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El México imaginario a través de la pantalla grande

Por Linda Ruiz Ledesma
Diciembre del 2009

Una breve retrospectiva


Últimamente el cine mexicano presume de tener un despunte artístico importante, considerando el enorme bache artístico y creativo que presento por muchísimos años. La época de oro quedó sepultada atrás hace más de cincuenta años, y aunque algunas veces presenta tenues destellos de genialidad es muy recurrente que se vean opacados por la triste situación de la industria cinematográfica nacional; mientras día a día aparecen más jóvenes directores, la reducción del presupuesto destinado a este ámbito cada vez es mayor. Al fin y al cabo los grandes logros de Iñárritu, Del Toro y Arau han sido meritorios, si bien por sus sólidas carreras, también por los beneficios del reconocimiento y prestigio que han adquirido gracias a ellas en los últimos años. No es cuestionable, su trabajo les ha costado.

A pesar de esto resulta interesante volver la vista y revisar la trayectoria del cine nacional, ya que en algún momento México fue el país en Latinoamérica con mayor producción cinematográfica; las imágenes que producía este país eran vistas y en ocasiones admiradas por todo el mundo. Esto podría ser tomado a la ligera, pero por el contrario, el ubicar al cine como una de las más importantes herramientas de comunicación nos lleva a también pensarlo como una herramienta de estrategia política. Antes de la aparición de la televisión, el cine, gracias a su inigualable alcance visual, ya estaba consolidado como uno de los medios de comunicación masiva más importantes.

En el periodo de la revolución rusa surge un cineasta que cambiaría por mucho la manera de ver y hacer cine: Sergei Eisenstein. Muchas de sus películas resultan capitales a la hora de hacer un recuento de las grandes obras fílmicas de la historia del cine mundial, desde Stachka (La huelga, 1925), Bronenosets Potyomkin (El acorazado Potymkin, 1925), hasta ¡Que viva México! (1932). Eisenstein poseía una peculiar manera de contar sus historias, lograba captar los rasgos más apasionantes de cada uno de ellas y explotarlas con gran maestría de la mano de uno de los mejores fotógrafos del cine, Eduard Tissé. No  en vano logro captar la atención bolchevique y ser reconocido por su trabajo como uno de los cineastas nacionalistas rusos más importantes de la época, logrando crear toda una escuela, aunque este mismo reconocimiento lo llevo más tarde a truncar su carrera, convirtiéndose en un artista lisiado mas por la dictadura de Stalin.

El paso de Eisenstein por México dejó una huella profunda que se vio reflejada claramente en los posteriores trabajos de Emilio Fernández principalmente. Eisenstein llegó a México para filmar un ambicioso proyecto en el que buscaba retratar todo el exotismo mexicano, mismo que comenzaba a ser exportado como parte de las políticas culturales que eran desarrolladas en el país a raíz de la revolución mexicana; se había conformado un nuevo estado nación que necesitaba urgentemente una correcta imagen identitaria, que englobará los mejores aspectos de la victoriosa nación entera, aunque en la realidad lo que había era una nación heterogénea y en condiciones sociales bastante ásperas y discordantes, sin embargo el nuevo gobierno luchaba por mantener la calma y construir un nuevo México con las ruinas de más de cuatrocientos años de opresión por cimientos.

Lo que vio Eisenstein de México a su llegada, fue precisamente eso que él quería narrar ya que su mirada extranjera fue la que lo hizo ver ese México, la cotidianidad de un país se vio exotizada y reflejada en la pantalla, con las debidas ediciones, con las correctas tomas de la cámara, con el guión adecuado, mismo que se vio sujeto a los cambios necesarios, ya que el gobierno mexicano, al reparar en la visita del cineasta, se vio en la necesidad de contratar espías y gente de confianza que estuviera constantemente rodeando a Eisenstein. La razón, la más obvia: el resguardar los intereses del gobierno mexicano sobre lo que sería la producción final de Eisenstein, una que reflejara exactamente lo que el gobierno deseaba que se diera a conocer de México.

