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(Anti) crónica de un defeño Imprimir E-Mail
por J. Carlos de León   
05 / 2008
Ciudad de luz.
Material de sueños.


F. Benítez 

...mi ciudad no es solamente una avenida interminable con miles de automovilistas estresados por los salvajes embotellamientos; de autómatas de bronce expulsados del sistema de transporte colectivo, de manifestaciones exhibicionistas que ponen a prueba el pudor de los incautos, de extravagantes corretizas que brindan los puesteros ambulantes, de faenas policiales y extorsiones desvergonzadas a plena luz y videocámaras; no es solamente la carátula de cantera colonial o art decó de algunas colonias que se rebelan al tiempo, ni la ciudad de organilleros renegados soportando treinta kilos de música bajo los rayos del sol, de la retórica circense y telenovelesca de la fauna política en los recintos de Donceles, Xicoténcatl y San Lázaro..., de los ciento setenta y siete puntos imeca que ofenden al cielo, de puentes viales encimados que se van quebrando.

Mi ciudad es una vieja de cara alegre y camaleónica con la virtud de una monja carmelita y la desfachatez de una chica rebelde que no acepta consejos de sus padres, un ser frágil con tendencia al desequilibrio y paranoia constante por los movimientos telúricos. El registro sismológico es la aorta que la rige y cada nueva generación lo sabe. En las aceras, más que indigentes, esquizofrénicos se evaden en garrafas de aguardiente y botes de PVC; en La Villa, la Virgen de Guadalupe elude mirar a la multitud que se desangra por las rodillas. Y cada seis de enero la clonación de reyes magos migra hacia el monumento a la Revolución en pos de la niñez con tradiciones...

La salvación está en los anuncios publicitarios, y Dios en las iglesias; en la clasificación de la ciudad más grande del mundo reflejo del falso progreso, en el trajín de albañiles que levantan distribuidores viales a la altura de una ciudad europea, en los microbuses con dolby stereo donde nadie se atreve a bailar, en los puestos de garnachas grasosas que deleitan los paladares más exigentes, en el rumor de uso de carne de perro en los puestos de tacos, en la central de abasto que es paso de narcos, proxenetas y almacén de cadáveres, en la centralización de los pésimos programas de televisión y radio, en el anhelo de los viejos habitantes y el fanatismo provocado por Juan Diego canonizado, en los ínfimos atentados terroristas que causan indignación mocha en las autoridades policíacas, en la autoasignación de lugares históricos para la promoción política, en los mercados de raigambre y la unión de inútiles organizaciones vecinales, en las armerías ocultas bajo el barrio bravo, en las universidades que arrojan profesionistas chatarra, y las elitifascistas que forman a los nuevos dirigentes, en los monumentos de héroes olvidados cubiertos por el moho y la caca de palomas.

Mi ciudad tiene pirámides que resurgen como zombis de la tierra, playas improvisadas en colonias donde escasea el agua potable, prostitutas seniles que venden la chocha por 30 pesos y jovencitas por 100, una zona de tolerancia para homosexuales pintada de rosa, estadios de futbol mundialistas y de talla olímpica; un compendio de rastas, góticos, punks, rudeboys, neonazis morenos pero igual de pendejos; siniestros, raperos, intelectuales y escritores reciclados resistiéndose a morir en un sábado de Chopo; zoológicos sin un triste koala, lagos donde se cuecen romances, un aeropuerto donde se filtra el polvo colombiano. Juegos mecánicos importados, carpas de circo, niños que se reproducen en las coladeras. Sonideros que estremecen con música tropical la colonia entera. El caló barbotado por entes salidos de Campeón sin corona o Nosotros los pobres; la ciudad universitaria del peace and love danzando frente al mural de O’ Gorman. El marchante motorizado atravesando cruceros llenos de baches y parabólicas en zonas paupérrimas. Cambios de circulación en horas pico, atención médica gratuita para embarazadas arrepentidas, réplicas de cafés parisinos. La expansión irreverente de los reguetoneros que abarrotan el templo de San Hipólito cada 28 de mes. Puestos de fayuca, juniors prepotentes y los llamados emos por todos lados. Iglesias y sectas que nadie sabe de dónde salieron pero que cuentan con infomerciales en la televisión. Conductores de taxis reconvertidos en analistas políticos y deportivos. Animales al volante, secuestros estúpidos, ambulantes que mantienen en estado de sitio las calles principales. “Por una ciudad de lectores”, “El agua no es reemplazable”, “Prohibido fumar”, “El Púas para diputado”, y viva Esquina bajan!, y Lagunilla Mi Barrio, y Mecánica Nacional y Amarte duele... y “voy, voy, ¿a poco sí muy fufurufo?”, y “Órale, órale, manís, ya bájale a tu broncón, ¿no?.”, y “chiale, ñero, no se pase de lanza con el barrio porque sí lo quiebro”, y “cómete éste... no lo tueste...” ...y sábado distritofederal, pam, pam...

