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El problema mente/cuerpo Imprimir E-Mail
por William Boyd   
09 / 2008

Se dice de William Boyd (Accra, 1952) que es el narrador inglés vivo más notable aunque también uno de los más clásicos en cuanto a estilo. Sus novelas le han valido casi todos los premios importantes de Inglaterra e inclusive algunas se han vuelto best–sellers. La temática de su obra está anclada en la primera mitad del siglo XX, y guarda interés con África y el colonialismo británico, las dos guerras mundiales, y la California dorada de los años 50. A Good Man in Africa, Stars and Bars y Armadillo son de sus novelas más conocidas. Es quizá en sus relatos donde está el Boyd más literario y moderno, con un lenguaje evocador y, sobre todo, estructuras narrativas muy variadas. Luego de años de una vida nómada (Ghana, Nigeria, Inglaterra, los Estados Unidos, Francia…), actualmente vive entre el barrio londinense de Chelsea y su château de Bergerac donde produce vinos de alta calidad.

 

 

El problema mente/cuerpo

—William Boyd—

 

Mira a su padre. Su padre está al teléfono confirmando el autobús al aeropuerto. Una de sus manos sujeta el teléfono, la otra una barra de pesas de 9 kilos. Su padre, un hombre enorme, lleva puesto un minúsculo traje de baño que apenas oculta sus genitales aplastados. Mueve su cuerpo depilado, como un caramelo en forma de cuña, para advertir que un glúteo se le ha salido del soporte de spandex magenta.

 

Mira a su madre. Su madre da los toques finales a su suplemento alimenticio líquido: agrega dos plátanos en rodajas y enciende la licuadora.

 

Su nombre es Neil Tobin (el mismo nombre que su padre, por desgracia). Tiene diecinueve años, mide 1.83, pesa 58.5, y padece asma, soriasis y, ahora está casi cien por ciento seguro, alguna forma de arritmia cuasi–permanente en el corazón. Saca su inhalador y lo utiliza un par de veces. Su madre, Tanya Tobin (norteamericana), entra al jardín de invierno donde él está tomando un baño de sol y le pregunta de nuevo si estás seguro con lo del gimnasio, querido. Claro, estoy seguro, dice él.

 

Universidad Abierta curso A211 – La filosofía y la Situación Humana. Los ensayos para vacaciones de verano pueden versar sobre ‘¿Pueden las mentes existir independientemente de la materia?’ o ‘¿Son las mentes nada más que materia?’ Sabe muy bien de qué se trata todo eso. Es el viejo problema mente/cuerpo.

 

El autobús está lleno de fisicoculturistas, hombres y mujeres, miembros del gimnasio y club de Neil y Tanya Tobin, ‘Body’s East’. Los propietarios están junto al vehículo en ropa de entrenamiento despidiéndose de su hijo. Los fisicoculturistas parten hacia Florida por dos semanas y luego volarán a Las Vegas para las finales de Mr. y Ms. Olympia. Neil le repite a su madre que estará bien. Habrá poco trabajo en el club, observa Tanya, pues la mayoría de los miembros regulares van a Florida a las competencias. Neil está de acuerdo, se despide de ambos: besando a su madre en la mejilla y apretando fuerte la mano de su padre. Diviértanse, diviértanse.

 

 

Neil comienza su lectura: ‘En filosofía el problema mente/cuerpo conlleva una pregunta: saber si hay una esfera mental de existencia independiente de la esfera física, y, si es así, ¿cómo interactúan las dos? ¿Si me corto el dedo cómo sabe mi mente que eso duele?’

 

‘Entonces,’ dice Lion Davy, viendo cómplicemente a Xanna North, ‘tenemos jefe nuevo.’

            ‘Sí. De modo que cuidado con lo que haces, Lionel,’ dice Neil.

            ‘Lion.’

            ‘Lionel.’

            ‘Si me llamas Lionel a ella tendrás que llamarla Sandra.’

