Porno & Literatura  /  10 años pervirtiendo a nuestros lectores
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Es sexo es triste

 

 

Ella sabe lo que el hombre espera sin haberlo aprendido
y él encuentra un sentido al enigma que no le dejaba existir.

Radio Futura / Han caído los dos

 

Andrea C. no soportaba la idea de tener sexo a pesar de haber disfrutado los besos y toqueteos con su primer novio a los 16. Aún así se casó con él y perdió la virginidad hasta los 22. La experiencia le dejó un vacío emocional, la sensación de estar incapacitada para disfrutar del sexo.

La tarde en que la conocí me platicó su historia, una mujer joven, bella y de un cuerpo que inspiraba todo menos frigidez. Quería saber mi opinión sobre su aversión al sexo, así que pedí otra cerveza y mirándola a los ojos le dije: Tienes razón, el sexo es triste. Me miró sorprendida y encendí un cigarro, después le dije más o menos lo siguiente:

Cuando pienso en sexo desnudo y lo reduzco sólo a dos cuerpos más o menos comunes también siento cierta aversión al choque genital. Hay mucho, sino todo, de animalidad en el acto sexual, la penetración y el intercambio de fluidos. Los genitales, especialmente el masculino, es francamente feo y violento. El sexo podríamos reducirlo a un mete saca angustiante cuando se trata de una llamada de la naturaleza al desahogo.

Esto lo sabemos cuando no sentimos una atracción particular por alguien con quien tampoco tenemos lazos emocionales profundos y accedemos a tener sexo precisamente por esa urgencia de desahogo, una vez terminado el acto sobreviene esta sensación de vacío, vergüenza e incluso asco emocional. Alguna vez escuché una entrevista con el cantante de Bersuit Vergarabat quien en un juego de palabras al mencionarle la palabra orgasmo respondió: tristeza, es el final.

Por otro lado las capacidades del cuerpo son limitadas. Tenemos anos, bocas, pene y vagina (que nombres tan horribles), y nuestros cinco sentidos. Nada más. El cuerpo envejece, la belleza y el placer son pasajeros y también cargamos con una serie de defectos físicos y emocionales, de inseguridades y miedos. ¿Pero entonces, porque a todos nos fascina el sexo? ¿Es sólo una necesidad fisiológica o en realidad se trata de una construcción intelectual?

Y aquí es donde viene lo interesante. De manera estricta el sexo no ha cambiado nada desde que somos humanos y no es muy diferente a cómo se aparean todas las especies de mamíferos. Pero si algo nos ha distinguido es nuestra infinita capacidad para la búsqueda de nuevos placeres a través del fetiche.

Una mujer desnuda puede ser hermosa, pero lo es aún más si esta vestida encantadoramente, como cuando el pavo real levanta su plumaje, y es entonces cuando su cuerpo se convierte en misterio. El erotismo nace, casi de manera bíblica, con la vergüenza. El vestido rebasa su propósito de protección contra el clima y se convierte en una manera de ocultar nuestros genitales y embellecer el cuerpo. A partir del vestido la lista es infinita: maquillaje, tatuajes, perfumes, modificaciones corporales, peinados, etc.

La transformación física hecha para atraer sexualmente a otros, el fetiche al cual se le añadirán después implementos hechos específicamente para el placer como los consoladores, látigos, mobiliario, flores, sábanas de seda, ataduras, plumas y otros juguetes sexuales. Reafirmamos así que el cuerpo no es suficiente, es necesario un intermediario. Octavio Paz bien lo señala en La llama doble, cuando dice que en el acto sexual siempre hay tres al menos, la pareja y la fantasía que los acompaña. El fetiche encarna de tal modo en el deseo que sobrepasa el objeto para convertirse en una presencia. La imaginación es entonces parte fundamental del erotismo que nos aleja del sexo natural/animal. El amor mismo es una construcción intelectual que nos permite crear sensaciones que van más allá del simple deseo sensorial. Hacer el amor. Coger también. Fantasía: tomar a una mujer contra su voluntad, seducirla lentamente, pervertir colegialas, coquetear con el profesor.

