Una gota
La inmensa teta
Por Jonathan Minila
Agosto del 2009
La gota cae, cae, cae… Una gota, casi imperceptible, cae desde un grifo que talvez existe o talvez no. Es simplemente así: En algún lugar el eco de aquella caída interminable, de una gota interminable, se repite sin final llenando el espacio aquél, que nadie conoce, de sonidos quiméricos que no son escuchados. Yo no puedo darlo por cierto, pero supongo o simplemente siento, que aquella gota existe, y debe ser así. En algún espacio perdido de la tierra debe existir aquella gota que yo imagino, y que por eso mismo percibo, y que por eso mismo surge y muere. Como el día aquel en que encontré los ojos que ya había sentido, pensado, soñando. Encontré unas manos ya creadas, deseadas, imaginadas por mí en algún espacio de la vida. Un olor, una caricia, un tiempo, un beso, un amor y unas palabras que parecía yo haber profetizado alguna vez. Yo percibo que aquella gota existe así como un día pude percibir el nacimiento, la muerte, las lágrimas, la tristeza, el silencio, el cielo, el infierno, la vida más allá de la luna. Es cómo una voz que llega con el viento y te enseña el mundo entre sueños, y que cuando despiertas te llevas todo entre tus ojos sin que lo sepas, hasta que un día las imágenes caen y se forman en alguna parte del universo como si las crearas; como si tú, yo ó algún otro, fuera su Dios, su creador. Es por eso que aquella gota seguirá existiendo hasta que yo la olvide o muera; talvez hasta que aquél que me haya imaginado me olvide o muera. Mejor aún: el eco dejará de escucharse, la vida terminará, los besos soñados dejarán de existir, la gota casi imperceptible se transformará en una lágrima, igualmente imperceptible, hasta que aquél Dios que me ha creado imaginé mi muerte, y la haga una realidad, y me deje perdido en algún lugar donde sólo yo pueda escuchar mis gritos desterrados, que serán como el llanto de aquel grifo que derrama gotas como si fueran lamentos. Así, todo será algo en algún lugar que no veré, y nada será para mí por que yo habré muerto. Nada de lo que mis ojos han creado alguna vez en el mundo, después de mi muerte supuesta, será parte de eso que deseen otros ojos. Esas cosas que yo he puesto en la tierra con mis deseos y miedos, dejarán de formar parte de aquellas cosas que comparten un mismo espacio; de aquellas imágenes, objetos, sueños y pesadillas creadas por cualquiera, por que entonces, habiendo yo muerto, ya no podré concebir , ni crear, ni soñar, ni imaginar nada más. Ahora mismo, al igual que aquella gota que yo imagino, una lágrima cae desde un ojo que cualquiera de nosotros pudo haber inventado; igual que como otro creó nuestro día más triste, la forma de nuestras manos, nuestro sueño más entero, nuestro primer beso, la muerte, nuestro más grande miedo, nuestro paso más corto. Puedo suponer entonces que esa lágrima que alguien ha formado, es como aquella gota eterna que se derrama lentamente poniendo ritmo al tiempo, y que mis ojos miran, y que mis oídos escuchan y que mis manos sienten. Deseo encontrarla para terminar con ella, y no solo olvidarla y dejarla perdida en el espacio donde caminan los muertos que no la miran, (no tienen ojos), si no también beberla, tragarla, y hacerla mía, para convertirme en eso que más temo. Es así como aquella gota, aquella lágrima, el tiempo, y todas esas cosas que observo se derramarán en forma circular, y serán inmortales, siempre y cuando mi corazón siga despierto, y que, como un gran latido, seguirán naciendo al mismo tiempo. No podría decir a ciencia cierta que todo aquello que veo, realmente es para todos (todos los que existen o talvez no), parte del mundo que miran. Es como un gran sueño que se escurre por las manos, entre los dedos, y cae en sentido contrario hasta quedarse frente a nuestros ojos que al cerrarse, al final, dejarán caer aquellas cosas que miran. Una gota casi imperceptible cae desde un grifo que talvez existe o talvez no. Y al final, solo quedará un ultimo hombre con aquellas cosas que ha cimentado, (esa soledad es parte de aquellas cosas), mientras que los otros Dioses se habrán perdido en algún lugar que nadie sabe, que talvez es como un sueño perdido, o como un árbol enorme de ramas largas que nadie mira. Y todo terminará entonces cuando aquel último Dios cierre los ojos, y desfallezca cayendo en la nada, por que al no haber ojos que lo perciban, el cuerpo caerá sin fin hasta llegar al mismo lugar donde se encontraba para seguir cayendo. No sé si seré yo aquel hombre que nada mira, o que lo mira todo, pero ahora creo fervientemente en que aquella gota existe en algún lugar que nadie sabe, y que lograré encontrarla al hacer desaparecer todas aquellas cosas que he puesto ante mis ojos para sufrir, vivir y seguir la vida. Mientras tanto, la gota seguirá cayendo constantemente, y yo seré yo gracias a alguien, y tú y todo será gracias a alguien, como si fuéramos una gota de aquellas que yo supongo existen en el grifo aquel, que está en alguna parte. Agregue su comentario |
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