 

Neil añade algo de amargos aromáticos de Angostura a la mezcla de glucosa hasta que se pone color rosa pálido. La prueba: adecuadamente desagradable y astringente. Va por su diccionario de portugués y, en su máquina etiquetadora, escribe: ‘NAO PARA VENDA COMERCIAL’ y pega la etiqueta en la botella de plástico. Sospecha que la advertencia no es gramatical pero no le importa, las lenguas extranjeras siempre funcionan. Dirá que viene de Brasil. Coloca la botella junto a las otras en el aparador bajo la recepción y lo cierra con llave.

 

Como su madre lo predijo, el gimnasio está en verdad tranquilo. Los aparatos de grado –planchas de abdominales, prensas para piernas, simuladores de asenso, barras para sentadillas, bicicletas, caminadoras, las bandas móviles– permanecen ociosos. Alguien entra para usar el jacuzzi. La clase de aeróbicos de Xanna a las diez sólo tiene tres clientes (vacaciones escolares). Lion pasa el día puliendo, desempolvando y encerando el piso. Solía trabajar haciendo sólo la limpieza hasta que comenzó a trabajar su cuerpo.

 

‘Una posición más radical arguye que los cuerpos humanos son simplemente una forma de máquina compleja (hoy día más bien diríamos sistema fisicoquímico) trabajando sólo de acuerdo a principios físicos. En tal concepción del ser humano no hay lugar para la conciencia, como normalmente la describiríamos.’

 

Más tarde Neil pasa una hora en la red buscando en vano una crema de prescripción para la piel con una ligera base de cortisona en agua. Últimamente alberga ciertas sospechas contra las cremas con alto contenido de cortisona que su dermatólogo felizmente le receta. Neil resiente un adelgazamiento de la piel, por no decir empeoramiento de ésas placas de soriasis difíciles de tratar, que tapizan su cuerpo (los codos, la parte anterior de las rodillas, la desconcertante e invasora mancha una pulgada a la izquierda de su ombligo.)

 

Para hacerse de más clientes le vende a Xanna su bebida brasileña de esteroides por £18 (descuento de staff incluido.)

            ‘Al parecer es muy buena,’ dice Neil.

            ‘¿Dónde consigues esto?’ le pregunta Xanna. ‘Nao para venda… ¿Qué significa?’

            ‘Lo rastreo por Internet. Luego hago que mis contactos me la surtan.’

            Xanna se vuelve a la vez que destapa la botella. ‘Hay un nuevo miembro,’ dice.

 

Neil se dirige por las escaleras hacia el gimnasio con la credencial magnética de membresía para el nuevo socio. El nombre en la credencial dice D. Babcock. En el gimnasio ve a Lion y a tres de los socios habituales –Chuck, Dave, Nigel– en las pesas. Articula con los labios ‘nuevo miembro’ a Lion quien le indica la esquina lejana junto al ventanal que da oblicuamente sobre el paseo y el Canal Inglés que hay más allá, gris como las calles. D. Babcock resulta ser una mujer joven. Está haciendo sentadillas con barra y Neil puede ver que no sólo tiene definición sino que tiene, mucha, demasiada definición.

 

‘Podemos vernos desde un punto de vista biológico y podemos vernos desde un punto de vista histórico. La idea que podemos concebir de nosotros en cualquier modo trascendental no tiene sentido. Todo lo que sabemos sobre nuestra naturaleza es el producto de nuestra experiencia limitada y de la siempre falible biología.’

 

Body’s East atrae a los fisicoculturistas serios, hombres y mujeres, y tiene una amplia área de influencia –desde el lejano Brighton en el oeste hasta Dover en el este (así como la crema y nata de los clubes de aeróbicos y ejercicio). Tanya ha concebido el club a manera de los negocios de Florida donde solía vivir y trabajar y tanto ella como Neil padre aportan su reconocimiento y éxito (los Tobin ganan bien su vida) muy a la manera americana (su eficiencia plausible, la música ambiental, el staff increíblemente amable) que han imitado en la costa sur de Inglaterra. Pero Neil hijo sabe que mucha gente frecuenta el club por todos los suplementos exóticos de contrabando que secretamente él trae ‘del extranjero.’

