiografías de los sobrevivientes de aquellos grupos subversivos, podemos descubrir las razones que impulsaron a esos jóvenes universitarios a unirse a los grupos armados: ciertamente, un romántico y destemplado idealismo, basado en la creencia de que ellos encabezaban la vanguardia de un movimiento revolucionario al que la historia le daría la razón (aquella vieja y desacreditada tesis marxista de la “inevitabilidad histórica del socialismo”), blindado con una peligrosa convicción pseudomarxista que reducía la historia a una batalla maniquea entre burguesía y proletariado. Sin embargo, estos elementos ideológicos eran secundarios (complementarios también) ante un motivo de mucho mayor peso: la sensación de impotencia. Buena parte de esos jóvenes habían experimentado la represión de 1968 en carne propia; sabían que el sistema político no les ofrecería jamás la oportunidad de canalizar institucionalmente sus demandas e inquietudes políticas; provenían de los estratos rurales y urbanos más pobres y marginados, y su desesperanza aumentaba bajo los estragos del desempleo y la falta de oportunidades educativas. Si la juventud mexicana se unió y se une a las guerrillas no se debe a un trasnochado afán de heroísmo, ni a la maligna intención de destruir la democracia, como insinúa el analista Jorge Chabat (habría que preguntarle a Chabat qué entiende por democracia en países como México, donde los medios de comunicación defienden y aplauden a políticos corruptos y cínicos, los jueces cubren de impunidad a los pederastas y los gobernadores asesinan a comunidades enteras de campesinos, o como Colombia, donde el presidente Álvaro Uribe fomenta sanguinarios grupos paramilitares y mantiene estrechos vínculos con el narcotráfico). La razón de su simpatía por los grupos guerrilleros fue y sigue siendo la misma: la falta de oportunidades y la sensación de frustración e impotencia en una sociedad que parece condenarlos al fracaso. Por lo demás, también hay que decirlo, los compañeros que integran esos grupúsculos que antes he caracterizado como ultras son, en su mayoría, jóvenes pobres, o que, de alguna manera, a través de las campañas que emprenden para alfabetizar gente o construir bibliotecas y hospitales comunitarios en los municipios más miserables de México, han estado en contacto directo con la pobreza y la marginación social. IV. La sombra de las libertades y las omisiones. Simpatizar con un grupo guerrillero no constituye ningún crimen. Aunque yo me opongo totalmente a los medios violentos de transformación social (incluidas las guerrillas), y considere que unirse a las FARC no le proporciona ningún beneficio a la UNAMLa UNAM sigue, a pesar de estos riesgos, la máxima que aconsejaba un fiel amigo a Miguel de Cervantes: non bene pro toto libertas venditur auro (la libertad no se vende bien ni por todo el oro del mundo). ni a Colombia, admito que los jóvenes mexicanos en Ecuador estaban ejerciendo su libertad –henchidos, seguramente, de ese amargo sentimiento de repugnancia y descontento hacia las injusticias sociales, el cual nos embarga cada vez a más jóvenes. La noticia, intencionalmente, se ha sobredimensionado. ¿Por qué Carlos Mota, Jorge Chabat y Germán Martínez, por mencionar sólo algunos, no comentan con tanto ardor y entusiasmo los aportes que los investigadores de la UNAM hacen día con día al desarrollo científico y tecnológico de nuestro país? ¿Por qué no hablan de las contribuciones de la máxima casa de estudios en la esfera de las ciencias sociales como parte fundamental del proceso de democratización en México? ¿Por qué no ubican la riqueza de las humanidades y las artes universitarias como elemento esencial de la vida cultural mexicana? Tal vez pueda excusarse al señor Mota, cuya rusticidad le impele a creer que lo único digno en esta vida es hacer negocios, y a afirmar que, como, a su parecer, los estudiantes de la UNAM no queremos hacer negocios, nuestro único deseo es “romper el mundo, no construirlo”. Pero las palabras de Chabat, connotado investigador, y Martínez, presidente del PAN (quien se aventuró a hablar de la “UNAM-Campus Ecuador”), levantan sospechas turbulentas. De la misma manera que resulta difícil creer en la inocuidad del viaje de Lucía Morett, también cuesta trabajo creer que la parcialidad de los comentarios contra la UNAM y sus estudiantes no