Puntos cardinales de la geografía capitalina marcada por reclusorios; el ángel femenino de la Independencia que le teme al vacío, la antípoda del barroco reflejada en la Torre Mayor. La reminiscencia lacustre de Xochimilco, y el baratillo sempiterno de la Lagunilla, y las señoras de voz gruesa de San Ángel ofertando la cultura, y las cabriolas de Resortes en el Salón Smirna, y Chín Chín el Teporocho, y el América-Guadalajara en el Azteca, y los fantasmas de Lecumberri entre papeles, y la pared balaceada en la casa de Trotsky, y el ascenso intermitente de la Torre Latino, y el santaclós moreno en su trineo, y el Milusos atormentado, y Frida Kahlo con changuito, y la Rebel que se muerde el alma por los Pumas, y los superhéroes nacionales del Six Flags, y adiós a la ballena Keiko, y don Regino Burrón con tijera en mano, y el Metrobús a reventar, y el osito panda echado, y las Porta Gayola del Faraón de Texcoco en la Plaza de Toros México, y los gritos fantasmales en la Plaza de las Tres Culturas, y la Cabeza de Juárez resguardando del sol a los gandallas de la cuadra, y el Cruz Azul que ya merito alcanza el título, y la vecindad del Chavo, y Pedrito el de Los Olvidados, y la copia pirata de Marcel Marceau en el jardín de Coyoacán, y Cabeza de Caballo de Sebastián sobre Reforma, y La Bartola en el Califas, y las batallas mitológicas en la Arena México, y el Preciso asomándose desde Palacio Nacional, y el Kid Azteca y Zaragoza deformándose en la Coliseo, y la pista de hielo más grande del mundo, y Juan Volador Envuelto En La Bandera, y los mayoristas de La Merced que no se callan...

Se asustan los tigres de Chapultepec por la visita del vulgo espeso.

Mi ciudad es un punto libre y uno aparte sin censura, un cajón lleno de espejos y una catapulta hacia los sueños, mosaico de posibilidades y contrastes con la cara en alto; un desfile de identidades extraviadas y anormales, un rincón de luchas y protestas, de lagañas y vómito, de intentos y realidades cotidianas; un campo minado para los ingenuos, serpiente que devora almas, eufemismos de don Guadalupe Trigo entonados por Lola Beltrán, irreverencias de Chava Flores y Cantinflas y de narraciones de la XEW.

Como dice un bon vivant de nuestras letras: Aquí nos tocó. Qué le vamos a hacer. ...al fin mexicas, pero con ipods y celulares. La gran Tenochtitlán globalizada... en la ciudad sensual, llena de gestos e inmune a cualquier afrenta, así la cubrieran incluso de tierra.

 

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  Comentarios (5)
y recordo
Escrito por Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla , el 02-06-2008 12:51
uy que recuerdos y pensar que ya hace mas de seis años que no estoy por alla.... muy buen retrato!
Escrito por jcarlos, el 27-05-2008 14:57
agradezco sus comentarios. saludos.
Escrito por Isidoro Guerson, el 25-05-2008 13:58
Excelente trabajo
Divertido...
Escrito por Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla , el 21-05-2008 17:18
Me parece ésta una descripción detallada, muy rica, divertida y, si me perdonas la expresión, hasta romantica... es bueno. Me gustó...
Escrito por RaMséSLV, el 19-05-2008 20:11
Parece que eres muy buen observador... es un buen esbozo de esta ciudad que, a mi juicio, es una de las más horribles del mundo, pero que, debajo de su piel, si eres un poco perspicaz, puedes encontrar más de un motivo para escribir. Muy bien; me agradó.
 
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