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Tristessa, la Guadalupe Beatnik Imprimir E-Mail
por Javier Moro   
04 / 2008

Junio de 1950, Denver, Colorado. Después de una francachela aterradora, tres sujetos abordan un destartalado Ford 1937 para dar inicio a un viaje alocado, místico, que se convertirá en leyenda. Un viaje que terminará en la antigua capital de los aztecas: Jack Kerouac y Neal Cassady emprendían un viaje seminal que daría por resultado una de las obras cumbres de la literatura norteamericana: En el camino (On the Road). Obra que sacaría a miles de jóvenes a recorrer miles de kilómetros de carreteras a mochilazo limpio.

Obra que marca un estilo libre de escribir, lleno de altibajos místicos: más parecido al jazz, o a la música que a cualquier otra cosa que se hubiera publicado hasta ese momento. Kerouac y su estilo vibrante, ágil y rotundo marcaría a toda una generación e iniciaría la era de Acuario, con la búsqueda desenfrenada de Paz y Amor por parte de los hijos putativos de la generación beatnik, los hippies, quienes escudados y armados de los libros de Ginsberg, Burroughs, Kerouac, Leary, entre otros, buscarían cambiarle la faz de su país.

La odisea realizada por Kerouac en 1950 en su primer viaje a México le serviría al autor para convertir a México en su enclave secreto, su ancla a la realidad, su refugio. Para Jack, México y en especial los mexicanos conservaban dentro de sí la semilla de la inocencia, las virtudes religiosas propias de los pueblos que han logrado conservar un pie en la inocencia, mientras el otro da el paso hacia la modernidad. En México Kerouac encontró hospitalidad y furia, burla y alegría, un sincretismo religioso y una bondad que no encontraba en su país.

Kerouac abandona los Estados Unidos, un país en plena bonanza económica, gran triunfador de la Segunda Guerra Mundial, un país en la que todo el mundo esperaba comprar su casa en los suburbios y mantener sus dos autos nuevos en el garage. Y lo abandona para entrar en el sucio sur, en el desenfrenado México. Un país que lo recibe con una disentería galopante y que lo obliga a quedarse varado por varios meses en el departamento que William Burroughs, su amigo, maestro, guía y confidente, rentaba en la Cerrada de Medellín 37 (hoy José Alvarado), en la colonia Roma, junto a Joan Vollmer.

Esa primera estancia en México le servirá a Kerouac para enamorarse del país y tomar el aliento necesario para que a su regreso a Nueva York terminar de escribir En el camino a una velocidad inusitada.

Una vez que Kerouac regresa a los Estados Unidos, su viejo amigo Burroughs se desliza en su personal camino a los infiernos. Obnubilado por el uso constante de drogas duras, Burroughs mata accidentalmente a su pareja Joan, al intentar emular la hazaña de Guillermo Tell y dispararle a un vaso que ella se había colocado sobre la cabeza. Una muerte instantánea, que sin embargo tuvo la virtud de impulsar a William a escribir con seriedad.

La trágica muerte de Joan deja varado a Burroughs en México, en donde enfrentaba el juicio en libertad y tenía que ir a firmar todos los lunes a la penitenciaría de Lecumberri. Burroughs se fue a vivir al departamento de Orizaba 210, en donde recibió la visita de Kerouac en 1951.

De inmediato Kerouac y Burroughs compartieron su encuentro en México. Con un amigo de Will, David Tesorero y la esposa de éste, Esperanza Villanueva se fueron a pasear por las montañas y por Teotihuacan. Fue justo en esta segunda visita que Kerouac le recomendó el título del “Almuerzo Desnudo” para la novela que Burroughs estaba escribiendo, y que terminaría años después en su exilio de Tánger.

Esa visita además dejaría una semilla sembrada que daría sus frutos un par de años después, en otra visita que Jack realizaría a México, buscando olvidarse del rechazo de la crítica y el alejamiento de los amigos. Jack se instaló en los altos de Orizaba 210, en un cuarto de azotea que se encontraba justo arriba del otrora cuarto ocupado por Burroughs. Ese cuarto era ocupado ahora por Bill Garver, otro amigo drogadicto, quién seguía viendo a Esperanza, el amor imposible de Kerouac. Esta relación daría pie a una de las mejores novelas extranjeras jamás escritas en México: Tristessa.

Esperanza es para Kerouac la personificación del espíritu mágico-religioso del pueblo mexicano. Tristessa sería la puerta a la redención, a la pureza. Tristessa nos hablaría con la verdad, nos marcaría el camino al cielo. Para Kerouac, Esperanza es Guadalupe, la virgen morena que sufre en silencio, que soporta el dolor de todo su pueblo. Es la encarnación fehaciente del dolor. Para Jack, Esperanza y su entorno constataban que la vida en el mundo es sufrimiento.

Esperanza Villanueva, alta, delgada, morena, prostituta, drogadicta, heroinómana, es la mujer de la cuál Jack se enamora, la mujer, fuente de toda sabiduría, que sufre en silencio y todo lo espera. Esperanza es la mujer a través de la cual nuestro autor busca desprenderse de todos los males terrenales que lo aquejan. Tristessa es un jazz triste, con profundas huellas del budismo que el autor utilizaba en su búsqueda interna de paz, y sosiego. Paz que nunca encontrará por lo demás, pues Jack morirá en 1969 en Florida, víctima de un alcoholismo que nunca lo abandona.

Jack identifica a la triste y bella Esperanza con la virgen morena, identifica el dolor y el sufrimiento silencioso que la aquejan, con el dolor silencioso con el que los católicos identifican a la virgen. Hay en esa figura utilizada por Kerouac, católico al fin de cuentas, una necesidad personal; una necesidad de absolutos, que Kerouac no encuentra en la materializada sociedad norteamericana y que busca, desesperadamente, al otro lado de la frontera.

En México Jack no encontrará los absolutos, las verdades que lo salven de esa tristeza que lo agobiaba, de esa desesperación que lo consume. No encuentra ni en las fiestas, ni en los prostíbulos, ni en la fealdad de nuestra ciudad, la solidaridad necesaria para abortar su loca carrera hacia la muerte.

Esperanza no fue la solución, no fue el camino: perdida en la droga, enferma, macilenta, Tristessa estaba más cerca de Bill, el amigo drogadicto, que de Jack, estaba más sintonizada con la droga que con el amor: “No quiero amor”, le espetó Esperanza en la cara uno de los últimos días que la vio. No quiero amor, quiero morir, parecían decirle las palabras de Esperanza, quién desapareció, comida por esta ciudad que empezaba su desenfrenada carrera hacia el abismo.

Tristessa es una obra que tardó casi cuarenta años en ser publicada en español, y sin embargo es una de las mejores novelas escritas sobre la Ciudad de México. Una novela llena de buenos deseos y arrogantes fantasías. Una hermosa mujer que rescata a un muerto, cuando ella tiene un pie en la tumba para después desaparecer sin dejar rastro alguno de su existencia; eso sería Tristessa.


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  Comentarios (1)
Escrito por RamsésLV, el 24-04-2008 19:24
"Algo bueno que tiene México: te pones hasta atrás y disfrutas la eternidad todos los días", decía Jack. En lo personal, yo me quedo con la visión hastiada y a la vez embelesada que tenía Burroughs de México, sin Lupes, quizá... 
 
Buen trabajo, como siempre. :)
 
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