 

La nueva miembro (bañada y cambiada) entra a la tienda donde Neil está rellenando los anaqueles con suplementos, refuerzos de proteínas, productos listos para consumo y alimentos sustitutos en polvo. Ella compra una lata de XXX–POWR–FUEL.

            ‘¿Esto es bueno?’ pregunta.

            ‘Pues mira’, dice Neil, ‘tiene proteínas mezcladas con Ectdysteron –que funciona– y no tiene maltodextrinas de alto índice ciclámico. Después del ejercicio necesitas una fuente osmótica de carbohidratos con mucho glucógeno. No está mal. Nosotros tenemos nuestra propia marca –que es mejor.’

            ‘Sí. Claro…’

            Puede perorar esta clase de detalles por horas. Neil le devuelve el cambio y se presenta. Ella le dice su nombre –la D es por Doreen, Doreen Babcock. Él le habla del gimnasio, los servicios que ofrecen, y menciona de pasada que existe la posibilidad de adquirir suplementos para aumentar la musculatura que sólo se venden con receta. Los consigo del extranjero, dice Neil de manera cómplice: México, la antigua Unión Soviética, el bloque del Este… Ella parece intrigada. Es muy baja, poco más de 1.50, y en sus pants flojos su masa muscular desaparece por completo. Muchos de los fisicoculturistas serios, ha notado Neil, son extremadamente pequeños –su propia madre para no ir tan lejos. La garganta tensa de Doreen y las nervaduras en bajo relieve dilatadas de su sistema vascular (en su cuello, sus antebrazos) revelan el esfuerzo que le cuesta. Los músculos de su quijada sobresalen y ensanchan lo que habría sido un hermoso rostro con una nariz respingona –si no se viera tan acabada por el ejercicio. Tiene una leve sombra de acné justo bajo las orejas –una verdadera pista delatora. Neil sabe perfectamente lo que se está haciendo y lo que está tomando. Se está preparando para una selección: el máximo de grasa quemada, máxima definición. Se pregunta si es profesional. Su cabello teñido de rubio forma caireles de manera natural y su acento es local. Ha sido transferida recientemente a Brighton: trabaja en el banco Barclays en Teasdale Street.

 

Un par de días más tarde Neil va al banco Barclays y hace que su cuenta en HSBC sea transferida ahí. Doreen Babcock es una ejecutiva de cuentas personales y luce elegante en su blazer y falda azul marino. El material de su saco se tensa a lo largo de su amplia espalda en forma de cuña, pero sus piernas, advierte Neil, son sorprendentemente delgadas y normales. En uniforme parece muy pesada, inestable en esos tacones demasiado altos. Neil tiene casi £ 10,000 en su cuenta. Hacen una cita para tomar una copa por la noche.

 

De vuelta en el club Neil trata de recomenzar con ‘¿Pueden las mentes existir independientemente de la materia?’, pero no lo consigue. Por lo que puede inferir, en esta etapa inicial, el problema mente/cuerpo presenta tres posiciones fundamentales (tres posiciones con varias sub–posiciones de complejidad creciente.) Se puede pensar que no hay nada más que la mente; se puede pensar que no hay nada más que el cuerpo (o materia, o sustancia física); o se puede pensar que ambas existen. Sigue leyendo, pero cada vez menos concentrado: sigue pensando en Doreen Babcock. Más tarde vende £ 200 de tabletas GH.DYASIC.250 a un hombre (un amigo de Dave) que dice haber venido desde Londres sólo a eso. El hombre pregunta, bajando la voz, si tienen esa nueva hormona de crecimiento humano de fabricación húngara sobre la que leyó en una revista clandestina. Neil dice que él por nada tocaría esa cosa húngara pero que lo puede surtir de SOMABLOK. ¿Y eso qué es?, dice el hombre. Bloquea la somastatina: es lo mejor, advierte Neil, simplemente lo mejor. Éste es el único sitio en el Reino Unido donde puede encontrarlo, pero es caro. El hombre compra £ 500.