contengan dobles intenciones. La exageración de la nota resalta si consideramos la indiferencia del gobierno mexicano (y los medios de comunicación) ante un asunto que, de acuerdo a nuestra legislación interna y al derecho internacional, debería haber motivado un firme reclamo diplomático contra Colombia: el brutal asesinato de cuatro ciudadanos mexicanos a manos de soldados colombianos –por no hablar de la unánime condena que merecía la violación a la soberanía territorial de Ecuador. El gobierno mexicano está obligado a proteger y hacer justicia a cualquier ciudadano, independientemente de su posición social, sus preferencias ideológicas o la universidad donde haya estudiado. El silencio, a veces, equivale a aprobación. V. Cambiando el centro de gravitación. En la UNAM existen partidarios de las FARC, como existen grandes poetas, cofradías lésbicas y empleados de las empresas más poderosas de México y del mundo. Es parte de la libertad de pensamiento que consagra la Universidad como fundamento del quehacer científico y social. De eso no se desprende que la UNAM adoctrine a sus estudiantes para la guerrilla, y mucho menos (eso sí puedo asegurarlo), que albergue en sus instalaciones células guerrilleras –me asombra que alguien haya siquiera insinuado esa posibilidad. Extender ofensas sin fundamento contra una porción pequeñísima de la comunidad universitaria al resto de los estudiantes y egresados de la UNAM puede acarrear graves consecuencias para la vida profesional y laboral de quienes pertenecemos a esta casa de estudios, lo cual no es poca cosa. Sin duda alguna la UNAM tiene problemas; necesita adecuar planes de estudios y reestructurar el contenido de algunas materias, entre otros tantos menesteres. Pero el problema no reside aquí. Pocos analistas, y aún menos políticos y comunicadores, piensan en las consecuencias sociales que tiene el solapar a un secretario de gobernación corrupto y desvergonzado; en el daño moral que inflinge el proteger y exculpar la pederastia del líder de una poderosa orden religiosa, o en la decepción que provoca el lamentable espectáculo ofrecido por un partido que se desgarra en disputas internas por el poder y el protagonismo. Cualquier cuestionamiento incisivo a la democracia mexicana aterra, mueve al escarnio y a la censura. Sin embargo, el desempleo, la falta de oportunidades, la migración, la escasa representatividad de los partidos políticos y la degradación medioambiental son cosas que aterran a muy pocos. ¿Se han preguntado qué piensa la juventud de todo esto?  Marcar como favorito (16) | Cite este artículo en su sitio | Views: 830
Escrito por RamsésLV, el 19-04-2008 21:22 Buenas observaciones y puntualizaciones. Muchas gracias por comentar, Ponchilicious.  |
Bueno... en mi opinion... Escrito por ponchilicious, el 19-04-2008 05:35 En lo personal me voy por partes o no me acomodo… En cuestión hay varios tópicos que podemos rescatar tanto de la opinión de Ramses como de los comentarios recibidos, pero particularmente me inclino por tres puntos. - Sobre la opinión que difundió Carlos Mota en Milenio Diario, puedo entrar en otra discusión, ¿cómo es posible que una publicación de circulación nacional se convierta en simple panfleto lleno de opiniones de ‘prestiogiosas’ firmas? Podemos excusarlo con que el periódico es umbral de la libertad de expresión, pero citando a Ernesto Priani, profesor de dicha facultad agredida, “se apuesta más al efecto mediático que a la valoración de los hechos”. También es cuestionable la viabilidad de los medios. ¿Al final como quedó Mota? pues Ciro Gómez Leyva, colaborador de la misma publicación, respondió y sólo pudo dejar callado a Mota cuestionándole su conocimiento de que el precursor de su partido -el blanquiazul- salió de las aulas de la UNAM. - Esa tendencia a la generalización de que los estudiantes de Filosofía son guerrilleros, es en parte por los medios -por la respuesta que generó la nota sobre el descubrimiento de los estudiantes de la UNAM en las FARC- y por otra el comentario de Mota, eslabones de la conversión sensacionalista. El no hacer una distinción entre los logros de la UNAM y las acciones de los grupos anarquistas, ultras, etc, etc, no es nuevo. Recuerden la huelga de la UNAM, al ‘recuperar’ las instalaciones y el regreso a clases generó un miedo colectivo entre las grandes