| Tentación del Mal |
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| por Celia Gómez Ramos | ||||||||
| 07 / 2008 | ||||||||
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El lingüista búlgaro Tzvetan Todorov escribió en la “Memoria del Mal, Tentación del Bien. Indagación sobre el Siglo XX”: Podríamos preguntarnos si, cuando el objeto que debe conocerse está formado por males tan extremos como los del siglo XX, sigue siendo recomendable la actitud de comprensión. ¿No corremos, acaso, el riesgo de trivializar el mal al intentar comprenderlo?, y confirma: Un testigo tan escrupuloso como Primo Levi ha podido escribir, refiriéndose a Auschwitz: «Tal vez lo que ocurrió no deba ser comprendido, en la medida en que comprender es casi justificar». Procedente de un autor de tamaña probidad, la advertencia merece reflexión. Habría que recordar primero, sin embargo, que no impidió al propio Levi pasar la mayor parte de su existencia intentando comprender, extraer todas las lecciones de su experiencia en un campo de concentración. En otros momentos, lo dijo con fuerza: «Para un hombre laico como yo, lo esencial es comprender y hacer comprender. Intentar, precisamente, desmitificar esta representación maniquea del mundo en blanco y negro». Por otro lado, podemos preguntarnos a quién se dirige, ante todo, esta advertencia. Podemos encontrarla perfectamente justificada si su destinatario es el propio Levi o los demás supervivientes de los campos: las antiguas víctimas no tienen que intentar comprender a sus asesinos, ni tampoco las mujeres violadas tienen que interesarse por la psicología de sus violadores. La comprensión implica, en ese caso, una identificación, por parcial y provisional que sea, con el verdugo, y eso puede acarrear una destrucción de sí mismo.
Sin embargo, comprender lo que han hecho nuestros legisladores podría no tanto justificarlos sino que colocarnos en una posición de solicitarles cuentas, sobre todo cuando no actúan por ideas propias sino que obedecen a organismos internacionales, como el caso de la recomendación de Transparencia que hizo la ONU y que fue el rasgo distintivo del anterior régimen, o como lo es ahora el de la absurda penalización de las “miradas lascivas” que nos transporta a la edad media, aunque hay dos atenuantes, la inaplicabilidad de la norma por no existir reglamento y la peregrina, pero extendida idea, de que es un vacuna contra lo que se dado en llamar los feminicidios.
Triste Parlamento en donde no se parlamenta, pero tampoco se escatiman recursos en publicidad, de lo que al final no depende de ellos, aunque se quieran mostrar como benefactores de la ejecución de las leyes que hicieron. Mal han entendido el Espíritu de las Leyes que asigna a la división de poderes el bálsamo de la democracia. Montesquieu, escribió en el Capítulo sexto del Libro 11 (lo tomo de la edición de “De L’Esprit des Lois”, que hiciera en 1944, la Librairie Garnier Frères”:
Tout seriat perdu si le même homme, ou le même corps de principaux, ou de nobles, ou du peuple, exerçaient ces trois pouvoirs: celui de fair des lois, celui de executer les résolutions publiques, et celui de juger le crimes ou les différends des particuliers. (Todo estará perdido si el mismo hombre o cuerpo de principales o de nobles, o del pueblo ejercen los tres poderes: el de hacer las leyes, el de ejecutar las resoluciones públicas y el de juzgar los delitos o los diferendos entre particulares).
El Congreso Mexicano tiene una historia de altibajos, desde la posición muchas veces ignominosa en la época príisita; como cuando de manera abyecta Luis Marcelino Farías justifica la represión de 1968 y ensalsa al Presidente Díaz Ordaz, pero como dijo Heberto Castillo y, con él, muchos otros, el credo del diazordacismo fue la intolerancia. Ni el Parlamento, pero tampoco el Ejecutivo, ni una dormida Suprema Corte de Justicia pudieron ver lo que el Nóbel mexicano Octavio Paz le dijo a Julio Scherer:
…, es imposible callar o minimizar, como ya es costumbre, la influencia de los movimientos de París, Berkeley y otras ciudades. Hubo contagio e imitación, fue una explosión universal y los ecos son numerosos. Señalo dos que parecen, a un tiempo, evidentes y capitales. El primero fue la rebelión contra la autoridad del Padre, simbolizada en la figura del Presidente: la revuelta juvenil fue la sublevación de los hijos. El segundo el elemento orgiástico, de gran bacanal o fiesta ritual. Los jóvenes exaltaron al placer y al erotismo como dos fuentes de creación y libertad, 1968 fue una subversión y, también, una representación: la Fiesta enmascarada de la Revolución.
Sin embargo, los representantes populares tienen momentos de gloria, como cuando 17 de ellos se reúnen en Cádiz, en 1811, para redactar la famosa Constitución. Cierto, todos ellos eran criollos, menos uno. Los criollos ya se proyectaban en la construcción de la naciente Nación independiente desde hacía muchos años: en 1725 Juan de la Ahumada le reclama al Rey que los puestos administrativos, en el clero y en la milicia deberían de ser para ellos.
Estos diputados provinciales propusieron temas que de alguna manera quedaron reflejados de manera trascendental en la Constitución de 1812, entre ellos destacan: igualdad jurídica de españoles e hispanoamericanos, extinción de castas, justicia pareja, apertura de caminos, industrialización, gobierno de México para los mexicanos, escuelas, libertad de imprenta y declaración de que la "soberanía reside originalmente en el pueblo". Esta vocación democrática se empata con el penssamiento político más avanzado de la época y que ha sido el basamento de Estados fuertes y poderosos como el Norteamericano, el Inglés y el Francés.