 

Esa noche en el pub, The Golden Anchor, Doreen pide agua mineral. Neil ordena su acostumbrado vodka tonic. Doreen estudia la etiqueta en la botella, verificando los electrolitos y los minerales traza. ‘Necesito más zinc,’ dice. Luego toma como nueve pastillas, las que alcanza a contar Neil, y las pasa con rápidos tragos de la botella.

            ‘¿Estás usando acelerador?, le pregunta Neil, sabiendo de antemano la respuesta.

            ‘Sí,’ dice. ‘¿Tan mal me veo?’

            ‘¿Cuál es tu mezcla?’

            ‘AQLASTERON.’

            Neil se estremece. ‘Eso es una porquería. Sigue tomando esos productos AAS no adulterados. Luego tendrás problemas.’

            ‘¿AAS? AS, seguro.’

            ‘Esteroides Anabólico–Adrogénicos. Es lo que son. ¿Sabes lo que significa anabólico?’

            ‘Claro: que desarrolla el músculo.’

            ‘Estás produciendo músculo con testosterona sintética. Ahí es donde entra lo androgénico: “virilizante”. Debes tener cuidado. Hombres y mujeres –empiezan a suceder todo tipo de cosas.’

            ‘Bueno, pero funciona.’

            ‘Yo te puedo conseguir algo mejor que el AQLASTERON, algo llamado TESTOMAX. Sin efectos colaterales.’

            Por primera vez Doreen Babcock lo mira con genuino interés.

 

Cogito ergo sum. Wittgenstein: Si un hombre me dice, mirando el cielo, “Creo que lloverá, por lo tanto existo,” no lo entiendo.’

 

Neil acompaña a Doreen a la parada del autobús bajo el halo anaranjado de las luces del paseo. El resplandor hace que la piel de Doreen se vea de un ictérico amarillo, y sus manchas de acné como pecas negras. Neil se detiene para usar su inhalador.

            ‘¿Son parches dérmicos?’ señala Neil el curita redondo que sobresale de sus caderas. ‘No pude evitar verlos.’

            ‘Me estoy inyectando,’ admite. Desde la conversación sobre el TESTOMAX Doreen le contó todo sobre su ciclo de esteroides.

            ‘¿Quemador de grasa sitio–específico?’

            ‘Un aceite.’

            ‘Dios. Debes estar desesperada.’

            ‘Sí. Y además no está funcionando. Necesito ensanchar mis pantorrilas, rápido, el aceite parecía ser la única forma.’

            ‘¿Falta de desarrollo muscular?’

            Doreen asiente. De pronto parece al borde del llanto, mientras caminan en silencio. Neil hace una promesa: voy a evitar que esta chica se destruya.

            ‘Deja los aceites,’ le dice. ‘Me acaba de llegar un quemador de grasa fabuloso: un gel.’

 

Neil pone a hervir miles de analgésicos de marca en una cacerola, lo suficiente para que el logo desaparezca. Luego los esparce sobre una toalla absorbente y los rastrilla con sus dedos para acelerar el secado. La ebullición parcial remueve el lustre de producción de las pastillas y las hace ver más crudas, más tipo caseras. La gran revelación de Neil fue el descubrimiento de que varios fisicoculturistas se sienten atraídos por los empaques defectuosos. El verdadero buscador de suplementos quiere algo que parezca de contrabando, traficado, ilegal: entre más improvisado el empaque, más auténticamente ilícito y potente, así es la relación. Neil imprime en su equipo casero de impresión: ‘TESTOMAX: BEISPEIL NUR ZU VERKAUFEN,’ y pega la etiqueta en una caja de pastillas pequeña, oblonga, absolutamente ordinaria y de papel reciclado… Mañana le dará a Doreen esta mezcla.