empresas y cerró las puertas a estudiantes y recien egresados para esos puestos a los que se refiere Mota. Por eso los de Filosofía no hacen negocios, no tienen experiencia en ello, no cumplen con el perfil y la visión empresarial y… no tienen porque hacer negocios sino quieren, así de simple, por algo habrán elegido esas bellas carreras. -¿Porqué la Facultad de Filosofía y Letras sigue siendo imprescindible para toda la UNAM y en general para toda la sociedad? En mi opinión, porqué genera a los grandes artistas, los expertos de la lengua, pilares de cultura; no por algo la mayoría de sus carreras han sido certificadas como indispensables para el desarrollo del país. ¿Por qué alberga grupos minúsculos a favor de la guerrilla? No sólo por dar cabida a la gama de pensamientos que dan forma al espíritu universitario, también porqué todos los cambios revolucionarios existen gracias a esas minorías, independientemente de ser violentas, transgresoras, disidentes, pacifistas, etc; son las mismas que han dado forma a la transformación de la sociedad, y no sólo en México, ¿qué uno de los nuevos movimientos sociales del siglo XX en transcurrió en 1968 y fue a causa de luchas y consignas universitarias? Lamentablemente vivimos recogiendo los restos de esos grandes movimientos de los setentas y ochentas, no por ello deja de ser rescatable la actuación de personas como Lucía Morett, que aun creen en la transformación y el verdadero cambio –en cualquier parte- y por el contrario, es triste saber que la mayoría –no generalizo, aclaro- de mis contemporáneos –y me incluyo- somos parte de la Generación Next, preocupados por la moda y la fama. Si no fuera por esos pequeños grupos ‘radicales’ no existiría el desarrollo de la sociedad que (sentados) esperamos ver. Sólo rescato el hecho de que palabras al aire generan torbellinos de ideas. ---------------------------------------- Un pequeño y punto final que me gustaría tratar de responder por mi conocimiento del periodismo, es sobre por qué los medios internos de la UNAM no hacen énfasis en los problemas internos de la universidad… bueno, hay una cosilla llamada Código de Ética que no permite incluir en sus contenidos repercusiones en la institución que represente, y por ende, es obvio que por afuera es imprescindible tratar de arreglar malos entendidos de imagen pública que se generen, como esté, por ejemplo. Punto final.  |
Sobre el comentario de Francisco Montalv Escrito por RamsésLV, el 18-04-2008 14:59 Tu comentario contiene puntos muy interesantes, que me gustaría discutir. 1. Te doy la razón: la UNAM, en ocasiones, se petrifica en una especie de onanismo estadístico que solamente resalta su lado positivo. En la Universidad hay problemas, deficiencias, y mejor sería aceptarlas que cubrirlas con laureles. También resulta penoso que no se hable de los jóvenes asesinados en las publicaciones oficiales de la UNAM. ¿Deslinde de responsabilidades? ¿Por qué? Es un buen cuestionamiento. Aunque, por otro lado, sí se les ha defendido públicamente. 2. La posibilidad de que haya gente simpatizando con las guerrillas dentro de la UNAM, tal como se afirma en el artículo, no es ni debería ser motivo de horror. Lo que sí debería preocupar son las causas estructurales que producen ese fenómeno –lo cual, en efecto, nos remitiría al funcionamiento del capitalismo, entre otras cosas. Ahora las divergencias. ¿Que no se da voz a la disidencia? ¿A qué tipo de disidencia te refieres? Hay un sinfín de publicaciones universitarias que recogen textos y reflexiones de pensadores marxistas y revolucionarios. Ruy Mario Marini, a quien seguramente conoces, es uno de ellos. Pero la disidencia también puede venir de un jurista conservador. No hay, que yo sepa, un grupo que detente el monopolio de la disidencia. El cambio social puede darse de muchas formas. Pensar que, a priori, las salidas pacíficas están canceladas es sumamente peligroso, porque puede derivar en dogmatismos. Ningún cambio social (exento de juicios como “progresista” o “reaccionario”) ha sido, hasta donde tengo entendido, completamente pacífico o completamente violento. Toda sociedad, en su devenir histórico, atraviesa momentos de cambios cualitativos que por lo general son violentos, pero también atraviesa otros periodos, muy prolongados, que transcurren en una aparente calma y que arrojan cambios