| Legalicen a Mari… la iguana |
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| por Antonio Andrade | ||||||||||
| 04 / 2008 | ||||||||||
CAPITULO XIILegalicen a Mari... la iguana
Hoy por la mañana, camino al centro del saber, la educación y el aprendizaje obligatorios, escuché a dos señoras que conversaban y no las escuché por metiche ¡no! las escuché porque las muy educadas hablaban casi a gritos, -como cuando estás en una disco y quieres platicar con la novia o con los cuates, solo que ellas iban en el microbús, no manchen señoras, no hagan eso por favor, a nadie le interesa si su hijo se partió la cara al resbalar con la cáscara de plátano que su marido dejó en el suelo de la sala después de comérselo por recomendación médica ya que le estaban dando unos calambres muy mamones, en serio, tampoco queremos saber del irresponsable insemineitor con el que se casó su hijita de diecinueve años que ahora no tiene trabajo y si su hija con ocho meses de embarazo debe salir a trabajar, como carga bultos en el mercado para poder llevar algo que comer al bruto del sillón que la preñó, creo yo que solo le incumbe a usted, a su niña, al nieto en camino y a su comadre, así que dejen de atormentarnos con sus gritos por favor- acerca de la crisis económica, los altos costos de los productos de primera necesidad y los bajísimos salarios de los trabajadores. Escuché también, como culpaban a cientos de personas de aquel problema y como buscaban o proponían soluciones, sin darse cuenta de que se estaban ahogando en un vaso de agua (imagínate, le daban vueltas y vueltas al mismo asunto y lógicamente cada ves eran mas las interrogantes y los reclamos, hasta el tono de voz era cada ves mas alto), la conversación se ciclo convirtiéndose en una discusión, indiscutiblemente tonta, repetitiva, aburrida y sobre todo absurda. Al bajar del microbús y durante todo el día, estuve maquinando un planecillo, el cual no sería llevado a cabo hasta quedar perfectamente bien estructurado, planeado y sobre todas las cosas aprobado por los cuates, estuve haciendo los planes durante toda la mañana y gran parte de la tarde, este sí que era un plan extra-orbitante, pensé que hasta podría llegar a ser perenne, imagínense, “que pasaría si en México, se legalizara la cosecha, la venta y el consumo de la marihuana”, este era mi máximo atrevimiento desde que tengo uso de razón. Ya no estaba hablando de un simple experimento infantil ¡no!, mas bien se trataba de mi pase definitivo a la trascendencia, sería posible que apareciera en los libros de historia como el padre de la solución al problema económico del país y mi biografía aparecería en todas las enciclopedias del mundo, hasta en la Encarta, con fotos de perfil y de frente ja, estaría bueno eso ¿no?
Y así, sin mas ni mucho, reuní a mis más fieles compatriotas del colegio (en esta reunión excluí a Raúl, ya que con él tendría una discusión más profunda, más adulta, a solas y sin límite de tiempo), los senté en torno a una mesa que no era precisamente de cantina como dice el poema ¡no!, sino en la de una sala modesta en casa de mi sacrosanta jefecita. Repartí las sodas, serví las papas, encendí un cigarrillo y con voz pausada y palabras rimbombantes dije: “pues bien compañeros míos, los he mandado llamar (lo cual era mentira ya que me limité a llamarles por teléfono personalmente, pero esta parte debía ser incluida para darle mayor seriedad al asunto) para que me den su opinión, la cual, será apuntada en la libreta táctica de un servidor, acerca de la solución al problema económico de nuestro país por medio de la legalización