Ver ¡Que viva México! es ver una excelente producción, una bellísima película sobre un país llamado México, en el que convergen orgullosamente una gran diversidad cultural propia, compleja y entrelazada unos con otros a sus costumbres, festividades y realidades sociales que no distan mucho unas de otras, pero siempre enalteciendo ese orgullo de ser parte de un mismo suelo patrio. Esto es lo que podemos ver a través de los cuatro capítulos que conforman este film, en el que nos muestran un bellísimo México imaginario, en una historia contada a través del filtro discursivo de Eisenstein, el apasionante y utópico nacionalismo ruso.

Al final, la ambición artística de Eisenstein se vio contra la pared, ya que al sobrepasarse del presupuesto económico, tuvo que abandonar México con cientos de rushes sin editar bajo el brazo. La película nunca fue terminada por Eisenstein. A su muerte, en 1979, los sobrevivientes del equipo de producción que trabajó con él en México se encargaron de rescatar y editar los rushes de ¡Que viva México! lo más apegado posible al guión  original de Eisenstein, logrando como resultado la película que hoy podemos apreciar.
Si bien, la cinta fue vista en México hasta 1979 (y por lo que se podría pensar que no fue influyente en el trabajo de Emilio Fernández), en el momento de ser filmada en 1932, uno de los asistentes de fotografía de Eduard Tissé fue nada más y nada menos que un joven Gabriel Figueroa, que en aquel momento se encontraba haciendo su primer trabajo cinematográfico, mismo que marcó profundamente su carrera entera.

Es aquí donde resulta ya evidente la influencia de Eisenstein en gente como Emilio Fernández indiscutiblemente, y en otros directores como Fernando de Fuentes, Julio Bracho, Ismael Rodríguez y Juan Orol. Gabriel Figueroa trabajó con todos estos directores, si bien con algunos en contadas ocasiones bastó sólo eso para dejar su sello personal e influencia fotográfica en el trabajo de cada uno de ellos.

Los años siguientes a la época de oro, el final de la década de los 50’s y los 60’s, se caracterizaron por repetir la fórmula mágica hasta su inminente desgaste y declive. El cine en México pasó de retratar los  diversos estereotipos nacionales a estelarizar tragicomedias moralizantes y dramas que dejaban entrever un ligero coqueteo con la apertura sexual generacional de la época, para más tarde caer, en los 70’s, en esa especie de género kitsch en el que se convirtió el desangelado cine de ficheras.

Muy a pesar de la trágica trayectoria del cine mexicano y las implicaciones políticas en las que se vio envuelto, es necesario reconocer la gran contribución cinematográfica de Eisenstein en México, contribución de la que el mismo director no fue consciente: la particular forma de representar fílmicamente un ideal nacional que buscaba convencer incluso a los mismos mexicanos de que ese era verdaderamente su país, el imaginario representado en la pantalla luchando por mantenerse aun en contra de la realidad de miles de mexicanos que buscaban el cómodo refugio entre las butacas de una sala oscura, el escape de la aplastante lucha cotidiana por sobrevivir en un país que prometía (y aun promete) mucho, pero en la realidad la película era otra, un México de los olvidados.

Basta con encender la televisión y ver el cine mexicano del siglo pasado para darse cuenta de eso, entre otras cosas.

 

 


 

Linda Ruiz Ledesma, nació en Coatzacoalcos, Veracruz, actualmente reside en la ciudad de Xalapa, Ver, donde estudió el 7mo. semestre de la carrera de antropología histórica en la Universidad Veracruzana. Mi línea de trabajo es la identidad y la tradición, bajo la cual desarrolló mi investigación sobre el cine mexicano y sus politicas culturales en torno a la identidad y el nacionalismo.

 

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Comentarios (1)
Nacionalismos encontrados
1 Miércoles 02 de Diciembre de 2009 13:43
RamsésLV
Un país en auge nacionalista y revolucionario visto por un cineasta proveniente de una dictadura nacionalista y revolucionaria, también en auge. Interesante artículo el vuestro. Me ha despertado el deseo de ver la película de Eisenstein.

Posdata. El cine mexicano actual, salvo escasas excepciones, me parece deplorable. Así lleva ya un buen rato.
 

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