igualmente fundamentales. Los etiquetados “cambios pacíficos”, como los que propone la socialdemocracia, ciertamente, no han producido un cambio sustancial que mejore la vida de los seres humanos. Pero, ¿lo han hecho los “cambios violentos”, aquellos que han trastocado sistemas sociales enteros? Ni las revoluciones en Rusia, en China, en Vietnam, en México o en Cuba (con algunas excepciones destacadas en la isla) han mejorado de raíz la vida del ser humano. Con esto quiero decir que ninguna solución prefabricada para la transformación social es, por sí misma, efectiva. Hay momentos en que la historia ofrece la posibilidad de cambiar las cosas sin derramamiento de sangre, y hay otros, como señaló una lectora en un comentario anterior, en que la violencia es la única salida posible. Eso depende de un análisis agudo del momento que nos toca vivir y, sobre todo, del movimiento general de la sociedad. Decir que hay sólo una forma para transformar la sociedad, sin considerar en qué lugar y en qué época nos encontremos, es erróneo en términos analíticos y nocivo en términos políticos. Estas ideas justificaron los totalitarismos del siglo XX. ¿Cuál es la efectividad que los grupos radicales tienen y han tenido en los procesos sociales? ¿A qué procesos te refieres? Es imposible que un grupo pequeño incida de manera importante en un proceso social. Las transformaciones las hacen las colectividades, no las pequeñas élites, sean revolucionarias o reaccionarias. A lo más, estos grupos aportarán elementos, pero no serán parte crucial del cambio. Se trata, creo, de la sobreestimación (acrítica, por cierto) de un grupo y de su manera de pensar. No tengo el placer de conocer a Lucía, pero agradezco que compartas la experiencia personal que tuviste con ella. Eso nos da un panorama más amplio para entender por qué estaba en Sucumbíos. Buen punto: Lucía no es una guerrillera. Ser guerrillero implica cosas más complejas que mentes obtusas como la de Álvaro Uribe nunca alcanzarán a comprender. Marx, en la undécima tesis sobre Feurbach, acertó al decir que lo importante no era contemplar el mundo, sino transformarlo. Y las transformaciones pueden ser de muchas maneras –literarias, artísticas, culturales, políticas, científicas, sexuales, todas estas transformaciones juntas. No hay un solo camino. Muchas gracias por tu comentario. Me alegra saber que hay gente que medita sobre estos temas. Espero seguir recibiendo tus puntos de vista. Ramsés. |
La UNAM me enorgullece por personas como Escrito por Francisco Montalvo, el 17-04-2008 20:30 ¿Horror y preocupación? ¿porqué? ¿difamaciones en contra de la UNAM? Radio Universidad, T. V. UNAM, Gaceta Universitaria y unam.mx, se han abstenido completamente de mencionar palabra alguna sobre los universitarios masacrados, todo este aparato informativo, que obviamente es mucho menor que los medios masivos, todo el tiempo se encarga de resaltar los logros científicos, culturales y deportivos de la UNAM, y por el contrario niega toda posibilidad de darle voz alguna a la disidencia. Los medios de comunicación enaltecen momento a momento la invesitigación científica y la actividad cultrual de la UNAM, desde La Jornada hasta TV Azteca, y cuando se abalazan sobre el caso de Sucumbíos, Ecuador, no falta quién se indigne porque ya no hablan del descubrimiento en medicina, o la medallista nacional. Para mi el hecho de que haya universitarios comprometidos con el cambio social es motivo de glorificación y no de criminalización. Depende del discurso que nos queramos tragar, si gobierno y medios nos dicen que ser guerrillero es terrorista y reprobable, y que la violencia no es el camino, ok, es motivo de preocupación, pero si podemos intentar generar nuestro propio criterio encontraremos que lo preocupante es que en verdad no haya salidas pacíficas. Estoy de acuerdo en que la UNAM esta habitada y se deviene cada día por la diversidad, en lo que no estoy de acuerdo es en horrorizarse, aún cuando el conocimiento sólo genere una consciencia crítica para la subversión armada, como posibilidad de transmutación del sistema. Los métodos pacíficos de la socialdemocracia, en base a reformas a las leyes, se vienen intentando en el mundo desde hace casi dos siglos, lo cuál ha fructificado en la aberración de consolidar un capitalismo mas humano (digo aberración porque el capitalismo es naturalmente inhumano), nunca han logrado una transformación de fondo. ¿Como vas a cambiar el régimen, cuando al mismo tiempo lo reproduces al intentar cambiarlo?, esto es un círculo vicioso con el que el liberalismo se ha capoteado las revoluciones desde su surgimiento, hacernos creer que mansos y pasivos podemos llegar a cambiar el mundo. El hecho de recalcar la inferioridad numérica que presentan estos grupos al interior de la UNAM, es subestimar la importancia de la efectividad que tienen este tipo de movimientos en los procesos sociales. Cinco guerrilleros pueden llegar a trastocar el sistema (no derribarlo) mucho más que los otros 300 mil estudiantes inmersos en sus libros, poesía, narcomenudeo, arte, investigación, porrismo, deporte, etc. Simplemente porque cada una de esas actividades va en plena reproducción y perpetuación del orden existente. La guerrilla, aunque no la considero suficiente para poder llevar a cabo el derrocamiento estamental, ataca de manera directa, o cuando menos mas concretamente, el dominio imperante. Conocí alguna vez a Lucía Morett, Andrea es como me la presentaron, Lucía Andrea Morett es su nombre completo. No soy su amigo, ni alguien cercano a ella, sin embargo una ocasión, la primera y la última que la he visto, mantuvimos una conversación a profundidad, y definitivamente estaba inmersa en la lucha bolivariana, pero no era una guerrillera, cuando menos no en ese entonces. Andrea y los otros cuatro compañeros mexicanos son para mí, motivo de orgullo y no de preocupación, en cuanto a que fueron lo suficientemente conscientes para intentar cambiar el mundo de la manera mas precisa que les pareció. Eso me provoca mucha mas satisfacción que preocupación. Que bueno que la unam sea semillero de guerrilleros, así como lamentablemente también lo fue de casi todos los gobernantes priístas incluídos Gustavo Díaz O. y Luis Echeverría A., y hasta de magnates como C. Slim, por ejemplo. Muchos estudian a Marx y Engles, a Bakunin, a Gramsci, a Flores Magón ó Práxedis Guerrero, y se sienten fascinados por el espíritu combativo e insumiso que los caracterizó, y sin embargo, solo unos pocos intentan de verdad llevar a la práctica sus pensamientos, cansados de repetir y filosofar los discursos que intentan comprender el mundo, cuando de lo que se trata es de cambiarlo, ups, esto ya lo habían dicho dos locos alemanes en el siglo XIX. Subestimar la diversidad, por más minoritaria que sea, es negar el poder y a su vez la necesidad de los estratos sojuzgados, esta frase si es mía  |
¿Y por qué no? Escrito por RamsésLV, el 16-04-2008 20:05 Ponchilicious: No creo que el señor Quiroz sea tan cuidadoso con la sintaxis. También ahí tiene deficiencias evidentes. Muchas gracias por leer y por tu comentario. No te preocupes: si tienes algo que decir, plásmalo con toda libertad. Opina cuanto tengas que opinar y muestra tu postura. A mí me resultará interesante conocer tus puntos de vista. Así que, ¿por qué no? Adelante.  |
¿Quién es el mamarracho? Escrito por ponchilicious, el 16-04-2008 17:36 Punto no. 1 - En serio es desagradable que mi primer comentario en una página de buena calidad, y digo calidad porque permite mostrarnos a todos aquellos que todos los días tratamos de escribir algo digno de la atención de los demás, a personas con criterio...pero nunca faltan \'críticos\' como Ud. Quiroz, que califica de mamarracho a Ramses por escribir sobre un tema, que como universitarios, nos incumbe. ¿Porqué? porqué no esta de más tratar de dar a conocer puntos de vista tan acertados, y digo acertados porque YO como universitario, lo vivo todos los días, yo veo, convivo e incluso platico con esos integrantes de las minúsculas partículas \'radicales\' que dan forma a la Universidad y eso no significa que se parte de ellos. Yo tengo una postura que me permite ver más allá de mi lírica o mi mala sintaxis. Por lo que yo veo en los comentarios del \'Sr. Quiroz\', le preocupa más la calidad de la sintaxis del texto que de la profundidad del tema. Y YO, como lector de esta página, me ENCANTARíA de sobremanera, ver que el \'Sr. Quiroz\' fuera capaz de sustentar su punto de vista sobre este tema, porque por lo que veo, no esta envuelto de una ciencia social y por ende, supongo que dentro de su campo académico -si es que lo tiene- habrá un buen punto de vista... y así vemos quién es más mamarracho, va? Punto no.2 - Ramses! Gracias por llenar este espacio con una buen punto de debate, es agradable ver una postura bien sustentada y es notorio tu conocimiento del tema. Yo podría opinar muchisimo y mostrarte mi postura, pero temo caer en lo redundante ya que varios lectores han comentado perspectivas similares a las mías. Bien Hecho. |