de la cosecha, la comercialización y el consumo de la marihuana. Quiero escuchar que opinan, así como las ventajas y las desventajas que encuentran en este proyecto”, todos se quedaron pasmados, ya sabes, así como que dándole vueltas al asunto, la escena era genial, todos los presentes pusieron cara de “¿que onda?” encendieron nerviosamente sus cigarros, tabiros, chubis-dubis, tabacos, pitillos, churrines, rubíes o como ustedes le gusten decir a esas cosas que producen cáncer en los pulmones por medio de la inhalación de nicotinas y alquitranes. Escuché cosas bastante estúpidas e insulsas, respuestas impregnadas de incoherencia e inocencia, y sobre todo noté una marcadísima falsedad en las posturas que tomaban mis más allegados que, entre más hablaban, más se des-allegaban de un servidor. De esta reunión de pensadores que en ningún momento fueron capaces de pensar, no obtuve ninguna información importante, y para ser sinceros, solo obtuve idioteces como: “la marihuana originalmente era un medicamento así como el L.S.D, la morfina, los hongos y la heroína (que nada tiene que ver con batichica o la mujer maravilla ¿okey?)” eso era más que obvio, también la mezcalina, el peytol, la coca, todas las drogas fueron y a la fecha siguen siendo utilizadas como medicamentos, pero yo no quería escuchar ese tipo de cosas, sino las ventajas y las desventajas que acarrearía la legalización del cultivo y el consumo de la marihuana. Mi pobre libreta quedó en blanco, y mi cerebro un poco perturbado por aquella inculta e incongruente reunión, de la cual, había sido víctima esa tarde soleada, -como las que hay en Cuernavaca, ya las has de haber visto ¿no?, el sol en todo su apogeo, la brisa cual caricia sutil en el rostro, el calor a flor de piel, todos en bermudas chupándose unas pecsis y disfrutando de aquel maravilloso paisaje, hace tiempo que no me descuelgo por Cuernavaca. Me acuerdo que hace mucho fui a una cabaña con unos amigos, que buena onda, nadamos en la cascada, pasábamos el día entero caminando por el monte y en las noches nos íbamos de parranda a la Plaza del Zacate donde los bares parecen no tener horario, todo el día abiertos, ja. Me acuerdo que de regreso, en la carretera, la hermana de uno de mis amigos y yo nos agarramos a besos y lo mejor de todo es que el amigo aquel, se quedó en Cuernavaca y se enteró de todo hasta dos o tres días más tarde. La bronca de a de veras fue cuando se enteraron sus papás, uy, no les hubiera dicho nada el maricón de su hermanito, imagínate: que ese guey no tiene futuro, que que esperas de un pobre monito con aires de intelectual, no nos gusta que andes saliendo con amigos de tu hermano y bla, bla, bla de esos que acostumbran aventar los padres de familia cuando se niegan por completo a algo, cuando dicen nel ni madres, es nel ni madres y punto, si hasta he pensado en llamarle pero como que no me animo, en fin, ya será otro día, ps, ¿a poco no? Y te cuento-.
Asqueado y desilusionado por aquella chusca exposición de ideas erradas, cerradas y borradas, decidí hablar con Raúl, mi brother, mi valedor, mi carnal, mi vato loco for ever, mi confidente, mi “my”, mi mamador o como dirían los fresas “mi cuaderno de cuadro grande y espiral de acero”. ¡PUTA¡ que gran diferencia era hablar con este cabrón, de sus labios emanaban coherencia, palabrejas raras, no solo ideas sino conceptos hechos y derechos. Hablar con Raúl era como hablar con Krishna, Buda, Platón, Vatsyayana, Sócrates, Sófocles, Eusebio Ruvalcaba o cualquier otro pensador maravilloso, solo que él era solamente un joven, así como yo no sé quien.
