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Poesía de la era del vacío Imprimir E-Mail
por Héctor “Anselmo” Ortega   
12 / 2008

Poesía de la era del vacío.

Entrevista con Israel Miranda Salas.

 

Israel Miranda Salas es un joven músico y escritor que ha llevado su existencia por el camino de la rebeldía, condición que lo ha orillado a trabajar de manera independiente para constituirse como su propio jefe. Sus conflictos internos y la enorme facilidad para meterse en problemas, lo han llevado a crear música y textos que se han aglutinado en algunos discos compactos y tres libros, mismos que resultan la columna vertebral de la colección de poesía Destos Deme Dos.

     En el marco de la Feria del libro del Zócalo, en el Distrito Federal, Israel se toma un descanso para charlar con Palabras Malditas y disertar sobre su condición como editor independiente, su colección de libros y su propuesta literaria.

 

Palabras Malditas: ¿De qué se trata Destos Deme Dos?

Israel Miranda Salas: Es como cuando pides tus tacos de guisado, “destos, deme dos.” En nuestro proyecto editorial se trata de poesía; son textos con un ambiente más sórdido, chabacanón, a veces con un humor bastante negro sin que esto carezca de cierta profundidad. Además, este tipo de textos o literatura, tienen una tradición bastante añeja. A mi se me vienen a la mente, para empezar, Quevedo y Villegas, y más para acá Efraín Huerta, John Dos Passos y otros mexicanos, todos los infras, Mario Santiago que está muy de moda, Oscar Altamirano, Pedro Damián, José Emilio Pacheco y hasta Parménides García Saldaña y José Agustín, que son de la onda y que creo, el único problema que tuvieron fue que se clavaron demasiado en hacer textos generacionales, entonces resultan demasiado aburridos aunque en su tiempo tuvieron ese hálito contracultural, que se le llama ahora y que no sé qué significa.

 

PM: ¿Quiénes pertenecen a esta colección poética?

Los primeros tres son José Luis Gutiérrez, alias el Pollo; Mónica Gameros y yo. En una antología que se llama Medusas vienen una chava que se llama Bárbara Durán y Tanya de Fonz, y en otra que se llama Antología Romanhilista, aparecen Oscar y Edgar Altamirano, Ramón Méndez, Tulio Cavaría y Marco Fonz. Somos en total veinte escritores los que damos salida a doce títulos de la colección.

 

PM: ¿Por qué escribir poesía?

¿Por qué no…? Digo, lejos de caer en el cliché de que todo acto humano conlleva o lleva un acto poético, la poesía, lejos de estar en una esfera inalcanzable yo creo que es algo más cotidiano, lo que pasa es que no estamos muy educados o preparados, o sensibles, para darnos cuenta de lo que sucede. Hay gente que se puede conmover profundamente con el organillero y de fondo una señora vendiendo cocadas y le puede parecer todo un paisaje como muchas novelas costumbristas de principios del siglo pasado, y hay gente que se puede conmover al ver las luces de la ciudad con los motores a todo volumen. La onda es cómo te acerques a eso y cómo lo traslades al lenguaje para que el lector lo sienta así. Más que textos muy elevados, la poesía se trata de sensaciones; todas son imágenes y eso es más cercano a la poesía que a la narrativa, aunque en mi caso, la mayoría de los poemas son en realidad poemas narrativos.

 

PM: ¿Consideras que Palabras de sabiduría, el único libro de narrativa, sea el contrapeso de la colección?

Considero que es un meritito accidente. Lo que pasa es que a mí me cuesta mucho escribir poesía. Me cuesta en el sentido  técnico y emotivo. Es muy pesado escribir poesía de una sola tirada. El primer libro que hice fue Polaroids, fue una expiación grotesca, entonces, decidí hacer algo más chabacanón, como alejado de este sentido clavado y me puse a hacer Palabras de sabiduría pretextando que la voz es de otros pero más bien, es la complicidad que todos tenemos de que muchas de las argumentaciones que vienen de Palabras son cosas que nosotros sentimos muy dentro; es la parte machista que todos tenemos, la parte misógina, la parte violenta capaz de aventarse un churro en cualquier instante, es la parte mesiánica que todos tenemos de repente. A las dos cervezas, ¿qué borracho no es el rey del mundo? Por eso preferí hacer Palabras, por lo que este libro es una suerte de accidente y fue un paso que di por salud mental.

 

PM: En relación a este libro, ¿por qué hacer de los taxistas los protagonistas de las historias y no a todo un grupo de personajes urbanos como el cantinero o el taquero?

Porque fueron con los que me tocó rozarme. Resulta que donde yo trabajaba, los miércoles era briaga obligatoria, entonces el patrón podía llegar al otro día a la hora que quisiera pero uno tenía que llegar más temprano a recoger los muertos. Así que era aventarme en taxi, a oscuras horas de la madrugada y en esos trayectos empiezas a conocer a personajes muy cagados. De ese afán por vivir de noche y por vivir tan lejos, siempre me la pasaba abordando taxis de cualquier parte de la ciudad de México a mi casa. En esos trayectos, para no hacerlos insoportablemente largos y no quedarme jetón, me ponía a dialogar con los personajes que, además, en la noche, todos o la mayoría se meten algo y se les afloja la psique. Por otro lado, paso mucho tiempo en cantinas pero platicar con el mesero es aburridísimo y en iglesias, pues, nunca y con un psicoterapeuta… el último me duró como quince minutos, por lo que mejor elegí taxistas.

