PalMal267.jpg
Contramor Imprimir E-Mail
por Dalí Corona   
04 / 2008

CONTRAMOR

 

Para Yunuel

 

Pero yo vuelvo a la carga invisible de los versos,

firmo con dolo, sangre, vejación, impertinente

afirmo, yo doblo el cañal.

José Koser

 

Suelo, cuando escribo, poner algo de música para que la materia fluya y las palabras no se queden atoradas en las manos como si fueran cucharas frente a un plato de pastel vacío.

Por lo regular, pongo algo de Dylan o de Van Morrison;  algo de rock suave y si es posible, un disco de Johnny Cash, que sirve bien para recordar dónde estoy parado, de qué estoy hecho.

 

I hurt myself today
to see if I still feel
I focus on the pain
the only thing that's real
the needle tears a hole
the old familiar sting
try to kill it all away
but I remember everything
what have I become?
Hurt. Johnny Cash

 

Antes, cuando Emiliano no dormía conmigo y la Negrita no llegaba aún, podía escribir toda la tarde y gran parte de la noche. Me sentaba a escuchar Madame George y pensaba fielmente en escribir un poema de amor. Casi nunca el poema se revelaba de la forma inicial en que estaba planeado y con frecuencia, terminaba siendo algo completamente distinto.

 

 

Me he olvidado de mi nombre; “la sangre que gotea de este verso”

recuerda el extravío.  

Aquí yace la sombra de mi vena

una mínima fracción dejada a la intemperie;

el llanto de la voz, la caricia postergada, Sombra

y nada más que sombra.

“Alguien toca el Dolor como si tocara un violín "

lo desmedusa, lo corroe. Sangre iluminando,

sangre regada en todas partes.  

Algo cruje, roe

mar hecho de lava, mar hecho de polvo;

cementerio cicatriz que abre y no coagula

que quiebra el sonido

y me revienta.

Aquí yace la voz y la mirada; lo que muerde,

mi nombre ardiendo en tanta lluvia, en gaviota.

Aquí vuelvo a decir que soy izquierdo,

zurdo de voz y de quejido; como un hilo de acero del que pende

el llanto ya difunto.

Zurdo. Dalí Corona

 

Nunca tomé café, aunque he de reconocer que varias noches fueron toleradas gracias a las cantidades industriales de cocaína que por mi nariz entraban, gracias al invidente boticario que me surtía de todo tipo de pastillas. No bebía mucho, si a caso, un par de cervezas y algo de ron para aflojar los sendos gramos que se atoraban en mis manos y garganta.

Con el paso del tiempo, el cuerpo, nunca fiel a mi, se amotinaba en las mañanas y me hacía quedar en cama hasta llegada la tarde.

Me levantaba, tomaba un poco agua o coca-cola, iba al baño y, sentado en la mesa, me daba un par de líneas antes de abrir el libro que se había quedado cerca de la máquina, listo para ser, una vez más, comenzado a leer. No recuerdo haber leído un libro entero en ese tiempo; por lo regular, mis lecturas eran bastantes desordenadas y mezclaba a Proust con Kafka , algo de Vallejo o Valery con novela histórica, o de forma más atroz, pedazos de Quasímodo con Paz.

 

He aquí que vuelvo a la tranquila plaza:
en tu balcón oscila solitaria
la bandera de fiesta ya pasada.
-Regresa -digo. Mas sólo a la edad
que anhela sortilegios burló el eco
de las cuevas de piedra abandonadas.
¡Cuánto ha que no responde lo invisible
si llamo como antaño en el silencio!

Salvatore Quasímdo

 

Bajo tu clara sombra
vivo como la llama al aire,
en tenso aprendizaje de lucero

Octavio paz

 

Fumaba mucho, bueno, sigo fumando mucho; la ley anti tabaco no ha llegado ni llegará a mi casa. Aquí, es territorio libre y soberano.

 

Recuerdo también, que por aquellos años empecé a ver más cine; si no había dinero para el truco, salía a rentar películas. El gordo que atendía el video club ya me conocía y nunca me cobraba o lo hacía a medias. Así pude ver Dead Man Walking y todo Woody Allen, así vi Naranja Mecánica y una trilogía de cine porno llamada Ellas contra el mundo.

Salía con frecuencia, por lo regular a bares cercanos o a alguna reunión de amigos cocainómanos.

Caminaba de noche ahogado de borracho y una vez me quedé sin dinero y sin camisa en una de las esquinas que dan a palacio nacional. Me quede dormido, aunque dicen quienes me conocen y me conocieron en ese tiempo, que lo más seguro es que me hubiese desmayado. Lo cierto, es que todavía hoy, no recuerdo que pasó ese día. Sólo recuerdo los golpes del gendarme para que saliera del separo.

 

Quizás ni el Carbono 14 será capaz de reconstruir los hechos verdaderos
Ya no son los tiempos en que un pintor naturalista
rumiaba los excesos del almuerzo entre movimientos
                  de gimnasia sueca
& sin perder de vista los tonos rosazules / de flores
   que no habría adivinado ni en sus más dulces pesadillas
-Somos actores de actos infinitos


  & no precisamente bajo la lengua azul
      de los reflectores cinematográficos-

Mario Santiago Papasquiaro

 

Mujeres por mi vida, han pasado algunas. Muchas guapas y otras no tanto. Unas listas y otras, francamente, ni para qué decir.