Sobre el tema Escrito por RamsésLV, el 09-04-2008 14:26 Gracias a todos por sus comentarios. Me parece que las diversas opiniones (algunas de ellas diferentes a las que se plantean en el artículo) vertidas aquí confirman la pluralidad de pensamiento que, si bien no es privativa de la UNAM, sí caracteriza a esta institución, en el sentido de poder expresar lo que se piensa sin ningún tipo de mordazas, y, más aún, la capacidad de expresarlo. Lo que han señalado es muy acertado: el movimiento y, por ende, la diversidad que se presenta en toda sociedad y en la Universidad como componente de ésta, así como la constante tensión que existe entre lo que se quiere establecer como criterio homogéneo y las voces discrepantes que siempre se oponen a ello, y los diversos resultados que tiene esa oposición; las motivaciones externas para que un individuo o un grupo de individuos se unan a la vorágine de la subversión; la heterogeneidad de la UNAM y lo difícil que es hablar de ello; el abismo que separa las intenciones e intereses de los gobernantes y las aspiraciones reales de amplios sectores de la sociedad. Creo que son problemáticas que se presentan en todo el mundo y en varios momentos de la historia, pero que ahora, por este tipo de acontecimientos, nos llegan a nosotros como una realidad punzante, sobre la cual hay que meditar si queremos construir un punto de referencia que oriente nuestra actividad como entes que forman parte de una sociedad y también como individuos. Es un gusto recibir sus comentarios y puntos de vista. La riqueza de los mismos me entusiasma. Se los agradezco nuevamente y espero seguir intercambiando opiniones con los lectores. RaMséS-LV |
Escrito por Fabiola Mendoza, el 07-04-2008 16:43 Es obvio que el gobierno mexicano tiene tendencias marcadas, razón por la cual, la diversidad que se encuentra dentro de instituciones como la UNAM es un factor clave para la estructuración del pensamiento de nuestro país. Sin embargo, por esta misma razón, en seguimiento con el proyecto de quienes detentan el poder, y considerando el apego a otros entes poderosos,la respuesta del gobierno mexicano en muchos asuntos se aleja de lo que muchos de nosotros podríamos contemplar como la solición adecuada. Para nosotros sus acciones pueden ser erróneas pero para ellos no es más que una parte más del mismo proyecto. Desafortunadamente esto es lo que crea ese sentimiento de impotencia y se traduce en distintas formas, que pueden ser de este tipo (me refiero a tu escrito) o mediante acciones. Más allá de justificar a alguna de las partes, puesto que, desde mi humilde punto de vista, todas incurrieron en algunos errores, lo que quiero rescatar es que la Universidad nos da la oportunidad de expresarnos de la forma que nosotros mismos consideremos como más conveniente. Esto, sin lugar a dudas, la enriquece y hace que, en gran medida, se encuentre en el lugar donde está. Sin embargo, no creo en la violencia como el medio para resolver conflictos. Puede ser que a veces sí represente el único camino y que la violencia deba responderse con violencia pero, hablando específicamente de este caso, creo que ni las FARC ni el gobierno de Colombia están actuando de la forma en que mejor podrían hacerlo. Ni los ataques de un lado ni los del otro deben ser factores que participen en la negociación. Mucho menos cuando se involucra a civiles. Y Ramsés, que no te desanimen comentarios infundados, al contrario, hubiera sido enriquecedor que su crítica estuviera sustentada para que tuvieras una opinión adversa a partir de la cual se pudiera aprender algo, pero no es el caso. De cualquier forma, toma lo bueno. Tu crítica es buena, sustentada y mucho mejor de lo que podemos leer en muchos de los periódicos más renombrados escrito por quienes se dicen ser los más críticos. Esperamos la próxima. Saludos. |
