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Retrospectiva del viaje Imprimir E-Mail
por Eligio Cruz   
04 / 2008
 Eligio Cruz, es ensayista y poeta. Toma estudios en ciencias Religiosas, Filosofía. Ha escrito dos libros ineditos: Palabras en el Nuevo aire y Bendición. No hay otra cosa que importe más que la palabra, en un mundo dónde la poesía salva; lo otro no es ignorado.

Si bien esto pudiera ser un viaje, una reconstrucción de aquél; Eligio Cruz nos lo cuenta de fin a inicio.

 

 

INTERRUPCIÓN AL VIAJE


Aún reconozco, tu inmóvil lugar secreto
donde el tiempo nace y escucha,
el recorrer de un solamente soñar
               sueño ascendido a la flor.

Vuelvo a ti como un caudal precipitado
               aguas transparentes de mi regocijo.
Vuelto a ti, a esfuerzos sobre las monedas
que pisan la seguridad de la insistencia,
de lo ofrecido, de lo más lejano.

Y posando el humo, que quizás sea ceniza,
junto al café y las migajas
               arabescas
exhaustivo vuelvo a fumarte dentro de mi
               en un largo silencio.
Velozmente, la aurora ya no es, cuando
la tarde a lo lejos desaparece, entusiasta
tenue brillar a través de mis ojos oscuros.
Y el primer momento, contado es
a la señal de lo segundo, sobre el recuerdo
y desmedido, sobre mi mano.

A esta ambición que aguardo en la alegría
               mejor
sobre el amor mismo, brisa y nacimiento,
sensación dónde me pertenece: sentido y ser.
Esa palabra, que algo nos dice
visiblemente de cuan hermosa es
la cavidad expresada de tus noches serenas.
Vertiente de tus sonidos cual renacer,
tal un surgido arrullo de la boca del tecajete
               guardián del paraíso
sur y ansioso del destino.

Más tal vez contra estas monedas
               las que miro
quizás agazapado en aquella trágica verdad,
un orden de cosas perfectamente lúcidas,
como un significado innecesario
               se desvanece.
El símbolo y el valor que entonces
ya permanecía en ellas se elude
               ¿el resto?
ocupante a la decisión no propuesta:
               no finjo, entonces vuelvo.





MÁS ALLA DE LA PALABRA


Que solo tú sabes entre tus laberintos,
en la lengua de pájaro y de fuego consonante,
estremecida a la par del recordado
vaivén de los deseos, escritos de tú garganta.
A inundaciones de tu pecho
               el corazón se estremece
silueta de una tempestad de sombra
               músculo y temblor,
transparente venir lejano del mundo,
creciente como oleaje del lecho azur
               más allá de la palabra.

Dónde observas la misma
sombra que pisas y me entregas,
dentro en el silbido que callas.
               Como criatura halada,
ruiseñor de ojos inmigrados; y cercano
te posas ahí sobre mi cuello,
lo sacrificas y lo siembras, entregando
a la rama que se ha vuelto vena hacia ti,
toda conflagración para tú nido de paz.
               A toda persecución
del temor que a veces se halla;
escapas, te refugias, y te aprisionas
en ramajes de mi alma
               más allá del alma.

De hace tiempo en que bebes
y te declinas a idealizarlas, forma alguna,
que habiendo crecido en tú silencio
las retornas nuevas, como la señal
               diluviana
que amanece para dar brindis al sol.
Lagunas entre mis huellas inundadas
en las que tú reflejo permanece limpio
               sobre mi espina solitaria,
bóveda de un cielo emergente,
en el que te deslizas hacia mi mano
con la poética raíz aguardada
               más allá de esta palabra.
Más allá de la palabra
que ahora llevas en tu volar de viento
para entrar libremente en mi voz,
confín del hombre, del destinado
ser que te cuenta a solas
               mucho más allá de la palabra.



NOCTURNO


Emprende el vuelo
que ya ha llegado a ser reconocible
a la hallada caricia nocturna.
Implacable como de sombra.
Transformable:
víctima, luego sensación del mundo,
de este otro:
               edén
               hades.

Toda emoción
desde la hendidura de la presencia
que avanza sobre el alma,
constante en la salvación.
Bajo los sorbos
de las aguas
filtradas que te exploran.

Al encuentro del victimario.
Señuelo
irrumpido desde ayeres.
Sobre ese inocultable fruto
que cuelga desde entonces
en la torcedura de tú pecho,
               vendido
consagrado.

Y la verdad: esperanza
de tu artífice temblar,
que solo tú sabes,
en el que pronto naces
y te borras.

 

 

 

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  Comentarios (1)
BIEN!
Escrito por Raisa Eunice, el 26-06-2008 22:45
8) oh me encanta!! muy buen estilo!
 
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