¿Sabes que lector?, después de leer todos estos nombres como que me acuerdo de un pasaje de mi vida bien bonito, ¿quieres que te lo cuente?, tomémoslo a modo de sub-capítulo, es la historia de mi segundo experimento existencial cuando una ideíta que ya tenía tiempo rondando mi aún joven e inexperta cabecita, tomó forma una de esas tardes en las que regresa uno del colegio, era esta, otra decisión importantísima en mi vida (la cual era muy corta en estos momentos), haría otro experimento mafufo para comprobarme a mí mismo que los seres humanos, (no importando la edad) eran extremadamente abstractos y estrechos de pensamiento por lo menos en su mayoría. Comenzaría mi carrera como todo un estudioso de la literatura tanto de la clásica como de la contemporánea, -ya sabes, desde Dante Alighieri, Franz Kafka, y Vatsyayana, hasta Benedetti, José Agustín, y el maestro de maestros Ruvalcaba-, así que comencé a ahorrar mis domingos, los cuales mi madre me daba cada viernes para que, según ella me comprara dulces y golosinas en la tienda de Don cuco quien, por su larga trayectoria en esta vida, perdía los estribos con facilidad, o como se dice en el caló juvenil se le iban las cabras, se le alborotaba la hormona, se ponía loco, se ponía punk, se engorilaba, gritaba y se desesperaba con enorme facilidad ja, para comprar libros usados en la esquina que se encontraba en las afueras del colegio. Todo el experimento iba viento en popa, la gente, maestros, compañeros de clase, mi madre, y hasta la misma Eunice –te acuerdas de ella, es mi ex novia, la que se fue a Querétaro con sus papás ¿estamos?-, se sacaban de onda al ver que, todo lo que hacia era leer y leer, en serio, si hasta mi madre me decía, “no se de donde lo sacaste, si tu padre es un burro que no lee ni las multas de tránsito y yo solo agarro los libros para cambiarlos de lugar o sacudirlos”. El problema comenzó al momento en que tuve la maravillosa idea de comprar el siempre enigmático Kamasutra, con el cual, solo conseguí veinticuatro largas y tediosas sesiones con un psicólogo en la colonia Polanco, al cual se le hacia muy graciosa mi forma de ver a los humanos de los cuales, dicho sea de pasadita, él no estaba excluido. Yo siempre buscaba la forma de hacerle enojar, exasperar, molestar, irritar, encabronar, salir de sus cabales o eni guey, pero al parecer, su paciencia llegaba a un grado tal que, ni mis peores blasfemias y comentarios en su contra, lograban sacarlo de sus reducidas y limitadas casillas. Durante veintitrés sesiones no conseguí esta meta, hasta que en la vigésimo cuarta sesión, la última, la más importante de todas, el veredicto final sobre el contenido de mí ahora culto cerebrito, con mi madre presente, eché garra sin piedad de una de mi más preciada carta bajo la manga, y así, con toda la alevosía y ventaja posibles, es más, yo creo que hasta con sangre fría, sacando a relucir la casta, el colmillo largo y retorcido, dejando ver el cobre, le solté mi más sarcástico comentario: “a mi se me hace que, el que requiere realmente de un psicoanálisis, ya que me he tomado la molestia de estudiarle a fondo, es usted, mi estimado conocedor de las ciencias Freudianas con título dudoso”, ¡no lo podía creer, el viejito se puso como loco!, gritó en un tono un tanto cuanto imperativo que saliera inmediatamente de ese lugar (mejor conocido por las masas como, consultorio particular), orden a la cual mi siempre santa fabricante hizo caso omiso, y en lugar de sacarme de ahí, unió fuerzas con aquel encrespado personaje cabeza de nube, y entre los dos me conectaron de hit una santa regañada que, nunca de los nuncas será por mi agradecida. Así es lector mío, mi segundo experimento había sido todo un fracaso, gracias a la extra-ilimitada incomprensión de los seres humanos, y comencé a pensar en retirarme de mis estudios humanísticos, y entregarme de lleno a las mieles de la normalidad existencial. Pero en fin, continuemos con estos rollos de la legalización de la marihuana ¿no?
Bueno, una ves tratado el tema con tan iluminado filósofo o sea mi cuate el Raúl, nació la Teoría de la mejora económica nacional, gracias a una planta extremadamente buscada y mayormente oprimida por la ley, la cual, me he atrevido (nótese la osadía) a incluir en este libro que ocupará tan solo un espacio más en la biblioteca personal de cada lector.
