Diatriba contra Twitter y compañía
Nimiedades, ridiculeces y otras impertinencias
Por Raúl Bravo Aduna
Marzo del 2010
Ahora, tuiteamos desde el baño, la escuela, el trabajo, la mesa, el cine, la fiesta, el téibol, los taxis y los etcéteras. Le enviamos ganado a nuestros cuates, para que se den una vuelta por una granja que ha consumido 793.528 horas de nuestras vidas, pero que está bien chida (más de 541.72 ”likes” avalan este argumento). Y no es que yo sea un crítico de la tecnología, pero hay algo en todo esto que apesta, que hiede asquerosamente. El blog, el Facebook, el Twitter, todo eso, nos quitan cierta parte de la experiencia humana y creo que no exagero al decirlo. Nuestras vidas, de una forma u otra, ya son parte del escaparate público. Y nos da gusto: nomás andamos esperando a ver quién nos taggea en alguna foto, con alguna chichona para presumir que tenemos amigas chichonas (o con algún tipo culón, en el caso de mujeres y gays, para que la gente sepa que tenemos amigos culones). Pero está bien padre, tenemos de “amiguis” a la Diana Alabama (la cantante de moda), a la Ninel Conde, al Señor Licenciado López Obrador y hasta al mismísimo Esteban Arce (un hombre de Neandertal que escapó de laboratorios suecos para conducir un noticiero en nuestro país, donde cualquier hombre de Neandertal es capaz de hacerlo). Cualquiera que ingrese a http://www.twitter.com/rusoaduna, por poner un ejemplo, sabrá que paso los domingos viendo los partidos de los Vikingos, que me gusta el helado (y sabe, en específico, cuándo lo consumo), cuándo estoy en Skype y, por supuesto, cuándo decidí que sería un buen día para no utilizar ropa interior. “Pos no los uses”, sería la respuesta inmediata. Sin embargo, lo cierto es que también nos encontramos en un punto de la historia en el que parece imposible hacerlo. Si dejo de utilizar el blog, el Twitter y el Facebook, seguramente dejaré de tener los pocos lectores que tengo, se me olvidarán los cumpleaños de la tía Lucrecia y de su hija, la prima Jacaranda, dejaré de tener contacto con el “exterior” y se me olvidará hacer la tarea. Además que dejaré de sentir ese falso sentimiento de logro que se genera cuando 4 personas likearon mi link, 7 RTearon mi comentario y 2 comentaron una entrada (sin olvidar, claro está, el enriquecimiento de vocabulario que nos dan estas herramientas).
Decía Wislawa Szmborska que “nuestro botín de guerra es el conocimiento del mundo: es […] tan difícil que se puede describir con una sonrisa”, yo digo que es tan difícil que, al parecer, se puede describir con un tweet. O al menos eso nos demuestran todos aquellos que lo hacen unas 537 veces al día. Reitero: no es que, muy a pesar de lo difícil que me parezca comprenderlas, esté en contra de las innovaciones tecnológicas; sin embargo, creo que la intimidad vale más que 140 caracteres. Es más, creo que hasta voy a tuitearlo, para que vean lo importante que me parece… |
RegístrateLo más nuevo:
|
Sobre Palabras Malditas
Editorial Efímera
- Antología de cuento Palabras Malditas
- CD-ROM Interactivo
- Playeras
- Envío de manuscritos





A ciencia cierta, no podría saber cuándo fue que pasó; nadie podría afirmarlo con precisión, me queda claro. En algún punto, sin retorno aparente, decidimos obliterar la poca privacidad que nos quedaba en este mundo tan insípido y ramplón. Decidimos ceder nuestros pocos espacios secretos, a cambio de sentir una suerte de fama. Hubo una permuta bastante incoherente: dimos nuestra intimidad a cambio de unos cuantos “RT’s” y “likes”, que le demuestran al mundo lo populares que somos.
La tecnología es útil y el discurso opuesto se tacha de intransigente. Pero no puedo dejar de pensar en lo que conlleva esto de tener tanta tecnología tan a la mano. Mi DVD piensa más que yo, mi celular podría responder un examen 10 veces más rápido, hasta el microondas tiene una capacidad cognitiva superior, la contestadora, estoy seguro, podría recitarme de memoria los 154 sonetos de Shakespeare con todo y acentito inglés y mi televisión merece mención aparte, pues hasta me corrige cuando me equivoco al cambiar algunas cosas de la configuración. Y ni qué hablar de esa tendencia ridícula de documentar TODO lo que sucede en el momento que sucede. En una fiesta, qué duda cabe, la diversión se interrumpe para la inolvidable sesión fotográfica, que un día después pasará a las páginas de Facebook, para que todos sepan que sabes pasarla bien. El tuiteo a medio brindis, para que los demás se enteren que estás brindando. Ya sólo falta que, antes del acto sexual, uno publique lo que sucede en Facebook, para que la otra persona involucrada en dicho acto likee eso.
jeje.... en mi intento de superar mi ciberadicción no había tenido oportunidad de leer tu aportación del mes, y hoy que paso por aquí me divertí mucho...
así que después de todo, mientras las horas "perdidas" en la red dejen un buen sabor de boca habrá que recurrir a ellas de vez en cuando, no?
Me gustó mucho tu comentario, "hay algo en todo esto que apesta".
http://www.weliveinpublicthemovie.com/
échale una investigada