Los viajes cósmicos
Dos de copas
Por Marrocas y Martiyo
Enero del 2010
ROJOJÓ: ¡Su Majestad!, ¡su Majestad! SU MAJESTAD, EL REY: ¿Qué pasa, bufón? R: ¡Los van a quemar! ¡Han decidido quemar a los marihuanos! SM: ¿Y yo qué, bufón? No puedo hacer nada, es la ley. Tú sabes que me gusta ser clemente y benigno, pero ¿a quién le gustan los drogadictos? La opinión pública me castigaría si los perdono.¡Qué horror ese mundo de las drogas!, ¿no? R: ¿Cómo que drogadictos, Alteza? Se trata de la sagrada yerba, ¿cómo que drogadictos? SM: ¿Eres marihuano, Rojojó? No te preocupes, sólo necesitas un poco de ayuda. No se lo diré a nadie, pero deja de andarlo proclamando a los cuatro vientos, por favor. ¡Tráiganme al médico real! R: Baje la voz. No me da vergüenza, Su Majestad. Hasta hace poco tiempo, en este reino fumábamos y tocábamos los tambores en el parque, la gente traía sus perros, algunas chicas bailaban con sus ropitas de verano o me aplaudían mientras yo hacía mi acto con mi perrito sabio. Ganaba buena platita, eran generosas. Luego llegaron esas leyes nuevas, otra genialidad de los pensadores reales... SM: Lo pintas todo muy bucólico, bufón, pero los informes de los pensadores del reino hablan claro: esa droga es un peligro para la salud social. Quizá tú no lo veías, pero debajo de los perros, los tamborileros y las hermosas flores del verano, había también asesinatos y daños irreversibles al cerebro y a los pulmones. Yo quiero ser un buen rey y me preocupa la salud de mis súbditos. R: Unas neuronas menos, tal vez, pero, ¿y las cosas buenas que da? El chocolate transforma a las flores del verano en toronjas pero no he escuchado que nadie hable de que debiera de ser prohibido. Ayer el duque Felipón se cayó por las escaleras de palacio de lo briago que andaba. Descalabrado y todo pidió su aguardiente con limón. Ah, pero nadie quiere prohibir el alcohol o el chocolate, tan sólo los churros. SM: ¿Cuáles churros, Rojojó? R: Los cigarrillos de marihuana, el toque, el churro. Ay, Majestad, no se haga el inocente. SM: No me hago, Rojojó. En la adolescencia, mi padre me hizo probar los vinos añejados en barricas de madera fina. Meses después, me hizo prometerle que nunca probaría las drogas. Amo el vino generoso, hermano de la alegría. R: Alteza, ¿cómo pude permitir que vivan los borrachos y mueran los marihuanos. Es como preferir al verdugo en vez del bufón. R: ¡Pruébela Su Majestad! Haga la prueba empírica en vez de confiar en los pensadores del reino. ¿Qué no sabe que son unos gallinas, hipócritas, envidiosos y chaqueteros? Tiene que probarla, Su Majestad. Uno de los amigos que van a quemar es a su joyero, el que le puso las 3 nuevas esmeraldas a la corona. SM: ¡Don Rigoberto es marihuano? R: Ay, Alteza, se sorprendería de la lista. A ver, déjeme abrir esa ventana para que nos llegue el calor de esta tarde, el sonido de las hojas de los árboles. ¡Mire qué sol tan brillante! ¿Qué luz, eh? Mire, aquí dentro de mi gorrito de bufón hay cosida una bolsita mágica. ¡Tatán! ¡Y de la verde limón! Le juro que lo cuidaré, Alteza. Tiene que probarla antes de que vayan a quemar a mis amigos. Se lo suplico, Alteza. Le doy mi palabra de bufón de que no pasa nada malo. SM: Rojojó, estás mal de la cabeza. Algún día la probaré, pero no así a lo loco. Necesito prepararme, leer un poco más sobre el tema, los pensadores... R: Si mis amigos mueren, yo tendría que irme del reino, Majestad, viejo amigo... no le pido gran cosa. ¡Sólo pruébela! Estoy muy a gusto trabajando aquí. SM: Eres un pegajoso escarabajo