 

Esa noche permanece acostado en cama escuchando el latido de su corazón con su estetoscopio. Ba–dum, ba–dum, ba–dum–dum–dum–dum, ba–dum, ba–dum. Sus padres, lo sabe, cuando eran fisicoculturistas semi–profesionales en competencia durante los 70s y 80s, eran consumidores regulares de esteroides anabólicos. Los ha escuchado exaltar los valores de los esteroides mexicanos de contrabando y su asombroso bajo precio –un frasquito de DECA por 2.75 dólares (solían inyectarse su cuota de AAS en esos días.) Él nació en 1984. Un año antes su madre ganó el campeonato NPC Junior de Estados Unidos. Todos los días, cuando entra al gimnasio, ve las fotos, ve la sonrisa blanca de su madre mientras sostiene el trofeo de altas columnas por lo alto, también ve la perfecta estriación cruzada en sus bíceps y muslos. Tanya era fornida, tallada a la perfección. Él es la progenie esteroidal de dos consumidores descuidados de esteroides y sabe que eso es el origen de su asma, su soriasis, sus alergias –y ahora el ritmo irregular de su corazón. Siente una rabia creciente en su interior. También sabe lo que es, una rabia peculiar hacia los que usan suplementos: “rabia–oíde”, la llaman. Deja que la rabia–oíde se mueva en él por un rato, luego se calma gracias a que comprende que está haciendo un buen trabajo aquí, en el sureste de Inglaterra.

 

‘Gilbert Ryle argüía coherentemente contra la idea de que la mente es una entidad no física relacionada de algún modo con el cuerpo. Esta posición fue muy estigmatizada por él mismo cuando inventó el concepto de “el fantasma en la máquina”.’

 

Ahora Doreen está bajo el régimen de Neil –su mezcla. Cuatro TESTOMAX, tres veces al día, diez GH.DYASIX.250 tres veces al día, sus alimentos sustitutos en polvo, su quemador de grasas sitio–espefícico. Ha vaciado dos tubos de gel para el cabello mezclados con linimento para caballo en un pote de jalea y lo ha etiquetado como ‘DERMABLAST.’

            En el gimnasio la observa untarse el gel en las pantorrilas.

            ‘Está caliente,’ dice. ‘Quema. Genial.’

            ‘Cuidado con los ojos,’ le advierte, ‘quema como lumbre.’

Está en verdad agradecida, le dice mientras rellena un cheque por £ 346. Ahora lo que debe hacer es sonsacarla para que coma adecuadamente. La mente domina a la materia: Doreen Babcock va ser su ejemplo modelo.

 

El día es soleado y cálido pero con una brisa enrrachada proveniente del Canal que se lleva las nubes pequeñas tierra adentro, la media luna creciente de la playa contorneando la bahía se motea con sombras móviles. Neil y Doreen encuentran un hueco entre las dunas que les protege de la brisa y extienden el tapete de playa. Neil no se quita ni jeans ni playera pero Doreen se desviste para revelar un diminuto bikini ultramarino. Su cuerpo tiene el color del roble barnizado y probablemente es igual de firme, piensa Neil. Ha visto tantos cuerpos musculosos en el gimnasio que ya no le sorprende la grotesca distorsión de su musculatura; pero también ha visto lo suficiente para darse cuenta de que está en formidable forma –los pectorales, los deltoides, los abdominales, los bíceps y los tríceps, los glúteos, los trapecios, los rombos, los dorsales y los cuadriceps. Los calvos músculos de sus hombros son del tamaño de balones de rugby. Sus pechos han desaparecido virtualmente, nota Neil, por toda la testosterona que ha ingerido además del aumento del músculo y el quemado constante de grasa. La parte superior de su bikini es más un gesto simbólico para un rasgo sexual perdido que una prenda diseñada para sostener, abombar y ocultar.

