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La vida secreta de los malditos Imprimir E-Mail
por Noelia Montero   
07 / 2008

Todo el mundo esconde algún secreto. La incógnita de nuestra morbosa curiosidad es saber cual. Se me ocurrió en su momento titular a este artículo “la vida secreta de las palabras”. Luego me enteré de que un audaz guionista se me había adelantado. Que chasco; porque me jodió el titulo, y por mi incultura cinematográfica.

Es interesante observar a las tribus urbanas desfilar por los escaparates de Dior al más puro estilo de Sex in the City, ¿pero que ocurre en la vida ideal? ¿Las niñas buenas nos vamos con los chicos malos? ¿Las niñas malas le rompemos el corazón a los chicos que merecen la pena? ¿No sabemos ni a quien queremos? ¿Solo pensamos en echar un polvo? ¿Dónde está Shakespeare? ¿A Shakespeare la gustaba más escribir o que le hiciesen una mamada? En fin, que quieren que les diga, “C´est la vie”.

ImageAhora mismo debería estar estudiando, o como mínimo fingiendo que estudio, pero… ¿Por qué será que si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma? (sin ánimo de realizar una plasmación gráfica, no quiero tener amenazas que pongan en riesgo mi estabilidad física). A lo que iba, ¿de qué va el mundo? ¿Por qué se sanciona a una revista al dedicar su portada a los príncipes españoles fornicando? Es cierto, va a ser la primera vez en su vida que desenvuelvan una actividad de tipo laboral (2.500 euros por cada nené, 2.500 “petit suisse” menos para cada niño sin etiqueta). Que vergüenza, deberían los de Rebelde, Rebelde Way, o sucedáneos, representar un musical que salvase a los países de caer en depresión psicológica, porque ya estamos sumergidos en una económica y otra política. Es algo bien precocinado que nos encanta cerrar los ojos y observar como cuatro dictadores hijos de genes acomplejados nos delimitan la existencia a once discursos protocolarios: naces, te bautizas, haces la comunión, te confirmas, estudias, trabajas o haces las dos cosas, te casas, tienes hijos, vas de viaje cada cinco años, te jubilas y te mueres. Que conste en acta que me lo acabo de inventar, no quiero que luego haya malentendidos con el gobierno o con la Sagrada Familia (absténgase la de Gaudí, que si es divina).

Hay que ver las malas vibraciones que transmiten hoy mis dedos, parece que quieran cambiar la manicura francesa por algo de mayor alcance. Aunque para que engañar al lector, nunca me hago la manicura francesa, soy más del Chiki Chiki. Como bien fanfarreó una que va de periodista “estamos en un país de pandereta” (y este mensaje no va dirigido al inventor de una alternativa que critica las estúpidas galas con fin de unificar Europa mediante la canción).

ImageCambiando de campo pero no de objetivo, ¿se dan cuenta como los realitys dominan nuestra capacidad imaginativa?. Ya estamos en Julio; fin de exámenes, relaciones, temporada y colección. Comienzo de quemaduras, vicio y perversión. ¿Qué mejor condimento para nuestras aventuras amorosas bañadas en cerveza y sudor que un programa del tipo The Big Brother? ¡Un clásico fermentado en los edredones de todo el mundo!.

“The Show Must Go On” sobrevivía Los Noventa como un hito de Queen. En el año 2008 lo entona mi bombón homosexual, Jesús Vázquez, para darle más énfasis a la medianoche en un programa llamado Operación Triunfo (nuestro Pop Idol particular).

Nos encanta el calor, la polémica, el cotilleo y el sexo. Quien me diga lo contrario miente o se engaña. Quien me de la razón sufre los efectos de la decepción o está cachondo.

¿Qué les contaba yo en líneas iniciales? Así es la vida,  ¿y hoy por hoy… Quién es ese honrado valiente que la quiere cambiar?

Eso si, como diríamos en mi tierra, con sentidiño.


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