Escrito por Funerela Cat Slytherin, el 04-04-2008 22:22 Hola, me da mucho gusto leerte por primera vez. Te felicito por el excelente recibimiento que haz tenido. Hasta los comentarios insulsos a veces impulsan al ser. Son parte del oficio. No te opino del tema, por cuestiones meramente personales. Saludos. |
Fe de erratas Escrito por Ramsés, el 04-04-2008 18:07 Saludos a todos. Me da mucho gusto recibir sus comentarios. Trataré de responder de manera sustancial más adelante, porque los quiero leer con más atención. Por el momento quiero señalar (porque se puede prestar a confusiones) que hay dos errores \"de formato\" en el texto, filtrados, seguramente, por algún error de la computadora. La Universidad Patricio Lumumba no es \"Autónoma\" (por ahí se metió esa palabrita) y en el primer párrafo del cuerto apartado hay un desorden en las líneas. Tendría que decir \"ni a la UNAM ni a Colombia...\" y luego, tras \"a más jóvenes\", empezaría la frase \"La UNAM sigue...\". Para facilitar la lectura. De nuevo, miles de gracias. Ya leo con atención sus comentarios. Ramsés. |
Buen tema Escrito por Héctor Anselmo, el 04-04-2008 16:26 Nos encontramos insertos en una sociedad en la que la libertad de pensamiento corre el riesgo de ser violentada brutalmente. Los estudiantes de la UNAM hemos sido objeto constate de esta violencia y prueba de ello es que cualquiera puede tachar de “ultra”, “Mosh”, “guerrillero” y ahora, de “narcoguerrillero”, a quien se encuentre relacionado con la institución en algún momento álgido como el que se vive en la actualidad. Sin embargo, quienes lo hacen, son personajes que no pueden considerarse totalmente ejemplos a seguir pues sus argumentos a veces se reducen a la crítica sin sentido que termina reducida a lo que ellos detestan. El fenómeno de la libre agrupación en la institución es tan complejo que pocos se han atrevido a reflexionar con seriedad el asunto. Es sumamente importante que una institución educativa como la UNAM aun pueda gozar de esa riqueza de ideas, en las que cabe destacar, no sólo hay gente con tendencias izquierdistas, pues como bien lo comentaste en las aulas, departamentos y centros de investigación, hay quienes son partidarios del pensamiento (ultra)derechista, (ultra)capitalista y (ultra)religioso que quienes no están dentro de la institución, ni imaginan lo que se puede encontrar. La pregunta es: ¿la UNAM es la causa de todos los males del país…? Recordemos que en México tenemos la tendencia a destrozar todo lo que vaa la alza. Tu texto (independientemente de las duras críticas que te generaron) tiene muchos puntos que es importante retomar por separado y desarrollar ampliamente. Así que adelante y te seguiré leyendo. |
La guerra sin tregua. Escrito por Axel Centrics, el 02-04-2008 18:40 Concuerdo con la tesis que abordas, no es tan difícil de creer que bien pudieron ser parte del movimiento de las FARC aquellos estudiantes que perecieron en los campamentos por parte del gobierno Colombiano, si bien es cierto que la situación en nuestro país es delicada, también la situación que se da en otros países ha sido un énfasis en la manera de actuar de los jóvenes de diferentes universidades, no solo en México sino también en otros lugares. Es deplorable la actuación del gobierno Federal en cuanto a tomar medidas sobre este asunto, que tanta indignación nos ha provocado. Y la UNAM, siendo una universidad crítica y con grandes bases para el desarrollo de la cultura, la ciencia y el conocimiento en general, ha sido objeto de constantes ataques por parte de personas que descalifican la universidad por considerarla no apta para los esquemas y estructuras del sistema del cual es parte, y a pesar de la gran labor que desempeña la universidad para la apertura del dialogo con fundamentos y argumentos válidos, aún sigue habiendo, inclusive dentro y fuera de sus aulas, personas que opinen diferente con respecto a la metodología de la misma universidad sin basarse en nada tangible (sea el caso del peculiar personaje del primer comentario). Como estudiantes no sólo de la UNAM sino también de diferentes universidades, es menester en dejar a un lado las diferencias políticas, sociales, culturales y étnicas para dejar de ser manipulados por un sistema opresor, y poder reclamar lo que por derecho nos pertenece, que es nuestra libre expresión, nuestra autonomía como nación, y un bien común para la mayoría. Comparto con aquellas personas que luchan por una causa justa la situación de impotencia con respecto a cambiar las cosas, pero si hay que cambiar algo, no sólo es nuestro pensamiento obtuso y conformista por no saber que puede existir una realidad diferente, sino también aceptar la realidad de los que nos rodean, y poder asimilarla sin enfados egoístas carentes de sentido, respetando ideas que estén apartadas o en contradicción con las nuestras. "Siempre tenemos la impresión de que podríamos hacer mejor lo que los otros hacen. Desgraciadamente, no tenemos el mismo sentimiento hacia lo que nosotros mismos hacemos". |