            Neil no se desviste porque la mancha de eczema en su ombligo es del tamaño de un portavasos y no está respondiendo a ninguna de sus poderosas cremas. Advierte lo relajada que está Doreen en su cercana desnudez; cómo se echa en la esterilla para ponerse loción bronceadora, y mientras lo hace, verifica con la punta de los dedos –pinchando, apretando– ciertos grupos de músculos –en muslos, abdomen, y antemuslos– casi como un granjero evaluando un novillo de concurso. Ella y su cuerpo están en paz, concluye con cierta amargura, en tanto él y su cuerpo están involucrados en una sucia guerra civil.

 

En ocasiones siente que vive en un mundo de materialidad abrumadora. Presiente su pecho oprimido por la presión –¿Estrés? ¿Polen? ¿Doreen?– y da un par de bocanadas a su inhalador.

            Tratando de pensar en otra cosa, tratando de regresar al mundo de la mente, le hace a Doreen una pregunta.

            ‘Doreen, si yo te dijera, “Creo que va a llover, por lo tanto existo” ¿entenderías lo que te estoy diciendo?’

            ‘Por supuesto –especialmente si estuvieras a mi lado.’

            Pero Doreen tiene el ánimo excitado y no quiere explorar aspectos arcanos del problema que tiene Neil con el problema mente/cuerpo. El TESTOMAX está funcionando, le asegura, en verdad lo está. Ahora tiene más energía; su cuota en la prensa de banca se ha incrementado 4.5 kilos en una semana, está menos cansada luego de los ejercicios. Ha subido el tiempo que pasa con los músculos de las pantorrilas –más pesas, más repeticiones– y ya puede presumir un incremento de más de un centímetro. Se incorpora y le muestra. Doblando la parte inferior de la pierna derecha para mostrar las dos placas tensadas del músculo, como pechugas de pollo congeladas, una grande, la otra más chica, bajo la lámina beige y aceitada de su piel.

 

Almuerzo. Neil toma una lata de cerveza, y come un sándwich de queso y tomate. Doreen un licuado de proteínas y tres manzanas. Le ofrece una a Neil, pero él le dice que es alérgico a las manzanas.

 

Dan un paseo por la playa, Doreen caminando en la punta de sus dedos todo el tiempo, trabajando esos grupos de músculos en sus pantorrilas. Mientras caminan le dice que en diez días se va a Estados Unidos. Va a dejar su trabajo en el banco: ya se inscribió a una competencia en Orlando, el ANBC Empire Classic.

            ‘Algo drástico ¿no?’ dice Neil. ‘¿Crees que Barclays te acepte de nuevo?’

            ‘No voy a regresar –no de inmediato. Estoy pensando hacerme profesional,’ dice.

            ‘Oh. Claro. Pensaba que ya llegaría el momento. Claro… Felicidades.’

            ‘Sólo hay un problema,’ confiesa. ‘Necesito un nuevo nombre. No puedo ser una fisicoculturista profesional llamándome Doreen Babcock.’

            Neil sabe lo que está pidiendo. ‘Déjamelo a mí,’ dice Neil.

 

Neil pasa la noche analizando y categorizando nombres de fisicoculturistas mujeres. Emergen pronto ciertos patrones. Los más familiares, por lo que puede determinar, son los que clasificaría como: alemanes, suecos, femenino más femenino, vulgar más tradicional, solitarios, armenios, eslavos, en sopa de letras, de mujerzuela, aliterativos, italianos, hogareños y onomatopéyicos. O alguna combinación de los anteriores. Bajo estos principios bosqueja una selección al azar para Doreen: Shona Dalburian, Sunrise Kruger, Maiayani, Vanessa–Ann April, Alamaba, Shirleen Simpson, Trixxxi Olafsen, Nyralene Kowalski, Skyye, Maggie Steelmaster, Omega Dubrovnik, Trish Malateste, Helga Gudrunsdottir, Ludmilla Francis, Yellow, Carrie–Mae Tuesday, Oklahoma Banks, Zonella Zay, Pearleen Gunther, así por el estilo. Recaba una lista de lo que le parece son una centena de nombres aceptables.