Teoría de la mejora económica nacional, por medio de la legalización de la cosecha, la comercialización y el consumo de la marihuana.
1) La gente se queja de la crisis económica en México y al mismo tiempo no hace nada para solucionarla. 2) La gente y el gobierno se quejan del consumo de marihuana en México y al mismo tiempo no hace nada para solucionarlo. 3) Los jóvenes se quejan de los altos costos de la marihuana y las dificultades para conseguirla. 4) Los jóvenes se quejan de las persecuciones y golpizas de la policía por consumir marihuana en la calle. 5) A su vez, los policías se quejan y repelan de la juventud drogada y la oprimen. 6) Los campesinos se quejan de la falta de trabajo en el campo y emigran a las ciudades creyendo que encontrarán mejores oportunidades. 7) Los narcotraficantes se quejan de que sus cabezas tengan precio e invierten fuertes sumas de dinero en protección y transporte. 8) El gobierno se queja del gasto anual que produce el narcotráfico.
Pero... ¿se han puesto a pensar en lo que sucedería si se legaliza el consumo de la marihuana?, no ¿verdad?, pues, pasaría casi nada, primera-mente; para cultivar marihuana se necesita gente que cultive la tierra ¿no?, lo cual solamente crearía má fuentes de trabajo para los campesinos y disminuiría el índice de migración a las ciudades, también se tendrían que hacer cigarrillos, cajetillas, publicidad, reparto y distribución etcétera, etcétera. Se necesita gente que trabaje en ello también ¿no?, lo cual solo nos da como resultado, más empleos. Segunda-mente; el extranjero capitalista invertiría grandes cantidades de dinero en esta empresa cien por ciento nacional, lo cual solo significa una cosa, mejoraría la economía (siempre y cuando el gobierno no se clave la lana ¿verdad?). Terceramente; el narcotraficante ya no sería un corrupto y sucio narco ¡no!, sino que pasaría a ser un importante empresario. Cuartamente; los jóvenes ya no tendrían que fumar a escondidas ni preocuparse por los polizontes perseguidores, para esto tendrían que crear una cadena de mari-bares o mariguanódromos con lo cual ya tenemos más empleos, más movimiento interno del capital, más impuestos (siempre y cuando no se los roben ¿verdad?) y menos drogos en las calles.
Pero observemos también las desventajas de todo esto.
La primera; los disturbios que ocasionarían los jóvenes en las calles serían múltiples, lo cual solo nos trae como consecuencia a un sin fin de señoras mitoteras haciéndola de jamón en la procuraduría de justicia. La segunda; las cigarreras mexicanas perderían clientela así como las bebidas alcohólicas y los chocolates. La tercera; las cárceles no se darían abasto por el exceso de chavos argüenderos y faltos de rectitud.
Y así, podría seguir enumerando ventajas, porque como podrán ver las desventajas son muy pocas. Digamos que es el pequeño precio que tendríamos que pagar por ser un país primer-mundista, pero da la pequeña casualidad que decidí solo incluir en este mi libro, los puntos más importantes y a ver, dime que no, ja.
