PalMal299.jpg
Un monte a la medida de mi boca Imprimir E-Mail
por Jonathan Minila   
08 / 2008
Cierren sus bocas; guarden sus dientes. Antes hay algo que quiero decir.

 

            Hay una forma de comenzar, y así lo hago yo, como siempre, con palabras que avanzan y se continúan una tras otra para plasmar alguna idea o también, por qué no, para no decir nada en absoluto. Es igual, porque cada conclusión es relativa. Cuántos hay por ahí que encuentran soles en la oscuridad, o cielos en la arena. Es la magia. Es la forma en que se extiende cada uno desde su centro para llenar esto (lo que miramos) de reflejos que modifican la percepción, creando una realidad que se genera y que nos envuelve para movernos de un sitio a otro en esta carrera que no la es del todo. Tan simple. Lo complejo se aprisiona, se revuelve, y nos confunde cuando es más claro aún. Bajo las capas de cemento existe aquello que es en verdad nuestro (o debería serlo), y que es el alimento donde todo se extrae. La realidad se forma dentro de ese espacio que logramos (y no) compartir, generándolo y modificándolo en el transcurso del tiempo que no es aquel concepto que gira entre manecillas, sino que es enmarcado por el paso de cada uno sobre el cuerpo de la misma madre que nos alimenta de un mismo seno, y que nos regala ese jugo que nos permite continuar con la fuerza para dar paso a todo lo demás. Una caja de sorpresas (y torpezas) teñida con esa magnificencia que se extiende hasta los límites que cada uno genera, y que sin embargo se combinan para formar una totalidad que se pone de acuerdo, y no, entre comprensiones e incomprensiones. Elixir de aquello que encontramos en cada mirada, y que ha dado paso a movimientos grandiosos, o absurdos. Miles de bocas que se funden en un pezón que han traicionado (y continuarán haciendolo), y otras que desean recuperarlo quitándose los zapatos para escarbar, y luchar contra aquellos que se afanan en cubrirla y perderla para hacérnosla olvidar. ¿A dónde nos dirigimos? A formar espacios, y tiempos, y una historia que se mueve como esto: letras terribles que dejan a otras detrás (hasta que se olvidan, o sólo nos recuerdan una idea general que es probablemente lo único que formamos). Hay tanto, y hay todo. Naciendo desde un mismo centro. Los labios se aferran a la carne, y muerden. Cada uno. Tú y yo. Todos. Naciendo de ahí para girar alrededor. Manos moviéndose para pescar peces flotantes y hacer con ellos eso que nos mantiene en esta ilusión. Sin embargo hay algo que abajo no deja de moverse. Algo que es una constante. Ese monte que está hecho a la medida de nuestra boca, y que nos sostiene. Está ahí, hecho de fragmentos, de todo, formado también por nosotros mismos y esos colores. Por esas energías que lo mantienen vivo y lo sumergen al mismo tiempo en un ciclo de falsedades e imposibles (que también forma parte de ese todo). Ahí la paradoja: somos una porción de esto que consumimos para mantenernos de pie, cuando lo real sería comprender ese contexto. Es entonces atinado rescatar aquello que funciona y da libertad (y permite darnos cuenta). ¿No es eso lo que hemos venido a hacer aquí? Cada quién tiene su modo, su forma. Yo hago esto, escribir, y decir palabras que serán olvidadas, y que sin embargo han formado un fragmento de ese monte enorme que nos alimenta. Arranco lo que me gusta, y lo muestro. Me lleno de este seno que me mantiene aquí para compartir lo que me ha dado. Es mi forma de pagar lo recibido. Y hay más. Esa enorme amalgama de percepciones, de realidades, como ahora de letras, de espacios, de momentos. Una ilusión que es parte de lo mismo, y que no todos distinguen. Entonces habrá soñadores, idealistas, tipos como yo, y tú (por eso estás aquí, acompañando a este pensamiento que está girando en mi habitación, y en la tuya), que habrán de mostrar la inmensidad de esta teta que, no está demás decirlo, está ahí cuando la necesitamos y la recordamos. Como estas palabras, pues, que son mi modo de revelar esa realidad que se me descifra y que entrego de una forma u otra. Caminos distintos dirigiéndose a un mismo fin. Símbolos entre voces, entre gritos, entre sueños. Somos el equilibrio y aquello que hace arrancar los pasos de cada hombre. Generamos el todo. Somos lo que ha sido y eso que aún no se percibe. De cualquier modo se oscila entre ambas cosas. Ese instinto terrible, mordaz, tendiente a la destrucción, y esa ilusión también por detener un poco a eso que nos consume. Polo Dice: - El infierno de los vivos no es algo por venir; hay uno, el que ya existe aquí, el infierno que habitamos todos los días, que formamos juntos. Hay dos maneras de no sufrirlo. La primera es fácil para muchos: aceptar el infierno y volverse parte de él hasta el punto de dejar de verlo. La segunda es rigurosa y exige atención y aprendizaje continuos: buscar y saber quién y qué, en medio del infierno, no es infierno y hacer que dure, y dejarle espacio*. Yo me hipnotizo de ese todo, de ese absoluto (los dos extremos). Me maravillo de lo azul y me alimento también de ese infierno y de esos demonios que casi lo dominan todo. Es la sábila que me alimenta. Habrá quienes se aferren a algún extremo, pero yo ondulo entre ellos. Me fragmento, como hago ahora, cambiando de forma frente al teclado. Observo volar suspiros, caer el sol y cuerpos. Escribo estas palabras que no parecen nada, y eso son. Sin embargo también me desnudan por completo. Todo dependerá, entonces, de aquel que las mire y les de forma. Es un hecho: existen y están porque tú (el valiente que las sigue) las hace fluir a este ritmo. ¿Lo ves? Eso es lo que me obsesiona. La mente, los demonios, las sensaciones, lo imposible. Aquello que es lo que me alimenta y fluye de esta inmensa teta de la que hay tanto que decir, y que por supuesto está hecha exactamente a la medida de mi boca

