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El miedo de los escritores

Ventana Opuesta Por Sara Bertrand
Septiembre del 2009

 

¿A qué le teme un escritor?, ¿cuál es el miedo que indujo a Raymond Carver a poner un punto aparte a sus frases escuálidas para suavizarlas? Esos mismos que fueron tachados por la mano implacable de Gordon Lish, aún cuando el discípulo de Chéjov le escribiera rogándole: “por favor, Gordon, por Dios santo ayúdame en esto y trata de entenderme”. Carver no solo temía que aquel manuscrito quedara como escrito por otro, sino que le temía a su propia humanidad. Porque el escritor no le teme a la crítica ni a la página en blanco ni menos a la pisada que no deja huella, como decía Bolaño, lo que atemoriza al escritor está más cerca de lo que escribió Kawabata en La casa de las bellas durmientes y es que “cualquier clase de inhumanidad se convierte, con el tiempo, en humana”. Dicho de otra manera, el escritor se teme a si mismo. Teme a esa inhumanidad que descubre al adentrarse en su propia oscuridad. The dark side. Porque cualquiera que ambicione volverse escritor deberá, tal como Luke Skywalker al final de su entrenamiento Jedi, luchar contra Darth Vader. Skywalker entra en la cueva de los pantanos de Dagobah y de un sablazo láser le corta la cabeza al supuesto Vader, pero entonces viene el horror: la cabeza rueda por el suelo, el casco cede y se abre y no es la cara del Lord maligno la que aparece ahí, sino la suya propia.

Habrá quien alegue –y con razón– que el ser humano se compone de luces y sombras; la diferencia es que el escritor debe animar a sus fantasmas. Y ahora retomamos a Kawabata, quien inmediatamente después de la frase anterior, señala: “En la oscuridad del mundo están enterradas todas las variedades de trasgresión”. Helo ahí el terror del escritor: la variopinta gama de perversiones que ilumina al adentrarse en su oscuridad. Iluminarlas equivale reconocer sus "inhumanidades" como algo que los hace imperfectos mortales y que, a la postre, los lleva a sentir más que afirmar –porque no existe certeza, solo intuiciones– lo que acabará con ellos. La experiencia es para valientes, no por casualidad Bolaño afirmó que en su cocina literaria habitaba un guerrero. Se necesita una armadura para animar la maldad y luchar contra ella. Por cierto, una pelea en la que lleva las de perder, por algo Kafka entendió que moriría escribiendo el día que tosió sangré. En ese preciso instante no solo dejó de avivar su flirteo con la que se supone fue el amor de su vida, sino que se consagró a la tarea de las letras con la misma determinación con que su protagonista del “El artista del hambre” dejó de alimentarse. Es decir, escribir supone abrir un espacio a un debate interior que se extenderá mientras viva, o para ponerle número, durante mil páginas de Los hermanos Karamásov en donde Dostoievski en una de las tantas afirma: “las vacilaciones, la inquietud, la lucha de fe y la incredulidad, es también a veces para un hombre de conciencia (…), un martirio tan grande que resulta preferible ahorcarse”. Porque hay muchos que sucumben y el suicidio es una de las formas más expeditas, pero también está el alcohol, las drogas, la demencia, en fin, los ejemplos abundan.

Claro que aquellos que sobreviven (¿se puede hablar de sobrevivencia?) reciben su aguinaldo. Acercarse a lo perverso o malogrado, conduce al escritor hacia su propio misterio como ser humano. Como si –perdonando el cliché– pudiera rozarle la cara a su muerte, porque en un punto de su carrera, el escritor comprende de qué materia está construido y qué será lo que termine por hacerlo caer. Y en ese momento ocurren dos cosas simultáneas: una, que comienza a trabajar como condenado (sic) y la segunda es que lo hace desde las entrañas. Neruda decía que escribía de la sangre para la sangre, ¿se puede hacer de otra manera?, no, no se puede. Se escribe desde lo profundo porque es inevitable o, como arengueaba un profesor, un relato que no saca lágrimas o provoca carcajadas, no tiene gracia. Quien escribe desde la sangre va directo hacia ese motor que nos bombea dentro.

 

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Comentarios (6)
Hermoso
6 Martes 09 de Febrero de 2010 12:51
importa?
"Se escribe desde lo profundo porque es inevitable", y también es inevitable llegar al alma del lector (de lo contrario no lo llamaría lector).
Me gusta mucho la fluidez de tus textos, es fácil leerte y muy reconfortante.
Interesante
5 Domingo 20 de Septiembre de 2009 16:47
Ramsés-LV
Interesante reflexión. Es probable que en la exploración de las tinieblas humanas residan el poder y el encanto de la literatura.

Saludos. Wink
Felicitaciones
4 Lunes 14 de Septiembre de 2009 15:11
Emilia
Escribes con un ritmo encantador.
Super Bienvenida!

P.s: Vives en Chile?
felicidades
3 Viernes 11 de Septiembre de 2009 17:36
Ema
me gustó mucho tu articulo, es muy cierto lo que dices en el, felicitaciones
Exelente
2 Lunes 07 de Septiembre de 2009 11:04
Cata
Muy bueno,me tocó lo que dices que hay un momento en que el escritor comprende de que materia esta construido y el efecto que produce esta comprención en él..
Bienvenida
1 Viernes 04 de Septiembre de 2009 16:26
MoonRider
Me gustó mucho tu artículo, Sara, bienvenida al Infierno de Palabras Malditas
 

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