 

Dividamos buenamente este dolor.

Que una parte de la herida

Le quede a cada quien.

Dalí Corona.

 

De ese tiempo, me quedan muchas cosas: una nariz rota, un diente despostillado, un tatuaje en el brazo derecho que no sé ni qué es, Emiliano, y varias cicatrices que son  prueba fiel de un sin número de batallas perdidas.

 

Me quedan también buenos amigos: uno que vive en Veracruz, otro que sigue vendiendo atrás del metro Portales y una amiga que no sé dónde se halle, pero que recuerdo con frecuencia. ¡Ah!, qué borracheras Jimenita. ¿ te acuerdas?

 

Este lánguido caer en brazos de una desconocida,
esta brutal tarea de pisotear mariposas y sombras y cadáveres;
este pensarse árbol, botella o chorro de alcohol,
huella de pie dormido, navaja verde o negra;
este instante durísimo en que una muchacha grita,
gesticula y sueña por una virtud que nunca fue la suya.
Todo esto no es sino la noche,
sino la noche grávida de sangre y leche,
de niños que se asfixian,
de mujeres carbonizadas
y varones morenos de soledad
y misterioso, sofocante desgaste.
Sino la noche de la muchacha ebria
cuyos gritos de rabia y melancolía
me hirieron como el llanto purísimo,
como las náuseas y el rencor,
como el abandono y la voz de las mendigas.

La muchacha ebria. Efraín Huerta

 

Ahora, cuatro años adelante. He aprendido a escribir con gritos y chillidos. He aprendido a no soltar el verso cuando Emiliano pide una película o un poco de atención. He aprendido a no beber de manera desmedida, a contenerme cuando alguien saca la maldad en una fiesta.

 

Emiliano ya camina bien, aún no come alimentos muy sólidos,

pero parece será fanático del chocolate.

Yo le doy un poco de vez en cuando.

Me parece importante que a esta edad

identifique sabores distintos y fuertes.

Suelo leerle versos pequeños

cuando está de humor para escucharme;

leo en voz alta a Pessoa y a Cervantes

mientras él me mira desde el fondo de sus ojos

con una extrañeza que devora los sentidos.

Leo Voltario y algo que no sé aún si llegará a ser poema.

 

"He visto caer relámpagos sobre la crin de un sueño sin reposo;
los muros y las trabes de la palabra lluvia
heridos en su conformación más íntima.
He visto, como si se tratara de un entierro,
parvadas de buitres que a su paso
dejan caer constantes sus gotas de aluminio".

 

No dudo ni un minuto

que entienda de qué le hablo,

creo, más bien, que se pregunta

de dónde me sale tanto dolor e incertidumbre.

¿Cómo explicarle nací con el alma acribillada?

Emiliano. Dalí Corona

Escribo, si, más que antes; a pesar de tener saturado el día y aún cuando pensar en ella, en mi Negrita, me ocupe toda la mañana.

Sigo poniendo a Dylan y a Jhonny; Madame George sigue sonando y yo no paro de leer. No paro de pensar en ella. En sus muslos, en sus ojos, en sus pechos juguetones y en esa sonrisa capaz de contraer el mundo.

 

Y sucede, amigos, que ya no puedo ver las tardes como antes,
que me cuesta trabajo asirme de la lluvia
como si fuera un crisantemo.
Sucede que de pronto, ingenuamente,
se me vino a instalar en la mirada
un séquito de pardos ojos
-figuras galopantes propias
de climas más extremos-
Y sucede que también así, como por arte de magia,
la idea que tenía del mar
ha tomado otro cauce; ha llegado a residir
colina abajo,
donde la noche parece ser
una bestia escalofriante a punto de parir incendios.
Sucede que he cambiado dirección
y número de usuario para el banco;
que mi licencia para manejar
se ha quedado de rehén detrás de una cortina,
entre muros.
Que la fe,
aquella que me hacía robar el mar
y alojarlo igual que Enrique
ya no da ni para colectar granos de lluvia,
ya no da para enfrentar gaviotas.
Y es que sucede amigos,
que ayer la pude ver horizontal
por la mañana.

Horizontal. Dalí Corona.

 

  

No reniego de todo lo que he hecho, no me arrepiento de nada, al fin y al cabo, mi sangre aunque plebeya, también tiñe de rojo.


Escribir Comentario
Nombre:
E-mail
Título:
Comentario:



Código:* Code
Enviarme un email cuando haya nuevos comentarios en este artículo


Marcar como favorito (32) | Cite este artículo en su sitio | Views: 573

  Comentarios (2)
Excelente
Escrito por Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla , el 11-06-2008 21:30
Mi estimado Dalí,que te puedo decir, sino que excelente artículo. Me gusto mucho como enhebras los recuerdos de un pasado pasado de lanza, con un presente sino armonioso sí muy brillante con tu poesía y la poesía en general. 
Me agrado. Muchas felicidades
Escrito por ZebraZurda, el 17-05-2008 14:13
DE pos si no dejan comentarios, ahora con tanta restricciòn, menos.
 
< Anterior   Siguiente >
Este sitio es apoyado por: