Los escritores invisibles, de Bernardo Esquinca

Los escritores invisibles
Bernardo Esquinca
Fondo de Cultura Económica, 2009

 

 

 


Bernardo Esquinca (Guadalajara, Jalisco, 1972) es narrador y periodista, de la promoción emergente de escritores mexicanos, destacándose por haber obtenido el apoyo del FONCA y ser colaborador constante en La Jornada Semanal, Tierra Adentro, Nexos y Letras Libres. La solapa de Los escritores invisibles menciona otros libros del autor, entre otros, Belleza roja (2005) y Los niños de paja (2008). Rescato sus textos acerca del cine, se pueden encontrar en Letras Libres.

Jaime Puente es un “hombre común y corriente” que ronda los 30 años. Estudió en la Facultad de Letras y tiene aspiraciones literarias, pero no ha publicado nada. Vive de una manera bohemia junto a su amigo David, quien es el que le paga casi todo. Jaime Puente es un cliché que no se supo aprovechar, además es el personaje principal de la novela y el narrador. La historia comienza diciendo que Jaime debería llamarse Jaime Pozo (y no Puente), porque está en el fondo. Renta un departamento que no puede pagar, come cosas que le regalan y está decidido a publicar un libro. Le llega la oportunidad de ser publicado por una editorial prestigiosa, con la condición de encontrar el manuscrito de Roberto Rojas, profesor de Jaime en la Facultad.

La trama de Los escritores invisibles puede parecer buena y, a algunos escritores novísimos, parecerá ser una novela ideal que divertirá por lo que se deja leer. Sin embargo es aquí donde el libro falla. Donde el lector parece que encontrará rechazos y aventuras en el mundo editorial: no hay nada. Donde el curioso cree hallar una historia de misterios por un manuscrito perdido: no hay nada. Donde aparecen escritoras de libros inéditos y eróticos, recuerdos de la infancia y traiciones: no hay nada.

Sería más fácil hablar de lo que la novela pretende a lo que la novela es, pretende mostrar lo difícil, competitivo y egoísta del mundo literario. Intenta mostrar al lector un lado sexual de la novela, con una correctora de estilo sexy, una camarera y un grupo literario de amas de casa, dedicadas a escribir literatura erótica. Hay tintes de un manuscrito perdido, importante y bueno, por la cual las editoriales se pelean. Hay muertos, hay sexo, hay misterio. Y aun así: no hay nada.

Creo que la novela es prematura. Esquinca es ambicioso. Es indudable que existe un talento y cierta facilidad para contar las historias. De tan ambicioso que es, Los escritores invisibles no logra abarcar todo lo propuesto. Una lástima, porque la materia prima ahí está. Ni del Jaime Puente, obstinado en publicar, vemos su cualidad principal, obsesionarse con ser conocido. Ni del manuscrito vemos sus luces, es más, de pasar a ser el misterio de la novela y la manzana de la discordia entre dos editoriales, pasa a ser un tema que Esquinca resuelve en dos párrafos. Sexo hay, pero las amas de casa, después de hacerse interesantes, desaparecen y se hacen invisibles. Jaime Puente es el eje de la novela, y todas las tramas quedan inconclusas, quedan vacías.

Bernardo Esquinca, como narrador, y Los escritores invisibles tienen bondades evidentes. El libro tiene una fluidez increíble, no aburre, no cansa en ningún momento. El lector primerizo encontrará puntos fuertes. El lector experimentado hallará guiños literarios. La narrativa (pese al molesto estilo y gestos a Bolaño) hacen de Esquinca un hábil escritor.

Llegué a dos conclusiones. La primera: Esquinca (con una habilidad buena, que desgraciadamente creo que falló) en vez de haber escrito una novela a medias, pudo haber escrito dos con una calidad superior. Una dedicada a Jaime Puente, la publicación del libro, su manía, sus recuerdos y los personajes que lo rodean (la correctora, Fonseca, Julio, David, La tía de Jaime, etcétera), y otra con la cofradía de las amas como eje. Un tema muy interesante, las aburridas señoras, que en su ocio se dedican a la literatura erótica, al deseo, a la infidelidad. Así las distintas y prometedoras tramas inconclusas de Los escritores invisibles habrían llegado a su punto máximo.

La segunda conclusión le daría un vuelco a la concepción de la novela. Jaime Puente, sus tramas, los personajes, no llegan a completarse no por querer abarcar todo, sino porque ese es su propósito. No es algo sin fundamentos, la última parte de Los escritores invisibles se llama “El gran vacío”. Y así se siente Jaime Puente. Quizá el libro de Esquinca tenga ese fin, demostrar el gran vacío de las cosas, de ser prematuro, de la sociedad tan egocéntrica y ensimismada que tenemos. De ser así, el libro está muy bien logrado. Confuso, como todo lo bueno, pero es una lectura posible. Felicito al autor por haberlo hecho.

 

*Joaquín Guillén Márquez (Ciudad de México, 1990) es estudiante de Literatura Inglesa en la UNAM. Ha publicado cuentos y crítica en varios medios, entre otros, Punto en línea, Palabras Malditas, El Universal, El periódico El Juglar y en su suplemento cultural, “Reflexiones”. Se dedica a la difusión cultural (en la rama de literatura) en la zona norte del municipio de Nezahualcóyotl.

 

 

Comentarios  

 
#2 Le diste al clavoPalabrero 14-05-2011 23:32
Bernardo Esquinca, es genial; sin embargo, creo que a la historia le faltó cocción. Muy de acuerdo contigo Joaquín. Felicidades.
 
 
#1 VAYA CON EL MOCOSO!OCTAVIO HARO 19-10-2010 12:35
NO ES MI INTENCIÓN DEFENDER A BERNARDO QUE PARA ESO, SU LITERATURA SE PINTA SOLA. AUNQUE ME PARECE PRETENCIOSA LA NOTA DE JOAQUÌN GUILLÈN QUIÈN CREE QUE ATACANDO Y CRITICANDO DE MANERA SUPERFICIAL SE HARÁ DE UN NOMBRE DENTRO DEL MUNDO LITERARIO. VEAMOS: UN CASI PUBER DE APENAS 20 AÑOS,ESTUDIANTE EN FORMACIÓN, CRITICANDO DE MALA LECHE A UN ESCRITOR DE CASI EL DOBLE DE SU EDAD, CON UNA SÓLIDA REPUTACIÓN Y NUMEROSOS LIBROS PUBLICADOS... NO SE NECESITA MUCHO PARA SACAR CONCLUSIONES.