manipulador. ¿Tan seguro estás de que no voy a detenerte? ¡Enciende la droga! Pero te advierto que la mínima cosa que me moleste será razón suficiente para que Don Rigoberto y sus compañeros ardan en justas y legales llamas. Y si me pasa algo regularmente desagradable, no te echaré al fuego como debiera, pero sí te internaré en la clínica de la prisión. ¿Estamos? R: Como diga, Majestad. Lo enciendo yo porque yo lo ponché y la tradición dice que debo ser el primero en fumar. SM: ¿Así que rituales y toda la cosa? R: Lo extraño es que no tenga una Iglesia universal. Su turno, Alteza. Atícele bien, mantenga el aire lo más posible, aguante... aguante... Ahora sí: fuera el humo. ¡Oiga Alteza! ¡Se va usted a poner bien puesto! Es normal toser, a veces ahogarse un poco; no se preocupe, tome agua, agüita... SM: Primer problema, bufón: el humo quema la garganta. R: Así es. El goce y el dolor, la pareja astral que usted decía el otro día. Igual, con su cosa, cirrosis. Es así. SM: Segundo problema: no siento nada. R: Es porque no reconoce los síntomas. Pero mire, huela: SM: Mmm... Parece perfume de fémina. R: Es una flor de floripondio. SM: ¿Y esto es de lo que se trata? ¿de oler las flores con atención? R: ¿Le parece poco? Mire este otro olor, como de mercado. Es una hoja de tomate. SM: Mira todos sus caminitos, parece como si tuviera muchos brazos de río. R: Mire también la forma, como si fuera una punta de flecha para príncipes. SM: Una bella hoja de tomate sería una elegante insignia real. R: El Reino de la Hoja de Tomate. Los tomatillos. SM: No me agrada la idea de ser el Rey Tomate. Pero bueno... ¿pasa algo más con esta cosa? R: La verdad no mucho más... Aunque le puedo decir que a los marihuanos más macizos se les ocurren grandes teorías. SM: Cuéntamelas. R: De acuerdo. Mire, hace algunos años todas las cosas de la naturaleza tenían su espíritu, todo estaba vivo. Le suplicábamos a los espíritus que nos fueran propicios; también comíamos, fumábamos o nos embarrábamos algunas plantas que nos ayudaban a entender mejor a todos esos espíritus que poblaban las cosas del mundo. Por cierto, Alteza, ¿no se siente usted como con cierta tranquila comunidad con el mundo?, ¿no nos dimos cuenta de la belleza de una humilde hoja de tomate? SM: Como si no notara esas cosas en mis cinco sentidos... Sigue con tu discurso, bufón. Amemos a las plantas que nos hacen ver los tomates. R: Antes amaban también a otras plantas, de espíritu tan poderoso que disparan la cabeza y nos enseñaban árboles que respiran, nubes que se abrazan y flores que se transforman en caras sonrientes o malévolas. Los viajeros cósmicos de hoy se preguntan qué tanto habrán tenido que ver las plantas con los mitos antiguos, con los cuatro hijos del Dios Viejo que decidieron pasar por la experiencia de la muerte para que hubiera un sol en movimiento... SM: Rojojó, muchacho, no me vas a decir que esas drogas que nos hacían ver monstruos y fantasmas son buenas. ¿No te parece mejor saber de células, enzimas, protones y electrones? R: Atícese un poco más, Majestad. SM: ¿Por qué tú no toses como yo, bufón? ¡Fuma más! Además, ya sé por dónde vas. Sigue el problema de la lógica que nos quitó los mitos. R: Todo lo que digo es que hemos aprendido a pensar diferente. Para tratar de entender cómo es que una semilla se convierte en una planta y luego en flores les pusimos medidas a las cosas, las convertimos en líneas, en figuras que nos parecieron armoniosas como los triángulos y los círculos. Queríamos entender la fuerza que mueve los mares o la que hace permanecer fijas las estrellas. SM: ¿No crees que te estás yendo un poco por las ramas, bufón? Te digo: la lógica ha ido venciendo al mito, ¿cuál es la catástrofe? Todavía tenemos poesía. R: Pero la tratamos como si fuera un producto del mercado. La poesía explica todo de otra manera, nos regresa al misterio de la semilla de mostaza, de la semilla del universo estallando como planta. Nos deja ver que hay calzoncillos que lloran lágrimas sucias, como dijo el poeta. SM: Pero la poesía no sirve de nada, Rojojó. Tan sólo nos da un placer. R: Exacto, Alteza, exacto, pero ¿de dónde nos viene ese placer? Ese como desear que las palabras nos digan algo, que nos hagan sentir que existe algo que nos mueve en la belleza. Y no olvide que todos los humanos hemos admirado siempre la hermosura del amanecer y del anochecer, de los prados llenos de flores y de luz, la hermosura peligrosa del gigantesco mar o del desierto. SM: Pues sí, Rojojó, pero si fuéramos topos nos parecería bella una cueva amplia y seca. R: Lo importante es sentir lo que la belleza nos da, no lo que ella sea o no sea en sí. SM: ¿Ya estás haciendo silogismos, bufón? ¿No que eras un poeta? R: Nunca dije que despreciara el pensamiento lógico. Me gusta saber que viajar a la velocidad de la luz es como entrar al túnel del tiempo con rumbo al futuro. SM: Fuma más, bufón. R: Sí, Alteza. Su turno, lléguele. SM: No, yo ya no quiero; pero tú fuma otro poco. R: Estoy bien, Majestad, gracias. SM: Es una orden Rojojó. R: Está bien, pero me voy a poner hasta mis manitas. Aquí voy, pues. Su Majestad, me moriré fumando si es lo que usted desea que haga, pero por favor no deje que maten a mis amigos. Que les den sus azotes en la vía pública, ¡pero no los queme, Alteza! Es un pecado contra la naturaleza. ¿No ve que hay algo que nos dice que eso está mal para nosotros? Ellos creen que hay algo sagrado en un tomate en flor. SM: No los mataré, Rojojó. Pero duérmete ya, me canse de seguirte. Se me antoja saber qué se siente hacer así el amor. Me voy a los aposentos de la duquesa del Pinal, creo que a esta hora duerme la siesta... R: ¿La duquesita Silvia? Qué afortunado es usted de poder ver a esa flor en toda su hermosura. A mí me deja darle besos en el escote si la hago reír. Llévese lo que queda del churro, Rey. Va a ver que se siente muy rico eso de estar con el tiempo un poco más lento. Es como si la rajadita en el tiempo durase un poco más. Pero me voy a acostar, que ya estoy por Zacazonapan. SM: Adiós, Rojojó. Cierra la puerta... Tampoco me parece muy glorioso verte así de lento y torpe. ¡Ya tiraste el agua en la alfombra! ¡Coño! Mira cómo te pones con el abuso de esta cosa. Consideraré su venta como tranquilizante, tal vez. ¡Te estaré vigilando, bufón! ¡Nada de trabajar así!, ¿eh?, ya descubrí tu secreto para aguantar tanto abuso de las damas de la corte. ¡Estás advertido! R: Hasta mañana, Rey. Cierro los ojos y veo lucecitas. Váyase a explorar el universo de la duquesa. SM: Escalaré las colinas y después almorzaré en el valle florido. Me perderé entre los brazos del pulpo y bailaré una danza de agradecimiento al sagrado misterio de la naturaleza, bufón. Pero vete ya, que das pena arrastrando los pies y las palabras. R: ¡Algún día llegará el reino de la Hoja del Tomate! Hasta mañana, Alteza... SM: Adiós bufón... Mmm... quizá lo sensato sería meterle un impuestazo a esto, tener a todos más tranquilos... le preguntaré a Silvia después de que nos terminemos este cigarrito.
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