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Antología Apresurada Imprimir E-Mail
por Lucía Cánobra Pompei   
07 / 2008
 Lucía Cánobra Pompei nació en Algeciras, España, el 9 de septiembre de 1979. Tras un breve paso por Argentina y Uruguay, actualmente vive en La Serena, Chile. Es Intérprete superior en Piano y dirige un Taller de poesía llamado “Al sur del sur”. Sus poemas han sido finalistas en concursos en España y Chile. “Desembarcos”, su primer libro, será editado este 2008 por el sello "Prometeo".

Lucía nos envía para PalabrasMalditas, una selección de su trabajo, al que denominó “Antología Apresurada”, en ella, nos regala algunos poemas inéditos, son aquellos marcados con asterisco, y gracias a la autora, ven la luz para ustedes.

 

Ahogo

 

Al filo de una sombra, rezo;

en pos,

desnuda y maldiciente,

tal como esa noche en que dormimos sobre piedras.

 

Era otra vez la misma,

que volvía al cruel confesionario,

que enrabiada

perseguía al aire,

como un lobo a una rata enferma.

 

 


Asfixia

 

Flotó mi cuerpo entre la espuma;

me cubrió mi propio llanto

sin poder siquiera entregarme a la plegaria.

 

Mis brazos se movieron sin asirse de los hombros;

mis piernas restringieron el saludo

y una tibia despedida.

 

Fabriqué lazos, cintas, cuerdas,

y otros tres demonios

a los que exalté en un rezó

que inventé en aquel instante:

 

Donde quiera que haya ido,

el perverso hielo me seduce todavía.

Donde quiera que me encuentre,

no deseo regresar.

 

Ya la nieve he derretido,

o el espanto de la arena incoherente.

 

Me veo envuelta en llamas,

en fuego, en saliva.

 

Me revuelco sobre mí,

provocando un pálido estertor,

y me entrego al sueño, al espíritu imborrable;

y me entrego al aire,

que otra vez me desertó.



Piedad

 

A lo lejos creo oír canciones,
sacras melodías,
brillos de madera negra
y la mirada en muslo y éxtasis.

Ordeno en rito mi cabello público,
aliciente, lacerado.

No sonrío.
Mi ebriedad, apenas, se esconde tras la borra del café,
y mis piernas leves, separadas,
dejan ver la oscura brecha,
renovada tras el sexo de mañana.

Busco entre mis nalgas la señal,
el exacto fin de nuestras llagas.

Sin embargo viene y va,
la fiel cadencia que emociona,
mi lamento,
mi final,
mi estigma único.


Hora del Angelus *

 

Siento el frío en la oración,

siento el fresco y tibio soplo de los santos sobre mí,

siento el agua que se enreda,

siento el árido cemento en mis rodillas

y aquel salmo exhausto

que declama en mis cansadas peticiones.

 

La emoción sonroja el pensamiento,

pide más mientras me me envuelve,

me sacude,

me penetra,

me estimula,

me acaricia,

nubla mi razón,

mis mejillas lo confirman,

mis manos buscan sin saber;

a tientas bimezclada en el confesionario;

me espera el sublime canto de la devoción.

 

Otro día más, otro atardecer,

otra mañana.

 

El camino es misterioso,

siempre lo he sabido.

La experiencia es clara y la duda permanece,

sin embargo se aniquila,

 

a sí misma, a la misma hora,

en el lugar de siempre.


Lejos del Edén

 

Divaga el resplandor,

aprieto, enciendo,

flagelizo entre paréntesis mi ánimo de ardid.

Canto sin saber la melodía;

ensalzo y me entremezclo con los fieles

rumbo a la montaña.

Mi vestido blanquecina,

una luz demente cubre mi cabello,

aún más amarillo.

 

Siento el alma muerta,

o tal vez me angustia el giro de su voz.

Siento que me muero a cada paso,

oigo el rezo sobre el horizonte

y la emoción termina de ocuparme,

usarme, acariciarme;

mis rodillas sienten un breve hilo de unión mística

y completa soy.

 

Ante la evidencia me someto una vez más,

sin apenas escuchar la petición,

mi ruego;

llagas, cuerdas y coronas de universos que me hieren,

las estrellas bailan frente a mí,

la luna mancha en sangre;

soy mujer y santa,

una rata en la cloaca,

se diría,

y el final de mi camino ante esa cruz en ruinas.



Fiebre *

 

 

…se detiene, y se cierne eterna, la lívida luz de un relámpago.

