Por Celia Gómez Ramos
Julio del 2010
Los celos siempre cosecharon crueldades atroces, desencadenaron tragedias. Mientras los dioses de la mitología griega procreaban con diosas o ninfas, las diosas jamás se mezclaron con humanos. Ella no toleraron fallas desde un principio, se vieron superiores y no fue por carencia de sentimientos
Mientras en la mitología griega un dios procreaba con diosas y con ninfas, las diosas (salvo el caso de Afrodita, esposa de Efesto ‘el cojo’ y amante de dioses y mortales, entre estos últimos, de Adonis), jamás se mezclaron con humanos. Ellas se mantuvieron silentes ante la infidelidad o asesinaron a sus vástagos y/o al marido. Los celos siempre cosecharon crueldades atroces, desencadenaron tragedias. Las diosas no toleraron fallas desde un principio, se vieron superiores y no fue por carencia de sentimientos y sensaciones, fue para marcar territorios.
Las diosas griegas representan en su tipología, quizá hasta la actualidad, la reproducción de costumbres femeninas en las sociedades; aunque los últimos 40 años las cuerdas se están tornando hilos (espero que no sean de nylon). Las características femeninas debían ser como las de las virginales diosas: Fuertes como Atenea o Artemisa, maternales como Deméter, dependientes como Perséfone, femeninas o espirituales como Hestia, esposas perfectas como Hera. El caso de Afrodita revoluciona, porque otra de las cualidades de la diosa-mujer es la hermosura y claro, a ella no le era suficiente, porque todo el tiempo sintió celos de la mortal Psique. El Olimpo quedó en la mitología, pero las historias las vivimos a diario con una fuerte división de la personalidad femenina, ante estructuras rígidas de poder y etiquetas afortunadamente cada vez menos inamovibles.
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Caminando en el tiempo, asistimos a sucesos tristes como el deceso de las esposas de los hombres en el poder. Platicando de ello, mis amigas y yo hemos pensado en lo fundamental que es cuidar a las compañeras de los grandes hombres, tanto las de los políticos, como las de los empresarios y las de los famosos, y bromeando con los varones, les hemos dicho en múltiples ocasiones: Cuidemos a nuestras primeras damas, consigámosles un amante...
Y en esas charlas domingueras, muy extensas, nos hemos cuestionado terriblemente en torno a esa renuncia que es en sí misma una tragedia en el ámbito familiar y en el ámbito público.
Dice Rosaura: -Son ya varias las mujeres que no acompañan a su pareja poderosa en este México, y no por un divorcio. Para qué hacer un recuento. Entonces menciona la mayor de todas, Carlota: - Rosaura, ya que no quieres hacer recuento, reflexiono en torno a rescatar la idea de “tener una memoria”: la ancestral (nuestra filogénesis), la del imaginario colectivo y la reciente (la de nuestro entorno, vivencias, referencias), nuestra propia historia, porque si no, no avanzamos.
Florencia coincide en que algo está ocurriendo con esas mujeres talentosas que no están buscando los reflectores, y que no acaban por decidir, quedarse sin ser ellas mismas… Compartiendo su vida con una pareja poderosa. Mientras Leonarda y Lucrecia piensan que en eso todavía muchas mujeres estamos mancas y no hemos sabido encontrar los equilibrios, que nos ha sido más fácil dominar el ámbito privado y quedarnos ahí, pero que tenemos que avanzar en el otro ámbito y ser “todo terreno”.
Y Carlota remató: La mujer debe encontrar su equilibrio en el ámbito de lo público, y quizá dijo, permitirse el lujo de ser un poco más excéntrica.
-¿A qué te refieres? Preguntamos todas, porque es la más mesurada, la que se hace como que no entiende el doble sentido, la exitosa en el ámbito de los negocios, pero también la más determinante.
-A que aprendamos a vivir y dejarnos ir, a veces, sólo a veces, sentenció Carlota esta ocasión, y descubrimos que tendría grandes cosas qué platicarnos. Y añadió, también habría que cuidar a los hombres de mujeres poderosas. La misma tónica, busquémosles amantes.
Así que concluimos esa cita, apropiándonos el siguiente verso de Sor Juana para el género humano:
“Si de mis mayores gustos,
mis disgustos han nacido,
gustos al cielo le pido,
aunque me cuesten disgustos”.