 

‘Los oponentes del dualismo nunca lograron dar una explicación satisfactoria del sentimiento que todos tenemos de identidad personal. No pudieron explicar la relación especial que existe entre los elementos que conforman la mente de una persona y ese particular objeto físico que es el cuerpo de la persona.’

 

‘Y otra cosa,’ dice Doreen mientras caminan por la explanada hacia el restaurante, ‘mi irrigación está mejor y ya no tengo dolores de cabeza.’

            ‘Eso es porque TESTOMAX es un producto natural,’ improvisa Neil, ‘extraído de una planta, tibullus terrestris, que crece en las orillas del Mar Negro.’

            ‘Podrías ganar una fortuna,’ dice ella, ‘si lo comercializaras en regla.’

 

Neil enumera mentalmente los efectos colaterales del uso excesivo de esteroides en las mujeres fisicoculturistas: rugosidad de la piel, acné, estrías, aumento del colesterol, dolores de cabeza, presión alta, disfunción de los riñones, retención de agua, dolores de estómago.

            ‘Corres el riesgo de una disfunción renal,’ dice eventualmente.

            ‘Pero,’ dice ella, ‘¿cómo ganas entonces una masa muscular considerable?’

            ‘Buen punto.’

            Están revisando el menú en Zebulon, un nuevo restaurante que ha abierto en el restaurado Grand Hotel. Por lo que Neil puede decir, Zebulon ofrece comida de al menos siete diferentes tipos de cocina –islas del Pacífico, asiática, Tex–Mex, inglesa, americana, india e italiana– y la rara, idiosincrásica mezcla de todas, insuperablemente representada por el sándwich de la casa: pan italiano con tocino, jamón y queso blando. Los langostinos Tom Yum con una ensalada con lima y limón suenan bien, pero le preocupa su creciente alergia a los mariscos. Ahora su eczema es del tamaño de un plato mediano. Pollo al curry estilo Goa o los ‘Nachos supremos’ también son tentadores. Doreen está lista para ordenar.

            ‘¿La ensalada César con pollo lleva anchoas?’

            ‘Sí’, responde el mesero, que tiene cierto acento ruso, ‘y puede llevar doble ración si lo desea.’

            ‘Bien. Una César con pollo, doble ración de anchoas, pero sin el pollo, ni crotones, ni aderezo.’

            ‘Ah, anchoas,’ dice Neil. ‘Más ácidos grasos omega–3. Excelente.’

            Neil ordena un budín de carne y riñón con una salsa picante al lado. Saca su lista de nombres del bolsillo y la despliega sobre la mesa hacia Doreen.

 

Neil acompaña a Doreen por el estacionamiento de Body’s East rumbo a su auto. Ella abre la puerta, se vuelve y le da un beso, en la boca. Sus brazos la rodean y las palmas de sus manos reposan sobre sus dorsales. Es como abrazar una televisión de pantalla ancha. Aún en tacones ella es quince centímetros más baja que él. De pronto su postura es rara: la cara de ella aplastada contra el pecho de él, la barbilla de él sobre la cabeza de ella.

            ‘¿Puedes oírlo?’ dice él. ‘Mi ritmo cardiaco es irregular.’

            Ella no está escuchando. Alza el rostro hacia él. ‘Gracias, Neil,’ le dice.

            ‘¿Por qué?’

            ‘Maggie Steelmaster.’

 

‘¿Qué es lo que vemos cuando vemos a otros seres humanos? El grueso de su comportamiento es tan impredecible como el clima. Intuimos que poseen vidas mentales –mentes– de un tipo u otro pero más allá de eso sólo encontramos perplejidad.’