No obstante que el 59° Virrey, Francisco Javier Venegas –a los dos días de haber asumido el cargo- ordenó al ejército sofocar la rebelión de Hidalgo y a la Iglesia que predicara en contra de los insurrectos y ésta, como siempre aliada del poder terrenal, lo hizo, incluso llegó al célebre fallo de excomunión del cura Hidalgo, gesto reprobable que hasta el siglo XXI ha buscado enmendar, aunque la Arquidiócesis de México se enrede en sus explicaciones y señale que bastó el arrepetimeinto de Hidalgo para dejar sin efecto la sentecia del Obispo de Valladolid, hoy Michoacán, Manuel Abad y Queipo.
Con esta petición que se hará a través de la cancillería y la Nunciatura Apostólica, -decía el Sistema Informativo para la Arquediócesis de México el 26 de octubre de 2007- los promotores de esta iniciativa revelan que desconocen todo lo referente a los sacramentos de la Iglesia católica, pues basta con la confesión –como lo hizo Hidalgo “varias veces”– para que el pronunciamiento de excomunión que hizo el obispo electo de Michoacán, Abad y Queipo, quedara sin efecto alguno. (http://www.siame.com.mx/index.php?option=com_content&Itemid=4&task=view&id=1639)
No obstante su reprobable actuación contra los insurgentes, el Virrey Venegas promulga la Constitución de Cádiz en México en 1813, y procede a darle cumplimiento. Permitió la libre imprenta, hizo elegir democráticamente ayuntamientos, diputados a las cinco diputaciones provinciales que operaban en México y diputados a Cortes. No obstante, la Constitución de Cadiz duró muy poco, únicamente estuvo vigente un año, por la férrea oposición de los españoles y criollos ricos, que se opusieron a ella. De esta manera, el episodio duró poco, más la simiente democrática mexicana estaba sembrada y los diputados jugaron en ello un papel fundamental. No como el de ahora, que buscan promulgan leyes como la de la Transparencia o de la Lascivia, pero jamás nos dicen que es por compromisos internacionales y no por convicción y doctrina mexicana. Y esos compromisos son los mismos que quieren llevar a la modificación de la Ley Federal del Trabajo, cuya repercusión en los mexicanos va a ser tan fuerte como la propia reforma energética; mas de la reforma al Trabajo nadie habla y nuestros legisladores prefieren hacer mutis; pero eso sí, su Centro de Estudios Legislativos ya emitió una opinión sobre el proyecto de Ley para modificar Pemex que envío el Ejecutivo, aunque sobre el asunto del cambio de las relaciones entre patrones y trabajadores no dicen nada. Parece que la agenda del Congreso la dicta no el interés nacional sino, en primer instancia, cumplir con los compromisos internacionales y en segundo lugar favorecer la construcción de un modelo económico que el Papa Juan Pablo II calificó de Capitalismo Salvaje. En tercer lugar quizá, queden los compromisos partido-empresarios, porque de aquellos con los mexicanos, esos nunca llegarán a las tribunas, comenzando porque ni siquiera son capaces nuestros legisladores, de modificar la Ley Orgánica del Congreso General de los Estados Unidos Mexicanos, para sesionar durante todo el año, sólo hicieron una modificación en 2005, para que el segundo periodo de sesiones del año no comenzara el 15 de febrero, sino el 1 de febrero (Título Primero, Artículo 4-1 de la Ley). Por cierto, ¿no sería bueno, que nuestros legisladores idearan mecanismos efectivos de control a la política social del régimen?, ya que esta se basa en la transferencia de poco más de 500 pesos cada dos meses, a millones de familias. Es decir, un ducto por el cual podrán salir sin control del destinatario, más de 500 millones de pesos, bimensualmente. Es una lástima, parece que en este siglo XXI, ni Tentación del Bien hay, pero sí Memoria del Mal.
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Comentarios (2)
Hola Celia, he leído tu escrito y en primer lugar te iba a comentar exactamente lo que Ramseslv ya escribió. Solo profundizaré en habría que profundizar entre tratados y recomendaciones; es decir, los tratados internacionales que suscribe méxico son parte de nuestro sistema jurídico conforme lo mandata nuestra Constitución, no representan una intromisión, sino el reconocimiento de que somos parte también de una comunidad global; como lo es cualquier entidad federativa del país respecto al pacto federal. Por otro lado, las recomendaciones que fundamentalmente expiden los organismos económicos internacionales como el FMI y el Banco Mundial, han estado contaminadas de apreciaciones no bien fundadas sobre las intenciones de esos organismos, quienes procuran el desarrollo económico mundial, aunque para algunos opinadores ello implique lo que tu citas como capitalismo salvaje (Juan Pablo II). Pero al final la repercusión de no hacer caso a esas recomendaciones tiene un impacto sobre las tasas de interés de los réditos que tiene contratado como deuda méxico, al igual que cualquier pais del mundo; al final el dilema es si jugamos el juego que todos juegan, o nos abstraemos al ostracismo. Por otro lado, comparto contigo tus apreciaciones sobre la legislación en materia de lascivia. Sin embargo, es una legislación que se ha emitido solamente para el DF, y algunos municipios del país que así lo han decidido, no constituye una legislación federal, asi que mi estimada celia, no le cuelges muertitos de mas al Congreso Federal. Si no es así avisame por fis para no ser detenido, jajajajaja.