Todo estaba bien ¿no?, lo bueno, lo malo, todo el texto estaba perfecto, cero errores, todo perfectamente calculado, fríamente pensado, ni un solo detalle flotando en el aire pero... ese no era el problema, el problema comenzó justo desde el momento en que lo pasé a la computadora, le saqué copias y lo repartí por toda la escuela, este sí que fue un grandísimo acto de estupidez de mi parte, ya que no contaba con la cerradez mental de los humanos ante la exposición de nuevas ideas que aunque radicales, nuevas propuestas ps, ¿a poco no?, para mejorar tanto sus vidas como la de futuras generaciones, y como era de esperarse, me mandaron llamar, y después de un riguroso análisis a mi historial escolar, fui expuesto a un sermón de aproximadamente dos horas, y un montón de llamadas para localizar a mi madre, el siempre culto (y eso si me consta) director del siempre recto centro del saber y la enseñanza obligatorios decidió darme de baja, correrme, expulsarme, ponerme de patitas en la calle, abrirme a la ver..., o como se les antoje decirle al hecho de poner un pinche sellote de “baja definitiva” en la boleta de calificaciones, al ver esto solo tuve un camino, que a su vez tenía dos consecuencias, si lloraba, podría conseguir mi absolución total o podría acelerar el proceso de expulsión, y para no hacerles el cuento más largo, en cuanto comencé a llorar, el director me ordenó que saliera inmediatamente de su oficina, y del colegio, y para que contarles la sacrosantísima cagadota que me acomodó mi madre al llegar a la casa ¿no? Mejor se los dejo a su imaginación (la cual espero que sea tan amplia como la de un servidor, que realmente tiene la suficiente como para escribir lo que están ustedes leyendo. Tampoco les estoy pidiendo que escriban algo así, ¡no! sino que tan solo se imaginen los regaños de mi madre que al parecer se puso de acuerdo con el director para decirme, “bien muchachito, ahora tendrás que rascarte con tus propias uñas para encontrar en donde estudiar, gracias a tus chistecitos de la legalización de las drogas o como le quieras llamar ps, ¿a poco no?”, ¿que demonios había dicho? (ps, ¿a poco no?) esa frase yo la he utilizado desde que tengo uso de razón, desde pequeño, desde que la maquinaria de mi avanzado cerebrito comenzó a trabajar, desde que conocí los sinónimos, era algo así como mi sello personal y ahora estaba siendo utilizado por una persona que desconocía su verdadero significado, persona a la cual, dicho sea de paso, le debo el 50% de mi nacimiento, ya que el otro 50% se lo debo a un ser del sexo masculino del cual desconozco el nombre y la procedencia (no porque mi madre fuera una loca cuando joven, definitivamente ¡no! sino porque realmente no lo recuerdo). En fin, así las cosas, salí corriendo de casa frustrado, desesperado, qué haría ahora, rascarme con mis propias uñas simplemente significaba una cosa, tendría que buscarme un trabajo y una escuela por mi cuenta y ni hablar de vivienda, alimentación etcétera, etcétera.
Poco a poco fui disminuyendo la velocidad de mis pasos hasta que comencé a caminar, de pronto me di cuenta que mi carrera me había llevado a una calle desconocida y desolada, hacía frío ya, pues la noche comenzaba a caer. Paso a paso me adentraba más y más en aquella oscura calle, cuando de pronto tropecé con algo que después descubrí que no era algo, por que me gritó “por que no te fijas animal”, uy, discúlpeme por favor señor, es que no lo vi, “si ya me di cuenta, baboso” se levanto tambaleándose, como que estaba borracho, me medio vio o al menos lo intentó, se miró la mano, se la escupió y la secó con su saco, la puso frente a mi y me dijo “yo soy el perro carnalito y este es mi terruño” le di la mano más por costumbre educativa que por gusto, “ja, ja, ja., que haces por aquí ¿eh?” pues nada realmente, salí a andar sin rumbo y aquí me tienes. Me invitó a sentarme y me empezó a platicar, “¿sabes que yo era un artista?, hacía pinturas y esculturas, incluso hasta monté exposiciones en varias ciudades del país, pero como siempre, nada, la verdad es que me tomé la mayoría del dinero que ganaba y un día se acabaron los eventos, las pinturas, los materiales y yo ya no tenía más con qué comprarlos y aquí estoy, pero que diablos –y empezó a hablarme en secreto como confesándome algo- mañana salgo para un país donde los sueños se hacer realidad, donde el sistema no te convierte en un títere, donde puedes hacer y des-hacer a tu gusto, mañana seré un hombre nuevo”. El perro comenzó a quedarse dormido mientras balbuceaba el nombre de aquél país maravilloso, pero no le pude entender. Decidí pasar la noche ahí, en el suelo con el perro y ya mañana decidiría que hacer, busqué un pedazo de periódico para taparme un poco y me quede dormido así, sin más ni más.
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