 

Antes de que parta a Estados Unidos, Doreen –a manera de regalo de agradecimiento– lleva a Neil a Glyndebourne a ver Cosi fan tutte. Para él es su primera ópera. Doreen, para su vaga sorpresa, le dice que adora la ópera y que Cosi es su favorita. Además, parece que el sitio le es familiar –este teatro en una finca rural– y sabe qué hacer, cual es el protocolo. Neil se entera de que ella viene regularmente a Glyndenbourne con su padre –de hecho el padre ha cedido esta ocasión su boleto para que Neil pueda asistir.

            En el intermedio se sientan en el prado con su picnic, Doreen descarta el pan de su sándwich de salmón ahumado, y se permite un sorbo o dos del champaña de Neil. Recientemente ha estado en el solarium y su bronceado uniforme y profundo luce inmaculado. Neil trata de imaginarla en competencia con su micro bikini, briosa y henchida, depilada, deshidratada, aceitada y untuosa con el aceite de colágeno para las competencias, y siente una extraña aprehensión sexual. La toma de la mano.

            ‘Te voy a extrañar,’ le dice.

            Pero ella no lo escucha, su mente está en otra parte. ‘Neil,’ dice ella, ‘¿Qué opinas del plasma de res?’

 

‘Para algunos pensadores, la mente es reconocible con más seguridad y más inmediatamente que cualquier cosa material. Si se atiende a esta postura es natural comenzar a ser escéptico sobre la existencia del mundo material.’

 

‘Parece increíble,’ escribe Doreen dos semanas más tarde, ‘pero el hecho de haber quedado tercera en Orlando implica que ahora tenga un patrocinador –Busta–Tech. ¡Incluso me dieron un auto! Le conté a la gente de Busta–Tech sobre el TESTOMAX –de modo que ¡espera una llamada! Nunca lo habría conseguido sin ti, Neil (¡y TESTOMAX!). Por cierto, ¿me podrías mandar más? Si quedo dentro de las diez primeras en Ms. Olimpia me quedaré aquí durante un año al menos. Estoy friendo mis pantorrillas en el gimnasio y ahí voy, en verdad está funcionando. Muchos besos, Maggie.’

 

El tutor de Neil, Francis Parkman, le devuelve su ensayo y lo felicita. Luego le pregunta si desea tomar una copa. Pasean por el casi desierto campus de la Universidad de Sussex rumbo al consejo de estudiantes. Como parte de sus estudios de universidad abierta Neil debe pasar algunos días en un centro regional viendo a tutores y asistiendo a seminarios. Parkman le sugiere que mejor se inscriba para hacer los estudios en la misma universidad. Neil se siente halagado pero no parece seguro. Piénsalo, le sugiere Parkman, él tiene confianza en que algo bueno se podría lograr.

            En el bar del consejo Parkman trae las bebidas de ambos.

            ‘Entonces,’ dice Parkman, alzando su tarro para brindar, ‘las mentes pueden existir independientemente de la materia.’

            ‘Sí.’ dice Neil. ‘Y la materia puede existir independientemente de las mentes. Lo veo todos los días, créame.’

            ‘Entonces eres un dualista.’

            ‘Si usted lo dice.’

            ‘Bueno, llegaste a una conclusión y fue un ensayo muy bien fundamentado,’ dice Parkman. ‘¿Qué fue lo que te hizo introducir el concepto de placebo?’

            Neil trata de no pensar en Maggie Steelmaster. En Doreen Babcock convirtiéndose en Maggie Steelmaster. ‘Mis padres tienen un gimnasio,’ dice. ‘Fue algo que me sucedió.’

 

El trabajo, como prometieron los hombres, solo dura un día. Neil paga de su bolsillo, así sus padres no tendrán queja alguna –pero ellos aún no pueden entender por qué tanto escándalo. Neil observa el nuevo anuncio: los mismos colores –pero finalmente bien escrito. Ese anuncio lo ha fastidiado por años: ha mentalizado sobre ese anuncio. Ahora el anuncio de neón color flama de gas azul de ‘Bodies East’ riela en los lustrosos charcos negros que la lluvia dejó en el estacionamiento. Un problema resuelto, por fin.

 

Traducción: José Abdón Flores.

 

 

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