guerrilleros en la unam? Escrito por angi, el 02-04-2008 00:57 hola, pues es la primera vez que visito su página, y no entiendo como pueden haber personas como el Sr. Quiroz, que insulten tan vil y cobardemente la opinión de otro. Digo cobarde en el hecho de que la crítica se combate con crítica, y si para él, el tema requiere mayor profundidad por qué en vez de perder su valioso tiempo escribiendo insultos, no lo invirtió en dar su opinión sobre el tema. Bueno, independientemente de meterme en asuntos que no me deberían interesar, me parece genial que existan personas claridosas dentro de una universidad, y que no existan temores de decir la verdad y aún de aventurarse a teorizar sobre un tema tan controversial. espero seguir leyendo más sus comentarios |
Pasando a cosas importantes Escrito por Jazmín PS, el 02-04-2008 00:20 Ahora, pasando a cuestiones en verdad importantes. Hay que decir que hablar de; ¿Guerrilleros en la UNAM? es como poner el dedo en la llaga, ya que de por si al hablar de la UNAM se tiene que entender que se habla de la más grande diversidad en las Universidades del país. Sin embargo, es honorable, respetable y en cierta medida necesario, que los miembros de la comunidad universitaria nos atrevamos a meditar y evaluar esta situación, e incuso, como se aprecia en este artículo nos dispongamos a defender nuestro pensamiento y aclarar aquello que nos conforma e identifica de manera pública. Eso se te respeta Ramses. Debo decir que el presente artículo trae a mi mente la cuestión de la actividad que poseen las sociedades, es decir, se puede entender que hay vida en una sociedad cuando hay movimiento dentro de ella que refleje el constante cambio en el cual se encuentra, así como la existencia de la libertad de pensamiento (cada vez menos apreciada por los “medios de comunicación responsables” y por determinados sectores de dicha sociedad, mencionado sea de paso), que nos guarde de aceptar ciegamente lo que nos hacen creer aquellos que expresan sus opiniones con intenciones de lograr una manera específica de ver la realidad o con intenciones de poseer la verdad absoluta. Escribo esto para decir que este tipo de acontecimientos en la UNAM es evidencia de su efectividad, aunque los resultados sean diversos. La UNAM ha sido evaluada como la mejor universidad de Latinoamérica y se ha posicionado dentro de las cien mejores en el mundo, así pues, los hechos hablan más que las palabras aunque (insisto), los resultados sean diversos. Sin embargo, cabe señalar que la UNAM es y será uno de los máximos orgullos que posee el país, pésele a quien le pese, disgústele al columnista Carlos Mota o cualquier otro personaje que se califique de “progresista”, ya que un poco de propaganda amarillista no puede destruir una institución con fundamentos tan sólidos como lo es la Universidad Nacional Autónoma de México. |
En primer asunto... Escrito por Jazmín PS, el 01-04-2008 23:12 En primer asunto, por tratarse de algo pequeño y sin demasiada importancia, hay que hablar del intento de \"crítica\" realizado por Alejandro Quiroz. Coincido. Al hablar de una crítica respetable hay que demostrar la solidez de los argumentos con que se debate, no basta solamente con insultos (deficientes por cierto) o “con decir lo que es”. Pero si de eso se trata, el “respetable” Sr. Quiroz no hizo lo primero y tampoco lo segundo, lo que si logro fue poner en evidencia su falta de capacidad neuronal para plasmar críticas eficientes y aún más, sólo evidencio su deficiente comprensión y análisis de lectura por no decir que da un poco de pena la inseguridad que denota. De antemano aclaro que no me acongoja su réplica “respetable” Sr. Quiroz, y que no me preocupare más por contestar ya que no valdría la pena. |
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