            Ahora pueden morder con libertad. Provecho.



*Última frase que Marco Polo le dice al Gran Jan en “Las ciudades invisibles” de Italo Calvino.
El titulo de la columna, “La inmensa teta” y el título de éste artículo, “A la medida de mi boca”, se derivan de la primera frase del libro “El poeta niño” de Homero Aridjis: “Chupar. El mundo era una inmensa teta. Un monte a la medida de mi boca”. 

 

Escribir Comentario
Nombre:
E-mail
Título:
Comentario:



Código:* Code
Enviarme un email cuando haya nuevos comentarios en este artículo


Marcar como favorito (24) | Cite este artículo en su sitio | Views: 978

  Comentarios (8)
EnTre eL SueÑo Y La ViGiLia...
Escrito por Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla , el 29-09-2008 18:42
QuE SoN Las PaLaBrAs SiNo SiGnoS De UnA DeCaDenTe HuManiDad? ¿LeTras QuE Van ToManDO Un ORDen LóGiCo, MiSmo QuE Un aLma Le Da? DesEspEraNTe... CauTiVanTe...
respuestas y mordidas
Escrito por Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla , el 26-09-2008 12:22
Jorge, gracias por lo que dices. Sólo retrocediendo podremos reencontrarnos.  
 
Dolores, seguro que todos andamos en esa misma oscilación. Me gusta lo que dices, y cómo lo dices.  
 
Issa, todo es sentir, no hay más. Gracias por lo demás, de verdad.  
 
Sara, exacto, sólo pensamos en saciar NUESTRA sed; triste. Gracias por pasar.  
 
