Va de retro, satanás (o quien sea)
Nimiedades, ridiculeces y otras impertinencias
Por Raúl Bravo Aduna
Agosto del 2009
A Paula, hardcore fan y
calzón de bebé por excelencia
La pasada semana del 2 de noviembre podría ser calificada como surrealista o, quizá, como suprareal; la realidad le ganó a la ficción, y por mucho. A pesar de que el mundo del rock progresivo aun no podía recuperarse por completo de la muerte de Jimmy Carl Black, baterista de The Mothers of Invention – banda liderada por el abuelito del progre y dios de hartas religiones, Frank Zappa–, la semana comenzó bastante tranquila, la muy infeliz, celebrando a los pobres cándidos que se purifican en el purgatorio, ensalzando a la Dama de la Muerte y, en mi caso, colocando un libro de Stevenson en una pequeña ofrenda a Borges; nada del otro mundo, pues. Asimismo, seguía vigente la noticia de que el jefe de la policía federal en México (ese que lidera a los que nos protegen) renunciaba a su cargo para ser investigado por tratos con narcotraficantes (quizá, por eso es que podía protegernos); nuevamente, todo en orden para ser una semana mexicana. Al día siguiente, el 3 de noviembre, los mercados en Asia abrían la semana con resultados confusos y, para no variar, medio caóticos. En Acaponeta, Nayarit, Nicolás Sánchez Rodríguez asumía, obviamente con mucha responsabilidad, la presidencia del PAN (no el de panaderos, sino el de mojigatos) en aquel municipio. El PRD iniciaba, para sorpresa de todos, una campaña a favor de la reforma energética; ahora sí, podríamos sospechar que la semana comenzaba a tornarse disímil, pero como siempre en la política, todo es posible y nada es realizable, así que tampoco parecía sobrenatural. En Inglaterra, la nueva película de James Bond, Quantum of Solace, debutaba superando la recaudación del último film de Harry Potter. Por cierto, si alguien se lo preguntaba, Islandia seguía (sigue y seguirá) en crisis. El martes, en cambio, fue distinto, muy distinto; cuando amaneció, los minutos se encontraban congelados junto con gran parte del mundo. La mayoría de la población en los EE.UU. esperaba un nuevo Black Tuesday para su historia, en el cual la palabra “Obama” le diera significación al concepto. Se esperaba que Barack Obama arrasara las elecciones con, al menos, 330 votos electorales; y los pronósticos se cumplieron, el candidato demócrata alcanzó 364, juntando un total de 65, 293,083 votos. Los EE.UU. tenían por vez primera en su historia, un presidente electo afroamericano; ahora sí, el mundo comenzaba a distorsionarse. Parecía que aquel país estaba realmente feliz y entusiasmado por su nuevo presidente y seguros de que “todos” querían a Obama, a pesar de que el 46% de la población (no de los votos electorales) votó por John McCain. Sin embargo, paralelamente al conteo de votos en nuestro vecino del norte, en México pasábamos también a la historia. Alrededor de las siete de la noche, un Learjet se estrellaba en Reforma y Prado Norte, en plena Ciudad de México. Por si fuera poco, en aquel avión viajaban Juan Camilo Mouriño (en ese entonces Secretario de Gobernación) y José Luis Santiago Vasconcelos (asesor presidencial en temas de seguridad y ex-subprocurador de la PGR), ambos, personajes clave en cuestiones de seguridad nacional. Ante esos hechos, la especulación no se hizo esperar. “¿Accidente o atentado?”, fue la pregunta lógica entre los mexicanos, sobre todo, tomando en cuenta la llamada “Guerra contra el narcotráfico” que emprendió el Presidente Calderón. Así las cosas, en aquel martes plomizo, el pueblo mexicano abrió los ojos. Sea o no atentado, lo que sucedió fue terrible y conlleva un sinfín de reflexiones que pueden comenzar por analizar las palabras del presidente chaparrito (pero presidente a fin de cuentas) en aquel día: “Su muerte [la de Mouriño] me causa un enorme pesar, pero al mismo tiempo es para mí un motivo poderoso para pelear sin descanso, y ahora más que nunca por los ideales que compartimos”. En aquel discurso se reflejó lo consciente que está Calderón de los costos que implica la tarea que comenzó con el ejército y demás “protectores de la sociedad”. Y así, recordé aquella carta que le escribió Luis Cabrera a Francisco I. Madero en la que le dijo que “las revoluciones son siempre operaciones dolorosísimas para el cuerpo social; pero el cirujano tiene ante todo el deber de no cerrar la herida antes de haber limpiado la gangrena. La operación, necesaria o no, ha comenzado; usted abrió la herida y usted está obligado a cerrarla…”. Si metemos la cabeza a la boca de un león, no podemos esperar que no la cierre, y justamente, ahora que comenzamos algo (que podría ser benéfico para el país, o no. No lo podemos saber), no se vale titubear, ni decir: “va de retro, satanás”. Agregue su comentario |
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