| El arte no basta |
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| por Noelia Montero | |||||||
| 06 / 2008 | |||||||
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Luego de un tiempo, creo que está bien volver enfrentarme con la blancura del papel para así convencerme a mí misma, de que esta columna no es un gesto egocéntrico sobre el mal en el mundo. Y mientras me pregunto como narices se abrirá mi boli nuevo, pienso que el término arte ha sido protagonista de múltiples debates y enfados interesados en desentrañar su significado. En los últimos diez años hemos visto de todo: artistas que retan al espectador con triturar en una licuadora a un pobre pez, una lámpara encendida en una mesa, luces de colores reflejarse solitarias sobre el lienzo o cabezas gigantes cubiertas de musgo que acumulan tickets. ¿Y queréis que os diga por qué esto es arte? Según aparentes estudiosos porque está dentro de un museo (gilipollez). Ni por asomo todo lo que se expone dentro de un museo es arte, si no visiten el MARCO de Vigo y admiren a un Batman enfadado que cuelga del techo, ¿eso es arte? Entonces, yo caperucita esperando para que el lobo me coma. En fin, pasando de mis teóricos entendidillos preferidos, me voy a quedar con la próxima definición, producto de una borrachera contemporánea: “esto es arte porque no se le ocurrió a nadie más”.
¿Aunque qué es lo más vomitivo? Volvamos a la escuela, a ver si algunos reciben algo de educación; les doy cuatro opciones: -¿Qué haya comisarios interesados en este tipo de actos por el simple interés publicitario? -¿Qué los asistentes a la exposición no desaten al perro? -¿Qué se desprestigie el arte? -¿O qué le den un premio? Es para deprimirse, ¿cómo de bajo hemos caído al permitir que esta clase de individuo se denomine artista? Pero esto no es lo mejor. Resulta que la “Exposición Nº 1” se completaba con quemar 175 piedras de crack, combinadas con marihuana, reproducir el himno sandinista al revés y una inscripción: “Eres lo que lees”, compuesta a partir de comida de perro pegada en la pared más próxima al animal. Un día después de la inauguración y ante el escándalo, la directora de la galería, declaró que el perro se había escapado. Seguro, ¿no se habría muerto a causa del hambre, verdad? Ojalá las personas menos conceptuales tuviésemos el suficiente dinero para comprar a cuatro políticos y que le cerrasen la galería. ¿Saben cual es el mensaje que le intento transmitir hoy a Guillermo con mi escrito?
Eres lo que sientes
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En cualquier caso, no considero ético, ni muchísimo menos artístico, que Guillermo Vargas Habacuc (“el artista”) atara a un perro enfermizo a una esquina de la Galería Códice, en Managua (Nicaragua), para dejarlo morir de hambre y sed ante la vista de todos, y así transmitirnos a nosotros, consumidores de arte, que eso, es una bella forma de reflexionar acerca del paso de la existencia a la no existencia. Vomitivo.


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