María Luisa Bombal

 

 

Cubierta en lienzos y mortajas,

cambio al norte, mi desmejorada unción;

canto entre paréntesis,

mi hiel, mis manos,

mi frente bajo los carbones,

mi azulejo chañaral que se entre observa

por el tierno trino de las olas.

 

No hay más sol que el imposible,

que este cuerpo que envilece encadenado a la memoria.

Abro las cadenas,

hacia el frío oscuro, arrinconado

y

me rebelo en contra de mi casta juventud.

 

Puedo correr, recién ahora,

luego de años habitados entre imágenes y piedras;

vuelvo al blanco

asimilado por la enfermedad que me consume.

 

Cavo zanjas en la arena

y examino doce llagas que me sangran.

Las aves de rapiña sobrevuelan, cándidas,

cansadas,

producto cierto del delirio amargo.

 

Desvanezco entre millares de cadáveres,

podridos casi todos.

Fantaseo con holgura hacia las nubes

al encuentro del origen, de la luz.

 

Mientras duermo,

vencida por el aire atribulado,

mi piel se extiende y se confunde entre las rocas.

 

Las bestias huyen,

inconstantes,

al evidenciar mi desaparición

o mi caída.



Flor de hielo *

Inoculación lenta,

cándida y estrepitosa;

entre tus postes, luminarias,

mi follaje espeso te recibe,

ansiosa.

 

Estoy abierta en este campo abierto,

la vegetación polar me produce escalofríos

y el fragor revuelve

el lodo entre mis pábulos en sed.

 

Llanto,

me estremezco,

la plegaria de pasión que ya he inventado;

que bendice mi anual incrustación,

o por mi boca que, como un paréntesis,

se adosa al viento circular,

como una rosa inquieta

o congelada...

 


Nada vuela hacia el Oriente *

 

 

…suelta la rienda

en su acostumbrado error.

Sor Juana Inés de la Cruz

 

No regreso al aire,

más que al tímido avatar de una tormenta.

 

No regreso al fuego,

frío,

más que envuelta en sedas negras llenas de pecado:

 

Una voz me agita el alma,

en total entrega y reflexión;

busco el cielo entre los vidrios,

busco el mar revuelto,

la espuma gris de un día gris,

mi fe que a ratos huye sin pavor.

 

No regreso ya –está decidido-;

mi ahogo es inminente,

la conciencia seca,

el recuerdo blanco,

una orden que entre sueños cumplo a medias:

 

Quita ese vestido de tu cuerpo,

y lo demás;

tócame en el punto más cercano a los infiernos.

Ven conmigo hacia las llamas,

 

le respondo con la voz enmohecida.

 

Ven, bendita, al espacio de la luz.

Cuenta el viento entre el cabello,

mi veneno corre por tus venas.

 

Yo me quedo lisa y permanente,

adosada, ineficaz.

 

Como un océano indeciso,

como el tibio rastro de una sombra que se aleja…



Una ley que ya no importa  

No hay más solución que el pensamiento.
No hay mayor alcance en la intuición.

 

 

 

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  Comentarios (3)
...
Escrito por Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla , el 09-08-2008 11:51
Nuevamente de mí me engaño 
A decir de la flojera, decir un basta es suficiente. 
A decir de la mentira no hay verdades que nos alcancen. 
Solo la ingrata necedad de acompasar tus palabras al auspicio  
de un infortunio, que es toque de piedra y lugar común al mismo tiempo... 
No vale la pena esconder la mano después de aventar la piedra.  
Nada vale la esencia y la nada todo lo vale. 
Incluso el olor de tu cabello que calla lo que tus odios le cuentan 
Tus oídos que silencian los hombros crispados por el beso de la boca que desea más que el deseo. Del deseo que te siente latir desde la lejanía del adentro. 
Y Nuevamente de mí me engaño.
para emilia
Escrito por Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla , el 17-07-2008 22:13
Emilia,  
 
muchas gracias por tus palabras. te he leído también a ti. próximamente espero saludarte por ese lado. 
 
Saludos desde La Serena.
Comentario
Escrito por Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla , el 14-07-2008 21:59
Es extraño sentirse con el derecho de hacer comentarios, así como si uno fuera un erudito en alguna labor... sin embargo sé lo que significa que alguien lea tus palabras hasta el fin y pueda decir algo. 
 
Esta vez te diré que la mezcla de tus sacrificios, tu sangre, tu saliva y tus claustros hacen una composición más que buena. 
 
Saludos desde Santiago.
 
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