 

PM: El más reciente libro que escribiste es El monstruo de arriba de la cama, ¿qué tiene este libro que no tuvieron Polaroids y Palabras de sabiduría?

Es un mismo estilo pero en El monstruo de arriba de la cama ya se nota la tinta de cómo está escrito. La diferencia con Palabras es abismalmente opuesta porque este tiene unos poemas ya no tan clavados, son más vivenciales. Lo que quise hacer con este libro fue lograr una suerte de relato casi generacional por eso los títulos de los textos tienen el nombre de canciones porque tienen que funcionar como epígrafes. Ahí hay una banda sonora oculta que nos toca a toda una generación. Es un trayecto muy afín a las pandillas. Son mocedades y estupideces que todos guardamos. Mientras Polaroids fue una expiación, El monstruo busca un retrato de cómo somos como generación.

 

PM: Acabas de leer en vivo para el público que se encuentra en el Zócalo y aunque comenzaste con tres personas en el público, en algún momento lograste reunir cerca de treinta personas a base de altisonancias y escenas de sexo explícito. ¿Consideras que tu forma de escribir le resulte atractiva al público?

No sé a qué público, si en México la gente no lee. No creo que mi forma de escribir sea particular en la forma porque te repito, están los infrarrealistas y los beatness, los poetas malditos, etc. Hay una tradición en la forma pero el estilo sí resulta totalmente distinto, estoy convencido. He leído a otros cuates de otros colectivos que tienen esa forma cruda y directa de decir las cosas pero sí es otro ambiente. En ese sentido, los ambientes de mis textos están como agridulces y siempre recreo una sensación de vacío, de que algo se nos perdió u olvidó. Estoy en la línea de la canción de Joaquín Sabina, ¿quién me ha robado el mes de abril? Como cuando vas caminando y ¡en la madre, algo perdí! La vida me atropelló y nadie se dio cuenta.

 

PM: Lo que sí resulta peculiar de la colección Destos Deme Dos, es el diseño de los libros: el color, la imagen central de la portada y esa especie de etiqueta con el aforismo en la contraportada. ¿Por qué se te ocurrió hacer todos los libros con la misma característica?

Para que el público se acercara a los libros porque parecen de todo, menos de poesía. Era una necesidad. Tiene mucho que ver con el primer escritor de la colección y cómo estaban construidos sus textos, en cómo estaban presentados y acomodados; incluso, hasta en el tipo de materiales. Nosotros quisimos llevar desde la portada, hacer de los libros algo integral, que desde la portada te dijera de qué se está tratando. Generalmente, las editoriales cuando hacen libros de poesía, piensan en colores muy limpios, rosaditos o azulitos. Nosotros no queríamos eso, además, el tipo de textos que tenemos tampoco son así, son como más salvajes. Nuestra idea era esa, que cada libro tuviera un impacto visual y se sintiera otra atmósfera para adentrarte en lo que hay en sus páginas.

 

PM: Tienes tres años participando en la Feria del Libro del Zócalo. ¿Cuál es tu perspectiva como editor independiente?

Vamos para adelante. En puerta tenemos seis libros de seis autores distintos perfectamente formados. Conseguimos algunos patrocinios y calculo que por febrero la colección aumentará cincuenta por ciento. Cada vez hay más gente que se aproxima a nosotros, que le gusta la forma y la calidad con que trabajamos, pero como no sólo somos editorial sino que ayudamos a otra gente haciendo coediciones y maquilas, el proyecto se sostiene bien. Los problemas son los de siempre, o repentinos, como la crisis que tenemos ahora. Start Pro no va para atrás y por lo pronto seguiremos trabajando todavía un buen ratote.

 

PM: ¿Has resentido la crisis, en relación a los dos años anteriores?

El primer año nos fue muy fresa porque no estábamos tan preparados, ni teníamos tanta oferta. Ahora, nos va bastante bien. Sabemos que ninguno se va a hacer millonario con esto y menos de manera independiente, a menos que nos pase como a la disquera gabacha que tenía Nirvana, que ficharon a la banda y se hicieron multimillonarios. Pero eso no va a suceder con las letras, a menos que uno de nosotros se muera y se vuelva escritor de culto y ni así. Por ejemplo, fue lo que les pasó a los infras, se murieron y después de quince años el Fondo de Cultura Económica, saca un libro. No nos vamos a convertir en una editorial formal pero es bueno porque estar dentro de la independencia te da chance de hacer otro tipo de cosas. En ese sentido Start Pro está creciendo, da para más y hasta nos alcanzó para fundar un sello discográfico que se llama Discos Peligro, que para el primer trimestre del siguiente año lanzará tres discos. Somos multidisciplinarios.

 

PM: Existen detractores de tus letras, lo cual, tú mismo has manifestado. ¿En qué medida te afecta que tu poesía sea considerada como no literatura o como poesía basura?

A todos ellos les escribí un bonito poema en El monstruo de arriba de la cama. Todo mundo puede decir que escribo porquería pero eso me tiene, particularmente, sin cuidado. Uno escribe y tantán. Quien tendrá la última palabra será el tiempo porque ni siquiera uno como escritor.

 

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  Comentarios (1)
Que bien !!!
Escrito por Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesitas tener Javascript activado para poder verla , el 06-12-2008 19:30
Me da gusto que a los chavos de la Poesía para la Era del vacío se les vayan abriendo las puertas. A mí en lo particular la poesía de Israel Miranda me parece muy buena, además de divertida. Algo dificíl de lograr y de encontrar como lector.
 
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