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Privilegios del confuso Imprimir E-Mail
por Alfredo Pérez Alencart   
08 / 2008
 Alfredo Pérez Alencart. Poeta y ensayista en Puerto Maldonado (Perú) el año 1962. Es profesor titular de Derecho del Trabajo de la Universidad de Salamanca y miembro de la Academia Castellana y Leonesa de la Poesía. También es director del Centro de Estudios Ibéricos y Americanos de Salamanca (CEIAS), de la Sociedad de Estudios Literarios y Humanísticos “Alfonso Ortega Carmona” (SELIH) y de la revista “El cielo de Salamanca”. Entre 1992 y 1998 fue secretario de la Cátedra de Poética “Fray Luis de León” de la Universidad Pontificia de Salamanca.

En poesía ha publicado La voluntad enhechizada (Verbum, Madrid, 2001), Madre selva (Trilce, Salamanca, 2002), Ofrendas al tercer hijo de Amparo Bidon (Sociedad de Estudios Humanísticos y Literarios, Salamanca, 2003), O feitiço da vontade (A Mar Arte, Castelo Branco, Portugal, 2004. Con traducción de António Salvado);  Itinerario de los huéspedes (2005, carpeta con grabados de Miguel Elías); Pájaros bajo la piel del alma (Trilce, Salamanca, 2006, con acuarelas de Miguel Elías); Hombres trabajando (UGT Castilla y León, Valladolid, 2007). También las prosas poéticas Posesión entre luciérnagas (2002) y los libros de ensayo literario(Universidad Pontificia de Salamanca, 1997) y Paginario americano (Caracas, 1997). Hay un libro de ensayo sobre su obra: Pérez Alencart: la poética del asombro (Verbum, Madrid, 2006), del escritor Enrique Viloria Vera.

 

 

PRIVILEGIOS DEL CONFUSO

 

A veces confundo el mar con el amor

y braceo la noche entera

hasta agotar el agua de tu cuerpo.

 

A veces confundo el amor con las estrellas

y toda la enmelada noche me embarco

en singladuras increíbles por tu cosmos.

 

A veces confundo las estrellas con tus labios

y esa noche deliciosa, bajo las primeras

lavas, muerdo tu abierta boca para siempre.

 

A veces confundo los labios con tu cintura

y a ella me agarro con felicidad tremenda

hasta que resplandezca la noche complaciente.

 

A veces confundo la cintura con tus sentidos

que velan mis armas en apogeo, y saco

brillo a la envolvente noche de los cuerpos.

 

A veces confundo los sentidos que completan

con el eco de tu voz que se enmadeja

en la aurora boreal de mis ofrendas.

 

Tengo el privilegio de gozar de tus intimidades

en medio de confusiones tan deslumbrantes.

 

Así estoy entre tu carne;

así estoy entre tu espíritu.

 

 

LAGRIMAS DULCES DE LA TIERRA

 

Me digo otra vez

si es puro latido lo que ahora canto, si

por altas montañas voy cavando

vetas de mi sangre primitiva,

humedeciéndome

de tristezas y puntuales marchas,

mamando aires que bailan

en silencio, sintiendo que el corazón

se desvive por raíces

de otra mocedad, de otros

ojos soñolientos que también vieron hórreos

cubiertos de ocaso.

 

La siento así de necesaria,

hermosa en su dolor bajo lentas nubes.

Aquí, entre maderas persistentes, me arrimo

y acopio tonadas vagabundas o

asombros goteando en mi génesis

un día y otro

mientras feliz voy sangrando.

 

Hondeo árboles con piedras

de un río de frías aguas

y me alojo en recordable poblado,

igual que cuando el abuelo

vivía.

 

Volteando el rastro, volviendo

por la huella estoy.

 

(Montañas de Asturias)

 

LA CONDENA

 

Arrodillado al universo

no hace falta que te hable

cuando afuera canta un gallo

y dentro chillan los demonios.

 

La escena que ven mis ojos

no la ven quienes te juzgan.

A ti me acerca una condena

que amor devuelve al odio.

 

Maestro, mírame despacio,

porque la fe no se me acaba

aunque existan unos clavos

que están como buscándome.

 

Retórname a tu eternidad

sin que se gaste mi corazón.

 

OJALÁ QUE NUNCA TE SUCEDA

 

A ti te tocará otra suerte

cuando se aleje la bonanza

y, al mirar en su vientre seco,

querrás ir tras el pan de tu futuro.

 

Serás como el recién llegado

que busca comida en la basura

y debe dormir bajo los puentes

mientras todo brilla por arriba.

 

Tú habías perdido la memoria

de esa pasada ciudadanía

que ataba las hambres a su cuello

y el trabajo a la servidumbre.

 

Pasarás desmedidas privaciones

para lograr empleos miserables

que los jóvenes del lugar no quieren

y tú harás con puntual esmero.

 

Todos viajamos en un mismo barco

que sube y baja con la marea.

Por el oro nunca te envanezcas

pues bien puede faltar mañana.

 

Sí: ojalá que nunca te suceda.

 

 

PASADO

 

DIGO de mí que con las lluvias

crecí como las vegetaciones.

 

Después fui tanteando instantes,

sintiendo de a pedazos,

todo hondo en la reflexión.

 

Vi lo que existe y lo que no,

y me conduje con cuidado.

 

El corazón se me fue ajustando

al privilegio de una forma de vida.

 

Sin fatiga, los mitos tomaron asiento

en mi imaginación.

 

Ningún triunfo, salvo

el acreditado amor de los ancestros.

 

Ningún fracaso, salvo

pequeñas injusticias.

 

Digo de mí que fui canto rodado

por ríos de otra realidad.

 

Digo de mí que lo telúrico

me imantó a los blancos cabellos

de la poesía.

 

 

  ADANES

 

IMPLACABLES fronteras

para estos Adanes

cuya presencia

presagia penúltimos

días, calendarios de fuego,

dominios de cal viva.

 

Los custodios no oyen:

idolatran becerros

de oro, piedras talladas,

vidrios, mansiones...

 

Los Adanes arrancaron

sus raíces, allá lejos

 

(no tenían manzanas

que comer)

 

pero de nuevo son

expulsados

 

(esta vez sin culpas).

 

 

TODOS TENEMOS UN SUEÑO

 

Todos tenemos un sueño:

encontrar otro cuerpo

para llenar dos vacíos.

 

¡Oh Dios de los instintos! 

 

PRONUNCIARÉ TU NOMBRE

 

TUS labios guardan la sed de todos los desiertos

por donde caminaste mi éxodo

hasta llamearme el cierto amor que deletrea

la ley de la montaña.

 

Mujer infatigable durante el largo viaje,

ven sobre la hora deslizante, ven oh cabellera

que más extraño, ven para que escriba en ti

un salmo de alabanza

al arca que abre paso a caravanas

de ternura.

 

Te llamo otra vez, hermosa mía, porque

lavaré tus pies mientras perfumas mi frente

en esta tienda que plantamos en patria ajena.

 

En mi corazón ya he grabado tu voz

para recordar el viejo paraíso.

 

Y, como entregaste tus años a mi singladura,

hoy el cielo divinamente cederá su maná

para que no andemos en ayunas.

 

Ven, no importa la oscuridad.

Sólo veré con los ojos

que tienen buenas noticias de tu ser.

 

Por páramos, selvas y desiertos,

fielmente pronunciaré tu nombre.

 

 

PREFIERO ESCRIBIR DE LO QUE RASPE MI CORAZÓN

 

YO nunca había escrito nada

del trabajo enjaulante

que clava sus agujas en la espalda

de los que cada fin de semana

tienen el cuerpo oreando

sus ayes.

 

¿Es que nada debería decir

del trabajo que hipa subterfugios

para hacer trata de blancos o negros?

¿Es que debo callar como la mayoría

que cree bonito su feo silencio?

¿Es que el vivir mansamente,

con la boca desdentada,

nos hace caer en la indolencia?

 

¿Tanto se ha acomodado la gente

que todo son remilgos a la hora

de anotar lo que avergüenza

o sobresalta?

 

¡Ay con la embriaguez de la bonanza

y con las rimas de salón

políticamente correctas!

 

Prefiero escribir de lo que raspe

mi corazón.

 

 

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  Comentarios (2)
Pésimos poemas
Escrito por Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla , el 12-11-2008 17:59
Admiro la oportunidad que aquí se birnda a aficionados a la poesía, por demás respetables, para darse a conocer. Pero esto que leo no tiene el mínimo mérito.
¡Caray!
Escrito por Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla , el 07-11-2008 19:51
¡Pero que malo es todo esto!
 
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