La transgresión es fundamental también para Bataille, quien generalmente la lleva al extremo impulsando la energía vital (erótica) al opuesto tanático (la muerte) y conducir la experiencia hacia la totalidad, y como el Marques de Sade, toma de pretexto el sexo para hacer filosofía, sacia algo más que el cuerpo y el placer se extiende a la mente. Todo tiene un lado oculto y nada es lo que parece.

La mayoría no tenemos que llevar la fantasía a un extremo filosófico aunque siempre existe un rastro moral y las pequeñas transgresiones se convierten en motores eróticos: coquetear con extraños, hacer el amor en lugares públicos, tener amantes secretos, fantasear con la hermana o seducir a un hombre casado. La moralidad de los amantes en sus juegos y fantasías transgrede las buenas costumbres y la moral publica. Coger deja de ser un acto meramente físico para convertirse en algo más. La sofisticación de las fantasías amatorias nos llevan a crear grupos afines como el BDSM, el swinger, la fantasía o el gusto por la prostitución, la bisexualidad y sexo en grupo entre muchos otros.

Como dirían los griegos, el hombre es una máquina compuesta de cuerpo y mente. También de espíritu. Y es esto lo que nos ha mantenido fascinados con el sexo desde el principio de los tiempos. Hay algo más poderoso que añadir todavía, el lenguaje. El cuerpo tiene su propia manera de expresarse, pero una fantasía encerrada en la cabeza tarde o temprano exige una salida y un receptor sobre quien tener efecto. Mencionaba lo horrendas que pueden ser las palabras correctas para referirse a los genitales, pues siempre me remiten a diagramas de primaria y visitas al consultorio médico, son asépticas y cosifican algo que jamás debería pertenecer al mundo de lo inanimado. Prefiero coño, verga, concha, palo, culo, polla, grupa y todas las palabras y sus combinaciones que contribuyan a crear una atmósfera erótica. Una frase sucia, dulce o pervertida murmurada al oído mientras se tiene sexo puede tener efectos poderosos.

No es de extrañarse que la pornografía sea una industria que nos ha acompañado desde que existen medios de reproducción, que hayan existido consoladores en la antigüedad y que ahora llevemos el sexo a la virtualidad y al mundo cyborg. La moral también se transforma constantemente, pasamos del libertinaje a una sociedad victoriana y después a la revolución sexual, y en cada fase siempre hay un encanto, la posibilidad de quebrantar algo sexual y eróticamente. Escenarios en los que las culpas y los placeres se modifican y contradicen en nuestra necesidad por encontrar nuevos y más intensos placeres.

El sexo no significa nada en sí mismo. Es un territorio que cuando esta vacío puede resultar desolador, pero en el que es posible experimentar con la energía vital y construir un universo rico y personal que podemos compartir, como en un juego, con los otros. Tocar/penetrar, más allá de los límites del cuerpo a nuestras parejas, hacer del acto sexual un rito espiritual cuyos ecos estarán resonando a través del tiempo en las personas con quienes compartimos un instante y en las que proyectamos algo de nosotros mismos, un acto de comunicación más allá de los sentidos.

Mi amiga escuchó atentamente todo lo anterior y no fue hasta que tomé un respiro en el que pude notar sus mejillas sonrojadas. Le pregunté qué puertas aparte de las corporales había conseguido abrir su marido. No fue necesaria una respuesta. Pedí la cuenta y partimos con rumbo incierto.

 

 @pornovisor


PD. Me da gusto regresar a Palabras Malditas ahora que ya es una publicación pornográfica. Como siempre agradeceré sus comentarios y observaciones, especialmente si son chicas jovenes en busca de un guia espiritual :)

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