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Sin sombra Imprimir E-Mail
por Noelia Montero   
08 / 2008
A cierta persona muy cercana se le ocurrió celebrar mi aniversario aprovechándose de innegables debilidades políticas y haciéndome entrega de un fantástico estudio de Arte y Feminismo, de Peggy Phelan. Pasando las hojas me di cuenta de que la Última Cena que preside una alegre pared verde, es más que un collage de pedacitos de sueños, es un poco el reflejo de cada una de nosotras.

Creo recordar que ya he mencionado que no soy feminista, sino antisexista, pero en este artículo me voy a dejar perder para dar una visión, espero que atractiva, de mujeres que se merecen un respeto no otorgado por esta sociedad que no se atreve a mirar.

Hace dos años, cuando escribí la primera columna de este espacio, fulminé un programa cuyo propósito es fomentar la belleza exterior, emití mi gratitud ante la necesaria unificación de tallas y les expresé mis ansias por vetar el peyorativo marketing que pulula en las calles de nuestra contemporaneidad. Dos julios después, Supermodelo 2008 ha vuelto a batir el récord de audiencia del año anterior, la unificación de las tallas no se vislumbra ni en el amanecer del Big Bang y las mujeres seguimos sin tener la regla, al parecer bailamos una hermosa canción single de un musical que tiene las compresas como protagonistas. No ha cambiado nada. Por un lado me siento decepcionada, por otro me doy cuenta de que los veinte me van asentando en la realidad. Paranoias a parte, subamos al tren de este mes.

“Más importante que la obra de arte en sí es su efecto. El arte puede perderse, un cuadro puede destruirse. Lo que cuenta es la simiente”. Esta reflexión de Joan Miró nos habla del trasfondo del arte, que hoy pretendemos desnudar para todos aquellos desafortunados lectores dispuestos a adentrarse en deformaciones personales. ¿Y dónde encontramos el germen de esta deformación? En el artista.

El artista es aquel que nos descubre lo que siente y lo que sentimos. Es nuestro padre, nuestro maestro. El artista es un náufrago en una ciudad que no lo comprende, en un tiempo al que no pertenece y en una generación, que le deja mucho que desear. Quizá estas razones sean las justificantes de su excentricidad, locura e incluso narcisismo, o quizá no, pero que levante la mano el que no tuvo alguna vez a Marylin o una lata de Campbells en su salón.

A lo largo de la historia, el arte siempre ha venido surgiendo como el medio más polémico de reivindicar, con sus distintas provocaciones y múltiples ideologías políticas impregnadas de vivencias particulares. Normal entonces, que la mujer, el gran cero a la izquierda del género humano durante décadas, recurra a las materializaciones artísticas como punto de fuga de su frustrada existencia. Son muchas las que han roto con el rol de amas de casa poniéndose un pene, expuesto sus tampones en una galería o que hasta han llegado a fingir en su apartamento una violación. Podría hablarles de Cindy Sherman o Sophie Calle, ¿pero qué ganarían ustedes? ¿El conocimiento de traumas colectivos? Pienso que las artistas están cansadas de ofrecernos una imagen de mujer idílica, buscan ruptura, erotismo, autoridad, a veces violencia, buscan romper el canon, demoler de una maldita vez su certificado de Venus clásicas y así alcanzar una estética igualitaria que les permita ser mortales, y no solo un trozo de palpitante carne.

Es estúpido afirmar que hemos logrado la igualdad entre sexos. Mientras marcas como Axe sigan humillando a la mujer, detergentes tipo Ariel nos marquen de perfectas dueñas del hogar y empresarios de la dudosa categoría de Amancio Ortega fomenten la talla 34, no la lograremos.

Lo que si puedo afirmar, es que aquí estaremos nosotras, las orgullosas mujeres reales a las que ponerse tacones les sienta igual de bien que a las huesudas modelos. Mujeres reales que sienten indignación ante una ministra de la supuesta igualdad, que apoya la apertura de una biblioteca en la que no puedan entrar hombres. Mujeres que como yo, vemos en una colonia de Hugo Boss la magdalena de Proust y pensamos, decididas, que algún día dejaremos de ser pecado para convertirnos simplemente en perversión. Un saludo muy cordial, para todas aquellas mujeres sin sombra.

 

*Mary Beth Edelson: Some Living American Women Artists, 1972

*Francesca Woodman: Sin título (Nueva York), 1979

 

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  Comentarios (2)
Escrito por Nelly, el 05-10-2008 16:08
Hoy por hoy, no me dice nada, ya solo es un mero producto comercial. Esa es mi opinión ;b y claro q se conoce en España, donde la reclaman como una flamante fémina que ha superado todas sus metas o como una mujer destacable del panorama artístico, es bien sabido que hay mucho hipócrita suelto.
And...?
Escrito por Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla , el 26-08-2008 16:17
¿Y qué pensáis de Frida Kahlo? Me gustaría saber tu opinión. En España deben verla, quizá, con menos clichés y con menos pirotecnia comercial que en México, donde ha dejado de ser una pintora y se ha convertido en un producto fácilmente consumible. Ando reflexionando sobre esta gran mujer y artista, así que, a propósito de lo que escribes aquí, lo repito de nuevo, ¿qué pensáis de Frida Kahlo?
 
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