Laura, precisamente el mamar es todo eso; hasta lo más oculto nos alimenta y nos permite seguir andando sobre este seno que a su vez lo es todo. Algunos pensaríamos que la falta de saciedad en el ser humano es lo que acarrea tanta desgracia, sin embargo quizá se trataría de saber dirigir esos impulsos, no sé: es la gran paradoja de la evolución. Muy buena la cita de “La montaña de las mariposas”. 
 
Marco, un honor. Me encanta lo que dices. Ampliando más la idea pienso que talvez sólo destetándonos, desapegándonos, seremos más felices desde luego. Aunque Cioran diría que para lograr un real desapego tendríamos que no estar aquí. Creo que la conciencia es lo que nos hace estar o saber que estamos. Y no se trata de desaparecer, o perder esa conciencia (¿cómo hacerlo?) sino de buscar razón en nuestro origen y volver cada vez más a la raíz de lo que en verdad somos (personalmente y como raza). Gracias.  
Ah, y no… no tengo el correo Conchita Penilla; siento no poder ayudarte. 
 
Muchos saludos a todos.
Interesasnte
Escrito por Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla , el 26-09-2008 01:02
Muy interesante el texto: en efecto, el mundo es una inmensa teta. Mucha gente piensa que al destetarse se acabó la felicidad. La verdad es que apenas empieza... 
Pregunta: ¿Tiene el e mail de conhita Penilla? Quiero contactarme con ella.
ENTRE MAMADAS
Escrito por Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla , el 24-09-2008 20:49
Cuantas metáforas tan certeras sobre una cuestión común y natural; tan común como los complejos, prejuicios y enajenaciones de su contexto social; Tan natural como la simpleza en su definición y función biológica. Pero esa palabra que suena al doble, multiplica su intención al aplicarla. Esta conjugación metafórica que realizas es realmente maravillosa; ¡mamamos la educación y el aprendizaje!, nos alimentamos del seno para sobrevivir y en cada succión nos formamos, tomamos y dejamos a nuestra conveniencia experiencias ajenas y propias, algunos llegan a saciarse (pobres!!) Los que siguen alimentándose pueden tomar uno u otro \"monte\".  
La relevancia de todo ello es justamente como citas a Homero, el Niño poeta que muchos nos afanamos en sacar: “Posar en palabras la vida invertida, aquella que sin cesar se condena al olvido y que espera ver la luz de lo Innombrable en la escritura”.
que chido
Escrito por Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla , el 06-09-2008 18:48
realmente me gustò esto de que la tierra es como la madre de todos pues ella nos da todo.pero nosotros los humanos, si somos unos egoistas y solo pensamos en nuestro bien estar.que bueno que hay gente super talentosa como el señor jonathan minila espero seguir viendo cosas de el. soy su fan.esta columna es una de mis favoritas "gracias"
Siénteme
Escrito por Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla , el 27-08-2008 17:03
Desde muy pequeña se me hizo escencial el sentir por encima del todo. Por encima de lo que hay y de lo que no. 
 
Te confieso entonces que me fascina leerte porque me hacer vibrar y hallar una forma de ser y de estar; te siento musitar y suspirar a medida de que las letras se plasman entre pixeles. 
 
Gracias, por dejarme soñar contigo. 
 
Déjame decirte que tienes razón -y no- ya que todo es relativo. 
La realidad logra reprimirme, además de triturarme.  
 
No te cohibas. 
Salud.
"cada quién tiene su modo..."
Escrito por Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla , el 26-08-2008 16:42
“Cada quién tiene su modo, su forma” La que me hace estar aquí, es la que me dio unas alas que me hacen volar alto y bajo. Gracias a esa gran teta y a ese gran autor!
" Sin tetas no hay PARAISO "
Escrito por Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla , el 26-08-2008 13:09
Admirablemente la creatividad y desarrollo de esta inmensa TETA textual nos hace retroceder en el tiempo y hacernos reflexionar de lo importante que es este elemento femenino en nuestras diferentes etapas de la vida. 
 
Gracias Jonathan Minila. !! 
 
Jorge García
 
< Anterior
Este sitio es apoyado por: